Soy fiel cliente del supermercado La Reina desde hace veinte años. Hace unos días, luego de efectuar compras y pagos en el centro habilitado a esos efectos, voy en busca de mi automóvil estacionado en la playa de ese comercio y encuentro al mismo violentado, su vidrio estallado y sustraídas mis pertenencias, que por cierto no se encontraban a la vista. Requerido a efectos de constatar el daño el dueño del local, Carlos Solan, refiere que el comercio no se hace responsable de lo que ocurre dentro del estacionamiento, prodigando inmerecido maltrato y desatención, al igual que su homónimo hijo. Señores clientes: ese estacionamiento (como el de todos los súper) es un predio privado creado como técnica de marketing para atraer consumidores y efectivamente cumple esa función. Es por eso que (basado en el principio de buena fe existente en la relación comerciante-consumidor) aunque ese servicio adicional sea gratuito la institución tiene un deber de custodia y seguridad con los bienes de sus clientes, apoyado ello también por la lealtad comercial. Recuerdo cuando en época de saqueos La Reina aparecía vallada y con gente armada para evitar que personas (hambrientas o no) tuvieran acceso al local. Veo hoy cómo la guardia existente en su interior está para cuidar a La Reina de los clientes (mecheras o consumición dentro del local, más centro de pagos) y no así a los clientes que le dan de vivir durante tantos años y le depositan su confianza. Tengo conocimiento de que mi caso no es el único. Paradójicamente, días después es violentado y robado el auto de uno de los custodias en horas de la mañana. Por lo reflejado me pregunto: ¿no tiene el mismo valor el dinero que se pierde por un yogur sustraído, al de los clientes que se ven afectados en el predio ofrecido? ¿Cuál de estas adjetivaciones cabría a lo descripto?: 1) zona liberada o complicidad; 2) desmesurado afán recaudatorio y desidia. Por todo esto "La Reina no valora ni cuida a sus clientes".



























