Hay personas que hacen de su vida una extención en el prójimo, trascienden, dejan huellas. Así fue Betty Grajal, quien trabajó durante muchos años al servicio de la salud, en el área administrativa del Hospital Carrasco. Nosotras, sus amigas, fuimos testigo de su labor constante, de su esfuerzo diario a pesar de su disfunción motriz. Optimista ante la vida, sin mezquindad,siempre impecable y dispuesta y con esa cuota de buen humor aun ante las situaciones difíciles que vivió. Nos costó asimilar su partida tan prematura, nos cuesta no verte más por barrio Echesortu, donde muchas veces nos regalaste tu sonrisa. Hoy nuestro homenaje será transitar tu ejemplo.



























