Cultura y Libros

Viaje melancólico a través de la isla que una vez soñó con cambiar el mundo

En Ya tú sabes, recientemente publicado por Debate, la periodista Gabriela Esquivada narra con agudeza la Cuba contemporánea. Una nueva prueba del valor de la crónica.

Domingo 02 de Septiembre de 2018

Cuba fue un sueño. La pequeña isla caribeña que alumbró la primera revolución comunista en América se erigió, durante largos años, como faro de aquellos que pugnaban por cambiar la sociedad desde sus mismas raíces. Y además de un sueño, Cuba fue una leyenda. A partir de la mítica imagen de los barbudos de Sierra Maestra ―Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y sobre todo el rosarino Ernesto Guevara― miles y miles de jóvenes en todo el sur del continente decidieron seguir el camino de la lucha armada y el foquismo, con los trágicos resultados que la historia revela. Cuba fue un sueño y una leyenda, pero el sueño terminó aunque la leyenda perdure.


Gabriela Esquivada (1967) es una reconocida periodista argentina, valorada también por su calidad como editora de textos de no ficción. En este caso, debió editarse a sí misma. La autora de Noticias de los montoneros. La historia del diario que no pudo anunciar la revolución (Sudamericana, 2009) se dedicó a explorar Cuba de punta a punta, y contemplarla con el rigor de una avezada cronista. El fruto de sus andanzas es Ya tú sabes, que puede leerse como un apasionante libro de viajes aunque en realidad sea una embozada reflexión sobre el destino de las luchas sociales en el siglo veinte.

Amargo e incluso cruel, el trabajo de Esquivada golpeará a muchos por debajo del cinturón. Cuba, claro, ya no es lo que fue y no volverá a serlo, aunque Silvio Rodríguez continúe cantando. El súbito desmoronamiento de la Unión Soviética la hundió en una soledad insostenible, presa de recursos económicos limitadísimos. El socialismo elaborado por Karl Marx no estaba pensado, claro, para distribuir pobreza sino abundancia: el hombre que está enterrado en el londinense cementerio de Highgate nunca imaginó que muchas de sus ideas se trasladarían a la práctica en una tórrida isla caribeña, famosa por sus playas. En Cuba, abandonada a su suerte tras la implosión de la URSS y privada del contacto con el mundo por el siniestro embargo estadounidense, se vivió una auténtica pesadilla. Después, llegaron los cambios, sobre todo tras la muerte del líder máximo. Y de a poco, continúan llegando.

Esquivada camina, pregunta, conversa. La sociedad que describe parece ser, a veces, una extraña reliquia de los tiempos de la Guerra Fría. Sin embargo, el capitalismo ya entró en acción. Los pequeños emprendedores florecen, los turistas ―decisiva fuente de ingresos― pululan por las calles de La Habana y se sientan a almorzar en coquetos restaurantes donde disfrutan de menúes del Primer Mundo. Muchos adquieren propiedades, se instalan bajo el quemante sol y junto al mar verdiazul a pasar el resto de su vida. El pueblo cubano jamás perdió la alegría. Y muchos valoran lo que la Revolución les ha dado: salud, educación. Pero el futuro, sin dudas, no tiene barba.

Esquivada cuenta detalles desopilantes. La nostalgia por los juguetes y los dibujos animados de origen ruso, las migraciones masivas en busca del supuesto paraíso de Miami, los múltiples intentos de asesinato contra Fidel por parte de la CIA provocan en el lector una sensación contradictoria. El tiempo de las utopías colectivas, fusil en mano, está atrás, en el remoto pasado. El libro, ajeno a la épica revolucionaria, narra las vidas de la gente, esa que siempre estuvo allí y que sin dudas seguirá surfeando las mareas de la historia para vivir su vida, esa vida hecha de pequeñas cosas, de pequeñas anécdotas, de pequeñas necesidades, de pequeños deseos.

La Revolución, por ahora, duerme. Quién sabe hasta cuándo.


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