Aquel 13 de marzo de 2013 el cardenal francés Jean-Louis Tauram, tras aparecer la fumata blanca, nombraba al Papa número 226, Jorge Mario Bergoglio, quien luego manifestó su voluntad de ser conocido como Francisco. Muchos nos emocionamos. Sin dejar de reconocer todo lo hecho por el Santo Padre, sus últimas declaraciones al mundo han sido, cuanto menos, provocativas. Creo que el obispo de Roma debería tener claro cuál es su pensamiento sobre los acontecimientos que ocurren en el mundo. Guerra Rusia-Ucrania: “Quizás, de alguna manera, fue provocada o no evitada”. Lo dijo ante directores culturales europeos de la Compañía de Jesús. Efectivamente, fue una invasión planificada y provocada por el presidente vitalicio de Rusia, Vladimir Putin, que aún tiene la posibilidad de no seguir matando a los que son y no son cristianos. Menos aún entiendo cuando dijo, a pocas horas del aniversario del “11J”, estallido social que conmocionó a la dictadura cubana: “Quiero mucho al pueblo cubano, tiene una historia grande…”. “Le confieso, con Raúl Castro tengo una relación humana”. Con todo respeto, Papa Francisco, le ruego como católico, apostólico romano, y si le da el pelllejo, que se pare ante estos personajes y sugiérale que prueben gobernar por un rato en libertad y democracia. Inténtelo o el Papado quedará vacío.



























