Cultura y Libros

Otra obra para el recuerdo de Gay Talese, auténtico poeta de los datos

En El puente, el notable cronista estadounidense se mete en la piel de los operarios que construyeron una obra imponente. El resultado es un libro que atrapa y conmueve.

Domingo 29 de Julio de 2018

Se viene, se viene. ¿Quién se viene? La crónica. Cada vez se publican más libros, cada vez son más los lectores que descubren su atractivo, cada vez hay más periodistas que se vuelcan a escribirlas.

Al compás de esa saludable moda. Alfaguara acaba de lanzar al mercado una hermosa edición de una obra que servirá de ejemplo a quienes intenten escribir crónica, y atrapará a quienes solo busquen un buen libro que los acompañe. Se trata de El puente, obra de uno de los indiscutibles maestros de este peculiar género, fronterizo entre el periodismo y la literatura: el estadounidense Gay Talese.

Talese, nacido en una familia de hondas raíces italianas en Ocean City (Nueva Jersey) en el remoto año 1932, fue periodista en The New York Times entre 1956 y 1965 y desde allí se lanzó al mundo de las revistas, prestigioso y altamente redituable en el país del Norte. Entre otras, sus textos aparecieron en The New Yorker, Time, Harper's Magazine y Esquire. Fue esta última, justamente, la que en su momento señaló que su artículo Frank Sinatra está resfriado (incluido en Retratos y encuentros, también publicado por Alfaguara) es el mejor que haya aparecido en sus páginas.

Talese es, antes que nada, un gran investigador. Sabe meterse en la piel de aquellos a quienes observa. Y cuenta maravillosamente bien. A diferencia de otro gran cronista, Truman Capote, lo suyo no pasa por la exquisitez de la prosa. Para él, el lenguaje es puro instrumento. Los resultados de la fórmula son notables. Si se quiere, este fino periodista que se ha convertido en genial relator de historias podría ser calificado como un auténtico poeta de los datos.

En el libro que se está comentando, el hecho que llamó su atención y al cual se volcó en cuerpo y alma fue la construcción del puente Verrazano-Narrows, que une Brooklyn y Staten Island (siempre en su amada Nueva York) y que aún hoy sigue siendo considerado un prodigio de la ingeniería. Con sus 4.176 metros de longitud (para que el lector local se haga una idea de su magnitud, lo puede comparar con los 4.098 que mide Rosario-Victoria), es el puente colgante más largo de EEUU y el sexto de esa clase en el mundo.

Claro que a Talese, si bien le interesa ―y no poco― la cuestión técnica, lo que más lo desvela son los hombres, esos que dejaron como huella de su paso una obra megalítica y después se desvanecieron en el olvido.

¿Olvido? Nada de eso. Esta obra magnífica, que narra la epopeya a partir de los detalles cotidianos, se planta y lo enfrenta. Y sale victoriosa.

Originalmente publicado en 1964, Talese revisó y prologó The Bridge para su reimpresión en 2004. El resultado late.

Escrupuloso cronista, Talese no olvida ni a los numerosos vecinos que se vieron desplazados de sus casas ―la construcción del puente borró barrios enteros― ni a aquellos que se día tras día lo arriesgaban todo, trabajando sin red en las grandes alturas.

El lector se sumerge, literalmente, en sus vidas. Bebe con ellos (y mucho) en los bares, viaja con ellos a toda velocidad por las autopistas en sus viajes nocturnos de regreso al hogar, ríe y se enfurece y hasta muere con ellos.

Tanta empatía no tiene que ver con el rigor informativo que despliega Talese, sino con su talento como narrador. A partir de sucesos reales, relata con la capacidad de un sólido, certero, avezado novelista.

Y al lector le queda sólo agradecer. Alguien le ha contado una buena historia.


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