Cultura y Libros

El amor de Cohen

Domingo 22 de Octubre de 2017

UNO

¿Quién no ha vivido o soñado, al menos, un gran amor en su vida? Arrojo esta pregunta al aire mientras me la hago a mí mismo. Entrecerrando los ojos y dejando que los viejos perfumes aromen nuevamente, es posible recrear esos tiempos en los que un cruce de miradas, un roce de manos o la pasión en el fervor de los cuerpos hicieran que el amor invadiese el aire construyendo una patria propia, la patria de la belleza. Y habrán de pasar los años y habrá de llegar el final y, vaya uno a saber, es posible que en los últimos momentos de vida ese aroma vuelva por última vez a nosotros para hacerse aire en el aire definitivamente.

DOS

Leonard Cohen fue un maravilloso escritor y cantante canadiense que cautivó con su potencia literaria, con su precisa técnica y con su voz delicada y profundamente grave. Nació en Montreal en 1934, abrazó a Lorca y aprendió los secretos de la guitarra clásica. A los veinte años comenzó a publicar en revistas y a los veintidós dio a luz su primer libro de poemas. Y fue inacabable. Y me pregunto si vale la pena hacer un listado de los logros de Cohen. Si tiene algún sentido y si podría guardar alguna relación respecto del amor, de su amor, que es el eje de estas palabras reunidas. Y sigo preguntándome, ya sin centrarme en Cohen, si el amor no es una construcción que está por encima de toda construcción. Me pregunto si el amor no es una ciudad, un país, un continente y descubro que esa es exactamente la palabra adecuada. El amor es continente. La patria propia.

TRES

En la década del 60 compró una casa en Hidra, una isla griega, dando lugar a una primaria idea de aislamiento por la que habría de atravesar, en más de una oportunidad, a lo largo de su vida, llevando adelante ese concepto de soledad. Y no se hace difícil imaginar a Cohen caminando por esas calles empedradas, echando sombra sobre las paredes blancas de esas casas blancas, imaginarlo más precisamente en su casa blanca y con su guitarra española a un costado y, tal vez, escribiendo, sin saberlo y para siempre, So Long, Marianne.

CUATRO

Marianne Ihlen nació en el 35 y tal vez vino al mundo siguiendo a Cohen, que había nacido un año antes, desde el tiempo de los tiempos. Tú llegas yo llego y cuando parta vendrás detrás de mí, haciendo del viaje la estadía de ambos, podría haber dicho, en la voz de Marianne, algún Dios inventado por ellos mismos. Y, si consideramos este juego de dados arrojados con certeza, claramente, no hubo de ser casualidad que Marianne Ihlen haya llegado hasta Hidra con su pareja, el escritor Axel Jensen, y el hijo de ambos. Y tal vez no haya sido casualidad que haya estado deambulando sola, por esas calles de piedra, cuando Cohen la encontró llorando tras un distanciamiento con Jensen. Y tal vez no haya sido casual que la haya invitado a reunirse con los amigos de él y que ella haya aceptado. Y tal vez los dados cayeron donde debían caer. Tal vez el amor no es producto del azar de los encuentros, sino que los encuentros se producen a través de los caminos que el amor va trazando.

CINCO

Noruega y tan inmensamente bella como uno pueda imaginar. Leonard Cohen amó a Marianne Ihlen y le escribió y le cantó y vivió junto a ella y su hijo, a lo largo de siete años, entre Montreal, Nueva York y Hidra. So Long, Marianne. Nos conocimos cuando éramos casi jóvenes. En lo profundo del parque verde lila. Te aferraste a mí como si yo fuera un crucifijo mientras caminábamos arrodillados a través de la oscuridad.

SEIS

¿Qué es del amor cuando el amor se va? ¿Qué es de esa siembra majestuosa que todo lo cobija? ¿Qué del perfume que aroma todos los rincones? ¿Qué del tiempo que fuera luz, belleza, albor permanente y tibieza imbatible? ¿Qué del gesto de libertad suprema en el abrazo eterno? ¿Queda el amor en nosotros, subyacente, sin que podamos percibirlo, siendo humus de nuestros futuros? ¿Queda el amor en nosotros como una bellísima marca inalterable, como una de las ciudades fundamentales de nuestro propio mapa, como la memoria de aquella vieja casa en la que la felicidad nos cobijara? ¿La patria propia?

SIETE

Y pasaron más de 40 años. Y desde Cohen llegó Suzanne, ese tema increíble pero que es parte de otra historia, y llegaron los discos y los reconocimientos. Llegó un rápido huracán llamado Janis Joplin en una de las habitaciones del mítico Chelsea Hotel. Llegó Dance to the End of Love, los libros de poemas y la reclusión monástica en 1994, a lo largo de cinco años, en el Mount Baldy Zen Center, siendo, dos años después, ordenado monje budista de la escuela Rinzai con el nombre de Jikan, que significa ¨silencio¨. Y llegaron otras mujeres a la vida de Cohen y, a través de Suzanne Elrod (que no es la Suzanne de la famosa canción mencionada) llegaron los hijos: Adam y Lorca. Y en el 2011 llegó el prestigioso premio Príncipe de Asturias, para poner en valor la trayectoria poética de Cohen. Y todo, sin Marianne Ihlen, que ya era parte de su profunda memoria. De la profunda memoria de Leonard Cohen.

OCHO

Y pasaron más de 40 años. Y desde Marianne Ihlen hubo otro largo camino. Sobre la década del 70 contrajo matrimonio con Jan Stang, junto a quien viviría hasta el final de su vida. Se dedicó a la pintura y tuvo inclinación por el budismo tibetano. Y todo, sin Leonard Cohen, que ya era parte de su profunda memoria. De la profunda memoria de Marianne Ihlen.

NUEVE

Este es el mundo de los amantes, este es el pequeño universo que comparten los amantes y esta es la manta que cobija a los amantes. Bajo este cielo respiran los amantes y no hay separación posible que impida que una respiración se entremezcle con la otra respiración. Los amantes respiran y se respiran, bajo este cielo, y quienes han amado saben de estas cosas. En algún lugar de este mundo hay una respiración que es la propia respiración cuando es el corazón el que bombea el dulce hálito. Y así habrá sido el mundo, en los años posteriores a la separación de Leonard Cohen y Marianne Ihlen.

DIEZ

Fue el realizador noruego Jan Christian Mollestad, promediando 2016, quien informó a Leonard Cohen acerca del estado de salud de Marianne Ihlen, de 81 años. Y Cohen le envió una carta. "Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Estoy tan cerca de ti que si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Amor sin fin, nos vemos en el camino".

ONCE

Jan Christian Mollestad informó a Cohen sobre la muerte de Ihlen. "Estimado Leonard: Marianne cayó en un sueño muy lentamente que la sacó de esta vida ayer por la noche. En total tranquilidad, rodeada por amigos cercanos. Tu carta llegó cuando todavía podía hablar y reír con completa conciencia. Cuando la leímos en voz alta, sonrió de la manera como sólo Marianne puede hacerlo. Elevó su mano, cuando mencionaste que estabas justo detrás de ella, tan cerca como para alcanzarla. Le causó una tranquilidad profunda saber que conocías su estado. Y tu bendición para su viaje le dio una fortaleza extra. Hemos visto lo que este mensaje significó para ella, te agradecemos de manera profunda por responder tan rápidamente y con tanto amor y compasión.

Durante su última hora, tomé su mano y tarareé Bird on a Wire, mientras ella respiraba tan ligeramente. Y cuando abandonamos la habitación, después de que su alma hubiese volado por la ventana en busca de nuevas aventuras, besamos su rostro y susurramos tus eternas palabras So Long, Marianne".

DOCE

Marianne Ihlen murió el 28 de julio de 2016 y Leonard Cohen a los pocos meses, el 7 de noviembre del año pasado.

Patricio Raffo


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