Literatura infantil

"La literatura me importa un pepino"

Marcelo Ajubita es un músico de talento y también escribe maravillosos textos para los más pequeños. En este diálogo exhibe su habitual irreverencia.

Domingo 01 de Noviembre de 2020

Los que dicen que las segundas partes no son tan buenas es porque son medio vagonetas. Y porque todavía no leyeron Los raros II. Después de Los raros. Historias dadatrónicas de niños patafísicos (Libros Silvestres, 2017) la dupla que hicieron el músico y escritor Marcelo Ajubita y el dibujante Gonzalo Rimoldi (Rosario, 1981) está de vuelta con todo. A las historias tenebrosas del niño zombi, el niño ampolla o el niño espanto se suman en fila varios ejemplares más de aquella ciencia inexacta, dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y de las leyes que regulan las excepciones, es decir, la patafísica. Los raros volvieron recargados y remixados: la niña cara de torta, el niño pies de manzana, la niña paraguas o el niño langosta son los protagonistas de estos nuevos poemas de Ajubita. “Cada poema-historia lo he escrito de un tirón una vez que me aparece el personaje. Y muchas historias en su origen eran más bravas pero después sí hubo que cambiarles algunas cosas. De todos modos yo tengo las primeras guardadas. Algún día se sabrá la verdad”, sentencia Ajubita, misterioso. Sobre sus personajes, aclaró que “son sin tiempo, porque podrían vivir en cualquier época”, y luego deslizó: “Son excéntricos, raros, poco habituales en primer lugar, porque es lo que me gusta a mí, pero además me pareció bueno mostrar a través de la fantasía que podemos ser muy distintos, y sin embargo convivir y querernos igual los unos a los otros”.

Marcelo Ajubita nació en Venado Tuerto pero vive hace una pila de años, donde empezó su carrera artística. Es compositor, violinista de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario e integrante del Quinteto de Cuerdas Municipal, y a menudo, en sus obras, suele inspirarse con Dada, o el dadaísmo, al cual define como un movimiento iconoclasta que “duró poco como todo lo maravilloso, pero su onda expansiva todavía hace desastres, su burla estaba dirigida a todo incluido el arte, de allí mi fascinación”. Y sigue: “Dada se revela contra las convenciones de todo tipo. Defiende el caos y lo imperfecto, y niega la razón y el sentido o no también. Entonces digamos que escribo porque la literatura me importa un pepino. Dada es siempre vital”. Sin embargo, el autor de Los raros detalló que sus cuentos/poemas se acercan más al nonsense (sinsentido) de Lewis Carroll que al movimiento creado por Tristan Tzara. Ajubita también aprovechó para destacar que la diferencia en sus libros siempre la hace Chalo Rimoldi con las ilustraciones maravillosas que acompañan las historias que él inventa.

Sobre la presunta rivalidad entre la cultura libresca y las nuevas tecnologías, el músico y poeta fue contundente: “El libro compite a favor de sí mismo. No hay chance. El libro es casi un ser vivo. Ponerme a enumerar sus cualidades lo empobrecería. Un libro es tan irreemplazable como la expresión de un niño mirando los dibujos en sus hojas”.

En otro orden de cosas, es sabido que los libros se terminan de escribir en la cabeza del lector o la lectora, pero Ajubita tiene una anécdota impresionante: “Mi amiga y dueña de Libros Silvestres, Caro Musa, me contó que la mamá de un nene le envió una cantidad de nuevos personajes que ese niño inventó a partir de la lectura de Los raros. El nene se llama Fausto e inventó La cómoda historia de niño Almohada, La contagiosa historia de niño Virus, La dura historia de niño Pared, La «abriosa» historia de niña Puerta. Entonces, dos cosas. Una: perdí mi trabajo. Dos: ¿qué más puedo pedir? Ahí está la posta que se deja. Ahora me tengo que inventar otro formato, porque además estoy seguro de que lo hizo mucho mejor que yo”.

¿Qué leen los que escriben?

Marcelo Ajubita reconoció que al mundo de la literatura entró por Artaud, pero no exactamente por el poeta francés, sino por el disco de Luis Alberto Spinetta. “Ese disco me pareció tan maravilloso, ¡y no sabía quién era Artaud! Entonces me compré el primer libro que leí por mí mismo: Para terminar con el juicio de Dios, y después vino Iluminaciones de Rimbaud y ya no pude dejar de leer”. Luego llegarían Alfred Jarry, Lautreámont, Ezra Pound, Samuel Beckett, William Carlos Williams, Gary Snyder, Juan L. Ortiz, Jorge Baron Biza, William Burroughs, Raymond Roussel y un largo etcétera. Ahora, como gran lector y autor de libros para niños y niñas, el músico y poeta también lee muchísima literatura infantil: “¡Hay libros de los que tengo 37 ediciones distintas! Por ejemplo, Alicia en el País de las Maravillas”. Lo cierto es que tiene cierta preferencia por los más antiguos, como los cuentos de Perrault o Hans Christian Andersen. También lo atraen los cuentos populares folklóricos rusos y escoceses, las antiguas baladas y “por supuesto -dice el venadense- nuestra maestra eterna, María Elena Walsh, a quien amo”. No obstante, Ajubita tiene sus reparos con los libros “que son demasiado «infantiles», poco imaginativos, o que son correctos desde las conductas de los personajes”. Y aclara: “Me gustan más los libros donde los buenos no son tan buenos y los malos no tan malos si los hay, pero sí me gustan que tengan características exageradas”.

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