Cultura y Libros

Una guerra nada lejana

En "La neutralidad imposible", un joven investigador francés que reside en la Argentina evoca la oscura memoria de uno de las conflagraciones más sangrientas de la historia, además de recordar la notable incidencia que tuvo en la vida de nuestro país.

Sábado 27 de Octubre de 2018

¿Dónde ha quedado resguardada la memoria de la Gran Guerra? ¿Qué recuerdos perduran hoy de ella, en esta orilla del mundo, a cien años de haber concluido? ¿Dónde están las marcas, las huellas de su paso, las historias trágicas o luminosas que ella produjo? Grégoire Champenois, joven investigador francés residente en nuestro país, se ha propuesto responder a algunas de estas preguntas tratando de reconstruir el mapa social, cultural y político de aquella Argentina de principios del siglo XX que no fue indiferente, a lo largo de los cuatro años que duró la conflagración en territorio europeo, a lo que acontecía en las ciudades, aldeas y trincheras del Viejo Continente.


La neutralidad imposible: historias argentinas de la Primera Guerra Mundial es un proyecto de reconstrucción historiográfica que a través de la exhumación de fotografías y documentos acuñados en archivos privados y públicos, en hemerotecas y bibliotecas de asociaciones de residentes extranjeros, logra reconstruir un panorama más que interesante de aquellos años intensos. Pocos recuerdan, por ejemplo, que fueron cuarenta y cinco mil los voluntarios que partieron desde el puerto de Buenos Aires para participar de aquella guerra, alistándose en los diferentes ejércitos repartidos por la geografía europea. En su mayoría esos voluntarios eran inmigrantes, hijos de ellos o argentinos sin filiación alguna con Europa. Como también son muy pocos los que hoy recuerdan las multitudinarias concentraciones públicas que ocuparon plazas, avenidas y teatros de diferentes ciudades del país en las que se reclamaba el cese de nuestra neutralidad, decisión que ni siquiera se puso en duda cuando se tuvo noticia del fusilamiento, por parte de las tropas alemanas, de Remy Himmer, vicecónsul argentino en Bélgica. "Por aquellos años la sociedad se polarizó por completo entre neutralistas y rupturistas, involucrando a todas las capas sociales, a mujeres y hombres, a estudiantes y trabajadores. Las manifestaciones llegaron a superar las cincuenta mil personas y en ocasiones hubo incidentes con armas de fuego o peleas callejeras", recuerda Champenois.

La Primera Guerra Mundial se libró en los campos de batalla europeos pero también en la prensa gráfica argentina, en los debates parlamentarios, en las asociaciones y clubes creados por residentes extranjeros que en aquellos años organizaban campañas de solidaridad financiera para ayudar a paliar las consecuencias del desastre humanitario que iba dejando tras su paso el conflicto bélico. Tampoco la guerra les fue indiferente a las élites económicas del río de la Plata que, cultoras de una gran afinidad con la cultura inglesa y francesa, giraron importantes sumas de dinero para ayudar a construir y solventar proyectos fundamentales como los hospitales de guerra, que en muchos casos contaban con médicos generalistas y cirujanos de la Universidad de Buenos Aires (un tercio de sus egresados brindó algún servicio en esos centros de salud).

La Gran Guerra dejó también su marca en nuestro patrimonio inmaterial como es el caso de algunas letras de tango que, haciendo un alto en su evocación nostálgica del barrio o los amores no correspondidos, dieron cobijo a historias desgarradoras sobre el conflicto armado como las que evocan Silencio, de Gardel y Le Pera, o El Marne, de Arolas, temas que eran cantados y tocados, tanto en Buenos Aires como en las capitales europeas, en los años inmediatos al cese de fuego definitivo. El libro registra esas marcas o huellas memoriales junto al amplio repertorio de placas y monumentos en recuerdo de los caídos que perduran, invisibilizados, en las paredes, halls y patios de tantas instituciones públicas argentinas, así como en parques y plazas diseminadas a lo ancho y largo de nuestro país.

La memoria de la Gran Guerra que se devoró a millones de personas es, como todas las memorias, lábil, frágil, evanescente. El libro de Champenois busca, a cien años del fin de aquellas batallas febriles, lograr arrebatarle al poderoso olvido la posibilidad de un recuerdo gracias a un trabajo investigativo que logra mostrar cómo la guerra, la Gran Guerra, también se libró, sin olor a pólvora y sangre, pero con mucho dolor y dramatismo, en estas lejanas orillas del sur americano.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});