Hace varios meses que la Franja de Gaza ha sido secuestrada por el grupo islámico fundamentalista Hamas. Este grupo ha declarado públicamente y en reiteradas veces que desea la aniquilación del Estado de Israel. Este grupo fanático terrorista es una dictadura en Gaza, no tiene legitimidad internacional y es sostenido por Irán (cuyo presidente también llamó a la destrucción de Israel). Como se sabe, Hamas no cree en los derechos humanos ni en la paz. Por eso se ha empeñado en boicotear las conversaciones de paz de Annapolis entre Israel y los palestinos moderados de Cisjordania. Hamas juega a la política internacional con vidas humanas: para tomar el poder en Gaza ha asesinado a cientos de sus hermanos y ha amordazado a la prensa. Importa al caso decir que desde hace meses Hamas ha permitido el continuo bombardeo de la aldea israelí de Sderot. Aparte de los muertos y lisiados, que por ser judíos a Hamas no interesan, Sderot no contó con vida normal alguna por todo este largo tiempo. Israel optó por no devolver los misiles de los fundamentalistas, lo cual hubiera causado muchas víctimas. Conforme al derecho internacional, Israel no puede ser obligado a prestar ayuda a quien quiere destruirlo. Los fondos de ayuda humanitaria enviados por Europa, que servían para comprar misiles y asesinar judíos en Sderot, a partir de esto deberán ser invertidos en tecnología para purificar el agua y para producir energía eléctrica. Carlos Solero, en su carta, no dice que los cortes que Israel realizaría son parciales. En vez de devolver misil por misil, Israel cortaría los suministros una cantidad de tiempo determinada por cada misil que caiga en la zona de Sderot. Claramente los cortes no pondrían en riesgo la vida humana, mientras que los misiles buscando matar judíos obviamente sí lo hacen. Los misiles del odio y los atentados fanáticos que dejan muertos en Israel son la causa del silencio que aturde a Solero, quien parece culpar a Israel ante el fanatismo encarnizado de Hamas.





























