Boca Juniors
Domingo 25 de Septiembre de 2016

Una mujer, todas las mujeres

"Mariú" y el poder. La gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, tiene mejor imagen que Macri pero enfrenta un escenario complejo en una provincia devastada. Reacciones frente a una propuesta para aumentar el cupo de mujeres en cargos electivos

"¿Cómo te bancás ser la persona más respetada y querida de toda la política argentina?", le preguntaron. Ella respondió sin dudar: "Esto va a pasar. No lo dudes. Va a pasar". María Eugenia Vidal miró con sorpresa a su interlocutor, el que había descerrajado esa pregunta, porque la charla que sostenía con la presencia de algunos ministros y colaboradores transitaba por cuestiones de gestión concretas: policía, infraestructura, salud. Los que la frecuentan aseguran que no tiene pose cuando habla de sí misma ni cuando gobierna. "Mariú es así", le confía en reserva a este cronista uno de los secretarios que la acompaña a todas partes. "MEV no la caretea", dice otro. El uso de sus iniciales es muy frecuente para referirse a la gobernadora de Buenos Aires.

Las últimas encuestas que dejaron sobre el escritorio del presidente Mauricio Macri indican que Vidal lo supera en imagen y análisis de gestión por entre 9 y 18 puntos. La responsable del distrito más importante del país capeó los primeros nueve meses de gestión con mucha más holgura que su mentor. Porque hay que entenderlo: ella es hoy gobernadora porque Macri la pensó desde que la invitó a participar de la secretaría de asuntos sociales de Boca Juniors cuando él era el presidente del club. ¿Hay celos hacia Mariú de parte de su Yepeto político? "¿Cómo se te ocurre?", responde al instante un ladero de Macri. Pero nunca dice que no.

El aspecto físico de esta dama de 43 años no se condice con lo que suele suceder a quien detenta el poder. Está mucho más bella y delgada que cuando era vicejefe de gobierno de la ciudad. El síndrome del envejecimiento del sillón del gobernante no parece haber operado en ella. Sin embargo, los que hablan en confianza con la gobernadora dicen que la ven muy preocupada por la gestión. "La provincia está devastada", sentenció esta semana luego de recibir el informe de uno de los hospitales bonaerenses construidos por la gestión de Daniel Scioli con defectos edilicios que lo hacen inaccesible físicamente para muchas prestaciones. "Le pifiaron en las medidas para terminarlo antes", explicó uno de sus secretarios. Y no es el único caso. El Hospital Alberto Balestrini, inaugurado varias veces por la anterior gestión, jamás contó con el personal mínimo para funcionar y ya empieza a tener problemas de construcción.

Otro ejemplo de su malestar ("Mariú pasó una pésima semana: la muerte de un policía del grupo Halcón, la fiesta desbocada de Moreno y la inseguridad en general", grafica uno de los suyos) es la cuestión policial. Ya está en poder del ministro de seguridad Cristian Ritondo un muestreo entre los 90 mil policías de la bonaerense, hecho en distintas ciudades con policía municipal, que asegura que una tercera parte de ellos no está apto para serlo. Seamos directos: uno de cada tres uniformados no pasa el apto físico, el siquiátrico o el actitudinal. Uno de cada tres policías está en la calle con un arma del Estado sin que esté en condiciones de hacerlo.

Vidal cree que tiene dos opciones para gobernar: o atender a las urgencias y trabajar para la campaña electoral que ya está encima de todos con vistas a las elecciones de medio término, o animarse a patear el tablero del reclamo de la política inmediata y sentar bases que sembrarán los que vengan. La pregunta, en realidad, debería ser dirigida a los ciudadanos: ¿hay paciencia y deseo de los votantes de saber que lo que se haga no tendrá visibilidad ahora pero servirá para modificar en serio lo que sucede?

Buenos Aires viene siendo gobernada desde 1997 por el peronismo. El índice de pobreza, de desocupación, de ausencia de servicios esenciales como los sanitarios, de salud y de seguridad son apabullantes. ¿No cree el PJ que debería hacer una elemental autocrítica? No lo cree. ¿Puede Vidal seguir gobernando con el gatopardismo clásico de cambiar algo para que nada cambie?

¿Diciembre le preocupa? Ya se sabe que el último mes del año es funestamente simbólico en nuestro país. El gobierno bonaerense asegura que los intendentes no quieren jugar con fuego. No todos. Las miradas se posan sobre el eje de La Matanza, donde gobierna el peronismo más dogmático. Más allá de las trapisondas de algunos, la realidad social de mucha exclusión, economía parada y desempleo son objetivos. Vidal lo sabe.

Todas las mujeres. Un espacio transversal de distintos partidos ha presentado la iniciativa para que en todos los cargos electivos se respete la proporción del 50 y 50 entre mujeres y varones. La idea es elevar el cupo del 33 por ciento a la mitad. Allí aparecen Malena Massa, Margarita Stolbizer, Victoria Donda y muchas referentes más.

No deja de ser impactante la reacción de furia conservadora de muchos de los que rechazan la idea. "Yo quiero que haya gente con talento y no me importa si es hombre o mujer", dijo uno de los periodistas más renombrados esta semana sin privarse de calificar la iniciativa de "reverenda boludez". "Es discriminatorio para con los hombres", dijeron otros. "¿Y las travestis o las personas gays?", agregó. Por lo primero, es interesante saber que el problema de la falta de talento importa si se trata de mujeres. Porque hasta ahora, el listado de los incompetentes varones que ha parido la política es infinito y nunca se escuchó la queja de género al respecto. Nos preocupamos por el talento cuando las mujeres ingresan. No antes. Por lo demás, las discriminaciones positivas son tan viejas como las proscripciones irracionales. Hubo que pensar en cupos para afroamericanos, latinos, discapacitados y demás ante la injusticia de los que detentaban el poder para visibilizar algo tan obvio como la paridad de géneros que brinda la humanidad.

Salvo muy escasos ejemplos, la mujer en la política tuvo que hacerse acompañar de varones que las cobijaron o necesitó de increíbles exámenes de pureza que a los varones jamás se les exigieron. Si todo eso no alcanza, habría que recurrir al pragmatismo de la duda. Si hasta ahora nos fue como nos fue con indiscutida predominancia de testosterona, ¿no habría que darse la chance de probar con más número de mujeres para ver si la cosa cambia?

De paso, nunca viene mal imitar la proporcionalidad de la naturaleza que, hasta ahora, viene siendo indiscutida y con unos cuantos miles de años de experiencia.

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