Cartas de lectores

A 73 años del Ghetto de Varsovia

Los que matan son los asesinos. Al genocidio judío no lo produjo el pueblo alemán; lo produjeron los asesinos que había en Alemania.

Viernes 22 de Abril de 2016

Los que matan son los asesinos. Al genocidio judío no lo produjo el pueblo alemán; lo produjeron los asesinos que había en Alemania. Y lo que hay son ideologías asesinas, que a partir de la proclamación de alguna supuesta superioridad defienden el uso del terror como método político, justifican la violencia, incitan a la muerte y provocan los genocidios. No hay un genocidio judío o armenio o palestino o argentino o de los pueblos originarios de América. Cada uno de ellos es un genocidio a la Humanidad. Los genocidios, las masacres, las matanzas y los holocaustos son producto de los autoritarismos. El mejor antídoto que hay contra ellos es la democracia, una democracia profunda, amplia, de contenido popular y sentido emancipador. La memoria es una red que une, un tejido que sostiene y que nos conecta de una manera particular; con colores distintos, con emblemas diferentes, con sensaciones disímiles, pero que tienden a encontrarse mas allá de la diversidad. La memoria salva, rescata; nos hace seres humanos porque nos convoca y nos une para siempre; nos cambia la vida y nos saca de la indiferencia. La memoria bautiza de nuevo a los sufridos, a los fusilados, a los gaseados. La memoria nos hace seres humanos porque nos convoca y nos une a los mutilados, los incinerados, los perseguidos, los torturados, los humillados. La memoria sosiega las conciencias, inflama los corazones, nombra a los muertos, protege a los débiles, cuida a los desvalidos, anima a los sobrevivientes. La memoria es mucho más fuerte que el miedo y que la muerte. Aquí estamos, juntos, conmovidos, en este recuerdo de comunión colectiva, unidos mas allá de las diferencias que tengamos. Nada más y nada menos que liberando a seres humanos, seres como nosotros, de la muerte que jamás pensaron morir, a la que nunca debieron partir y a la que fueron conducidos mas allá de su voluntad por la violencia. La memoria no es automática, no es un dato biológico. La memoria, como el olvido, se construye obstinadamente, consecuentemente, cotidianamente, humanamente. No nace espontáneamente, sino que se hace. Es una labor eminentemente humana. Construimos la memoria arduamente, laboriosamente, porque tener memoria implica cierta terquedad, requiere cierta insistencia, cierta testarudez, cierto arrojo, cierta incertidumbre que nos conmueve y nos agita. El Centro Cultural Israelita de Rosario reivindica como suyas las palabras de los héroes del Ghetto, héroes que eran chicas y muchachos de carne y hueso, jóvenes soñadores como cualquiera de nosotros, pero que vencieron sus limitaciones para transformarse en paradigmas de la liberación y la decencia. ¡Por nuestra y vuestra libertad! ¡Nunca más! no son sólo palabras: son un programa para la acción, una invitación, una proclama, un viento fresco y suave que renueva y estremece. ¡Mir zainen do! (en idish; en castellano “Aquí estamos”) dijeron los combatientes del Ghetto. Mir zainen do, debemos decir nosotros ante un presente que momentáneamente nos apabulla, pero que no es el final, sino sólo una escala en un nuestro camino hacia una sociedad justa, libre, digna, plena.

Leonardo Simich, presidente, y Haydeé Valeria Spatz, secretaria del Centro Cultural Israelita de Rosario

Defender al que mata

Respecto del robo a la granja donde el dueño mató a un delincuente, cuando está a la vista de todo el mundo la certeza de que un ladrón sale no sólo a delinquir sino directamente a matar, cuesta creer que la sociedad acepte que la ley, la Justicia o los defensores (incluidos los legisladores que están en “esa”) de los “derechos humanos” deslicen el concepto de “defensa legitima” o “exceso de defensa.” ¿Qué consideración de una u otra puede tener un ser humano en una situación limite? “La c de tu madre”, dijo el ladrón al hijo del dueño apuntándole a la cabeza. Entonces, “jodete” es lo que hay que decirle con todo el derecho del mundo al ladrón muerto por el que era asaltado y agredido. El señor Bertini, a quien le mataron un hijo, en una carta enviada al diario hace poco expresó: “La cárcel es para separar al delincuente de la sociedad con el fin de que este no siga haciendo daño”. Increíblemente, delincuentes con frondoso prontuario gozan de “salidas transitorias”, que vendría a ser como brindarle beneficios a una enfermedad peligrosa o letal, suspendiendo su tratamiento o su medicación. Causa una amarga risa cuando las autoridades hablan de hacer campañas para retirarles las armas a los ciudadanos que con toda razón están armados, cuando el Estado no se “mosquea” ante la ola de delitos en la cual el delincuente, único culpable de la situación que crea, va con toda la ventaja desde el vamos, contando con el factor sorpresa, con armas ante ciudadanos desarmados en la mayoría de los casos, y decididos a matar. Cae como fruta madura o se advierte con toda claridad la contradicción que hay en los ideólogos que defienden los “derechos humanos” de los delincuentes que aniquilan vidas: defienden al que mata en detrimento del que anda por derecha. Una aberración.

Miguel A. Decunto
DNI 11.270.762
 

Desigualdad y acechanzas

Recientemente disertó en Rosario Bernardo Kliksberg. El economista y sociólogo señaló: “La desigualdad y el cambio climático acechan al capitalismo”. También dijo que en el presente el 1% de la población mundial concentra el 99 % de la riqueza”. Estas afirmaciones nos motivan las siguientes reflexiones. El capitalismo nació como un sistema económico basado en la explotación de la fuerza de trabajo de mujeres y hombres obligados a venderla para obtener el sustento. Concretadas las revoluciones, la clase social que constituyó en dominante la burguesía estableció las bases de un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, esto con garantía del Estado. La revolución industrial, significó cambios tecnológicos que aceleraron la producción de mercancías, su esencia ha sido y es el lucro. La expansión del capitalismo, ha significado arrasar con los ecosistemas, la extracción paroxística de materias primas, lo que implicó deforestación de bosques, la migración forzada de miles de seres humanos de las zonas rurales a las urbanas. El cambio climático es una consecuencia lógica y esperable del desarrollo capitalista. Es cierto como señala el Kliksberg que “hay enfermedades asociadas a la desigualdad y a la vulnerabilidad creada por el cambio climático”, también que los sectores de menores ingresos están más expuestos y tienen menos recursos materiales y simbólicos para hacerle frente a las inundaciones y la contaminación ambiental”. Todas estas cuestiones son entera responsabilidad de los jerarcas del mundo, de los banqueros, de los empresarios industriales y también de los funcionarios de los diversos Estados. Consideramos que las acechanzas más que para el capitalismo lo son para las mujeres y los hombres de a pie, los más vulnerables son las niñas y los niños. Lo deseable es que el capitalismo deje de existir y que en su lugar las sociedades se basen en la socialización de los medios de producción y se organicen basadas en la solidaridad social y el apoyo mutuo, no en el egoísmo y la competencia. Como se preguntaba Erich Fromm,  ¿Podrá sobrevivir nuestra especie bajo las actuales condiciones, económicas, sociales y políticas? Este interrogante tiene una respuesta: Sí, siempre y cuando se modifique radicalmente el actual rumbo.

Carlos A. Solero

 

Fallecimiento de Cervantes

Por conmemorarse en estos días el IV Centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes, quiero compartir el siguiente relato. En mi casa poseo una nutrida biblioteca, en la cual cuento con dos volúmenes acotados de Don Quijote de La Mancha. Uno de ellos, es mi libro de cabecera en los momentos en que me encuentro bien de salud y lo leo y releo por el inmenso placer que al leerlo siento, y porque el contenido del mismo es tan cautivante y atractivo que me sirve como relajante. Por ser un lector consuetudinario, el exceso de lectura me produce distonía, todo lo contrario al efecto que el Don Quijote me brinda. La Mancha y sus paisajes, son un lugar que me haría muy feliz llegar a conocer, ya que se diferencia enormemente de mi terruño, en el cual “el que gobierna mucho y arrastra a muchos, roba mucho y lo idolatran mucho”.

Daniel E. Chavez
DNI 12.161.930
 

¿Quién da más?

En los remates, ante cada oferta de los potenciales adquirentes el martillero pregunta: ¿quién da más? En nuestro actual escenario político, sucede algo similar. Ante cualquier iniciativa del gobierno, siempre la respuesta de todo el espectro opositor –incluyendo a los no pocos que participaron en el gobierno saliente– es manifestar que es insuficiente o proponer mejoras superlativas, sin explicar como hacerlo y de donde se obtendrán los recursos públicos que el kirchnerismo dejó al rojo vivo. Es el quién da más. La sociedad viene sufriendo lo embates de la incapacidad de sus gobernantes, quienes priorizan la adquisición de poder para su enriquecimiento personal mediante la corrupción. Lo lamentable es que no son pocas las veces que la sociedad ha optado por el quién da más, votando al mejor postor. Los resultados están a la vista.

Emilio Zuccalá


 

Viajar como ganado

Soy una ciudadana más que forma parte del 80 por ciento de la sociedad rosarina que cada día toma un colectivo para llegar al trabajo, el colegio, un hospital o simplemente a visitar a alguien. Es increíble que con toda la plata que invierten en el transporte, cada vez se viaja peor. Me pregunto y le pregunto a la intendenta Mónica Fein y la titular del Ente de la Movilidad, Mónica Alvarado, de qué nos sirven colectivos nuevos, con aire acondicionado, con calefacción, si vamos a viajar como esclavos en el siglo XVII. Con choferes que no saben conducir, que se tragan un pozo cada media cuadra y que suben gente hasta que no entra ni un alfiler. Muchas veces ni la puerta pueden cerrar y la gente que tiene que bajar debe andar a los empujones. Ni hablar de la mala onda de los choferes cuando les pedís que esperen a que bajes. Y ustedes en lo único en lo que piensan es en aumentar el precio del boleto. Algún día se tienen que dar cuenta que a los ciudadanos no nos importa pagar uno, dos o tres pesos más un boleto, ya estamos acostumbrados a que todo aumente, pero ya que vamos a pagar, como mínimo queremos viajar cómodos y seguros y bien tratados, porque ya que los choferes ganan más que lo que ganan un médico o cualquier profesional que trabaje de forma independiente, lo mínimo que merecemos es respeto de parte de ellos. Ojalá algún día hagan algo.

Luciana Bustamante
DNI 34.889798

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