Saqueos, manifestaciones, protestas y amenazas. El escenario parece argentino,
pero no lo es. O al menos no exclusivamente. Desde principios de este año, el planeta se estremece
al ritmo del aumento sin precedentes de los precios de las materias primas que conforman el grueso
de la alimentación mundial. Los granos, los lácteos y la carne no paran de subir en los mercados
internacionales, lo que ya provocó importantes disturbios sociales en países como México y Egipto y
disparó la alarma entre los líderes de las principales potencias mundiales.
En Roma, donde el grueso de los presidentes del mundo participó hace unas
semanas de la cumbre alimentaria organizada por Naciones Unidas, muchos alzaron la voz para pedir
mayor producción de alimentos.
Y mientras los organismos internacionales señalaban con el dedo a los países que
restringen exportaciones (como la Argentina), otros —liderados por el brasileño Lula da
Silva— acusaban al proteccionismo comercial de las naciones centrales como la principal razón
de la actual escasez alimentaria.
Los precios de los commodities alcanzaron niveles nunca vistos en los últimos 30
años. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la
Alimentación (FAO), entre marzo de 2007 y el mismo mes de este año, el precio de los aceites subió
un 106 por ciento, el de los cereales un 88 por ciento, el de la leche un 48 por ciento, el del
azúcar un 26 por ciento y el de la carne un 10 por ciento. La situación llevó, por ejemplo, a que
Brasil suspendiera las exportaciones de arroz provenientes de los stocks públicos en un esfuerzo
por defender el mercado interno, ya que ese alimento básico se encareció en un 68 por ciento desde
enero hasta ahora. "Desde el punto de vista de la oferta alimentaria la situación es crítica, sobre
todo en cultivos como el maíz y el trigo. Los stocks son los más bajos de las últimas cuatro
décadas", describió Fernando Botta, de la consultora agropecuaria Agrobrokers.
La gravedad de la situación es tal que el propio Secretario General de la
Naciones Unidas, el coreano Ban Ki-moon, advirtió que la crisis alimentaria mundial amenaza con
"desatar tensiones sociales en una escala sin precedentes".
Más allá de los argumentos políticos esgrimidos, para los analistas como Botta
las razones del faltante de alimentos tienen varias explicaciones. "Hubo problemas climáticos en
algunos grandes productores de trigo, como Australia; y una parte del maíz que produce Estados
Unidos fue a parar a la elaboración de biocombustible, cuyo consumo subió", dijo.
Por otra parte, señaló que "no hay que olvidar que desde 2001 hasta hoy el ritmo
de crecimiento de la economía mundial aumentó, lo cual también influyó sobre el consumo de materias
primas.
Y esto sin hablar de los factores demográficos, porque si bien los stocks de
granos en valores absolutos son mucho mayores que los de 1973 —fecha de la última gran
crisis—, la población también se incrementó de manera considerable".
Sin duda, algunas causas estructurales no ayudan a enfriar un escenario
enrarecido.
Demografía
Al crecimiento de las poblaciones de las nuevas potencias emergentes como China
e India, que al mejorar su nivel de vida cambiaron sus hábitos alimentarios, hay que agregarle la
estampida de los valores del petróleo, lo cual contribuyó a la disparada en los costos de los
fletes marítimos.
En Roma, durante la cumbre, volaron las acusaciones cruzadas entre los líderes
de las naciones centrales y los presidentes de las emergentes. Mientras Lula pedía la anulación
total y absoluta de los subsidios a la producción agrícola (práctica habitual y defendida por
Europa y por Estados Unidos), los voceros del Fondo Monetario Internacional clamaban por el cese de
los controles a la exportación que aplican Argentina y China, entre muchos otros.
Otros importantes agroproductores como Egipto y la India decidieron este año
suspender hasta octubre sus exportaciones de arroz.
Tensiones
Otra estrategia implementada por los gobiernos para hacerle frente a la crisis
fue otorgar subsidios a las importaciones de alimentos, como lo está haciendo Brasil para
reemplazar el trigo que Argentina dejó de venderle.
Aún en medio de la tormenta de precios, Botta prefirió colocar un gran signo de
interrogación sobre el futuro a mediano plazo de los precios internacionales de los
commodities.
Entre sus argumentos, el corredor y consultor explicó que por ejemplo la oferta
de trigo seguramente mejorará al aumentar la producción, lo que le va a quitar presión a los
precios.
La burbuja
El especialista también apuntó que el alza de precios que provoca la suba de los
valores del petróleo va a generar en breve un enfriamiento general de la economía mundial —lo
que ya ocurre en varios países europeos, como España, y en Estados Unidos—, lo cual se
traducirá en una retracción de la demanda de materias primas.
"Otra variable que no puede sostenerse mucho tiempo más es el valor del dólar,
que con muchas probabilidades se va a revaluar", dijo el especialista.
Desde el más elemental sentido común, cualquier ciudadano argentino puede
preguntarse si el faltante de alimentos no podría ser una buena oportunidad para que los
productores argentinos coloquen a precios inmejorables su producción agropecuaria en el mercado del
exterior.
"Más que económico, el dilema que está atravesando Argentina, que no vende
cuando el mundo más lo necesita, es un problema filosófico. Estamos perdiendo una gran oportunidad,
no sólo en el ahora sino también a futuro. Cuando un vendedor deja de ser confiable, los
compradores empiezan a negociarle el precio. Eso es lo que nos va a pasar. Argentina siempre vende
más barato, porque hace rato que no somos oferentes leales ni confiables para el mundo", sentenció
el analista de Agrobrokers.
"Tenemos más de la mitad del mercado de harina, y justo ahora le dejamos de vender al mundo.
Esto no nos va a salir gratis", agregó.