En este presente que vivimos, las actitudes de numerosos ciudadanos argentinos están emparentadas con la soberbia o arrogancia por el solo hecho de creerse superiores al resto de la sociedad. La humildad ha quedado en el olvido, se han esfumado increíblemente valores que antes eran prioridades en toda relación humana. Hoy prevalece la idea de seres invulnerables, imbatibles, incorregibles, sabios en toda circunstancia de la vida. Es difícil advertir a alguien que relegue, aunque sea por un instante, lo propio y escuche lo ajeno. Hoy predomina aquello de "soy el mejor". Las consecuencias por lo señalado han sido lapidarias para la sociedad, que en su mayoría ha adaptado esta forma de vida errónea. Se perdió la valoración por el desempeño del semejante, hay una cultura de la competencia sin respeto, y en esto la televisión tiene mucho que ver. La autoestima o la valoración propia es importante, pero la contracara de ello es considerarnos inigualables. Habrá que hacer una reflexión, un análisis en lo personal para saber ciertamente que algo no funciona óptimamente.





























