mas
Domingo 23 de Julio de 2017

Los colores del río y el hiperrealismo del autodidacta Gabriel Schiavina

Autodidacta, Gabriel Schiavina conjuga en su obra hiperrealista sobre el Paraná una técnica depurada en Austria con el mejor paisaje local. Vendió su primer cuadro a los 12 años y el mes próximo expondrá en Nueva York

Por un departamento de un cuarto piso del macrocentro rosarino pasa el río Paraná. No importan los kilómetros que separan el edificio del gigante marrón porque el río despliega su agua mansa en las telas y el óleo del artista plástico Gabriel Schiavina, maestro del hiperrealismo y autor de pinturas que retratan el Paraná con precisión digital y pulso emocional.

Recién premiado en Nueva York, adonde irá en pocas semanas a exponer parte de su obra, este artista de 40 años con formación autodidacta se declara admirador de Raúl Domínguez y multiplica sus horas de trabajo para pintar con detalle fotográfico el paisaje litoraleño, ese que nos identifica y que (demasiadas) veces no reconocemos como propio.

Schiavina vive y trabaja en un piso luminoso con vista al centro de la ciudad. Un telón urbano que está en las antípodas del objeto de su obra: el agua, el río, la naturaleza en estado puro. "Mi carrera empezó en las clases de matemática y de lengua porque me aburría, y entonces dibujaba todo el tiempo".

Atravesó los años de la adolescencia y de la primera juventud con trabajos de todo tipo: ayudante en un laboratorio de mecánica dental, albañil, camionero... pero jamás dejó de pintar. Incluso pagó una parte de sus estudios con cuadros a un afortunado director de escuela que hoy tiene tal vez la colección más numerosa de su obra.

"A los 12 años vendí mi primera obra a un médico amigo de la familia. Desde ese momento nunca dejé de vender", rememora. Hoy, sus telas sobre el Paraná le demandan cerca de dos meses de trabajo ya que el hiperrealismo exige una depurada técnica y el manejo de varias paletas de colores con pinceles específicos.

"Pinto en todo momento, de noche, de día, sin pausa. No paro nunca" afirma, antes de anticipar que su "gran reto" como artista todavía no empezó. "No puedo decir mucho pero queremos hacer algo muy grande en la ciudad respecto a la plástica", anticipó con misterio.

pintor0.jpg

Historia.

Schiavina nació en Rosario en 1977 en una típica familia de trabajadores del barrio de Pichincha en la que el arte no era una vivencia cotidiana salvo por su abuela, que era costurera de alta costura "y la mente más creativa de la familia".

Su carrera empezó en la escuela primaria, donde "de puro aburrido" dibujaba en los márgenes de los cuadernos durante las largas horas de matemática y de lengua. Allí empezó a brotar su vocación, esa que no lo abandonaría nunca: "Desde chico supe que la pintura era lo mío. Es una vocación que no te deja, que no tiene horarios ni días feriados".

"Ser artista exige mucha disciplina porque tenés que hacer todo solo: sos tu productor, director, el que produce la materia prima y el que comercializa, y por supuesto el que hace la obra. Es una vorágine que empieza desde el momento que ponés un pie de forma profesional en la carrera".

"Ser artista exige mucha disciplina, porque tenés que hacer todo solo: sos tu productor, director, el que comercializa los cuadros y por supuesto el que pinta las obras"

En poco tiempo ya era "el que dibujaba bien" del grado, algo que se acentuó durante los años de la secundaria donde todos los amigos le pedían dibujos.

Schiavina nunca tomó clases de arte: es un pintor autodidacta y explica que su obra es producto de la observación: "Mi clase fue mi propio ojo, copiar. Con 13 o 14 años me iba al Castagnino y me quedaba horas mirando los cuadros, fascinadísimo". Luego volvía a su casa donde intentaba copiar lo que había visto con escasos recursos a mano. No había internet y era difícil conseguir material en una casa donde el arte no ocupaba un espacio preponderante.

"De adolescente era distinto a mis amigos. Ellos iban a bailar a Stadium y yo me quedaba en mi casa pintando toda la noche", recuerda mientras apura cigarrillo tras cigarrillo. Y agrega que su carrera profesional empezó a los 12 años, cuando descubrió el óleo y cuando vendió su primer trabajo a un médico amigo de la familia. Era la copia de un cuadro de naturaleza muerta del romanticismo llamado "Las variedades de la vida". "Fascinado por esa técnica lo copié y el médico dijo: ‹este chico va a ser un gran artista›, y me lo compró".

pintor2.jpg

A los 14 años se fue de su casa por conflictos familiares y empezó una etapa de trabajos temporales y alojamientos más temporales aún, aunque nunca dejó de pintar ni de vender. Los últimos años de la secundaria, en el Empaa Garatcochea, fueron una de sus etapas más productivas ya que pagaba la cuota de la escuela con obras de arte. "Como la escuela me resultaba cara hicimos un arreglo con el director: yo le daba un cuadro por mes y con eso pagaba mis estudios", cuenta.

En 2009, después de haber sido camionero, albañil, ayudante en un laboratorio de mecánica dental, carpintero y varias cosas más, decidió dedicarse solamente al arte. Ese año conoció al artista plástico radicado en Austria Helmut Ditsch, quien se convirtió en su maestro y mentor.

"Yo ya sabía que el agua era el elemento clave porque aparecía en todas mis obras. Y el río Paraná es mi elemento, con el que me crié"

Técnica.

El camino plástico de Schiavina comenzó con un estilo figurativo y bajo la influencia de Raúl Domínguez. Paisajes, arte sacro y copia de pinturas antiguas fueron durante los primeros años de trabajo el insumo de sus pinturas, que con el tiempo fueron derivando hacia los paisajes argentinos. A partir de ese momento el artista empezó a generar su propia obra, técnicas y estilo con temas y una estética más definida: "Me enfoqué en el Perito Moreno, en el Sur. Yo ya sabía que el agua era mi elemento clave porque aparecía en todas mis obras, y sentía cada vez más que me llamaba a darle un protagonismo completo".

Después de una tarde de charla y mates con un colega, Schiavina descubrió lo que siempre había latido dentro suyo: su obra se centraría en el río Paraná, una naturaleza que terminó de darle su identidad como artista. "Como decía el poeta: pinta tu entorno y pintarás el mundo".

"El Paraná es mi elemento, con lo que me crié, y tengo una conexión fuerte con eso. El río es todo, desde lo mas básico como el agua que tomamos hasta el compañero de muchas vivencias y momentos de sosiego" cuenta. Y agrega: "Como artista, me entrega todo el material que yo preciso".

En el año 2009 estuvo unos meses en Austria perfeccionándose en lo que hoy es su sello: el hiperrealismo. Su primer cuadro "en serio" utilizando esa técnica se mostró en el bar El Cairo en el año 2010: "Allí empezó todo esto".

pintor1.jpg

"Todo esto" significa haberse instalado como el pintor del río y la multiplicación de los pedidos y encargos de cuadros que retratan el Paraná, muchos de ellos llegados desde otros países y culturas completamente alejadas del paisaje típico litoraleño.

Para Schiavina, una de las claves que explican el éxito de sus obras es la combinación de una impronta muy local con una técnica depurada reconocida y apreciada a nivel global: "En mis cuadros se ve una identidad muy definida con una imagen internacional, que es lo que le aporta el hiperrealismo. Por eso un ganó un concurso en Nueva York un cuadro del río".

pintor4.jpg

Identidad. Desde el paisaje que siempre lo acompañó, Schiavina construyó una obra que va mucho más allá de las fronteras geográficas con el Litoral como bandera. Según su visión en Rosario "nos falta identidad litoraleña" ya que vivimos obsesionados con estéticas más emparentadas a Buenos Aires o a modelos europeos o estadounidenses.

"No estamos mimetizados con nuestro entorno, el río está ahí pero para nosotros sólo es un lugar de diversión sin darnos cuenta que al río le debemos hasta la historia misma de la ciudad", explica, para subrayar que se siente "orgulloso" de llevar la imagen de la ciudad y la palabra Argentina a otros países.

También aclara que recién ahora se siente reconocido en su propio lugar "y hasta ahí nomás". Se sabe valorado por el ambiente artístico y por el público en general, pero completamente ignorado e incluso desprestigiado por las autoridades académicas de la UNR y "ciertas estratósferas políticas".

"En nuestra ciudad se traen artistas de otros lugares y falta lugar para los locales, hay muchos artistas que la vienen remando en dulce de leche pero no hay galerías de arte, y los espacios municipales están monopolizados por ellos mismos", denuncia y reclama.

A pesar de estos obstáculos, no evalúa irse: "Se piensa que para ser artista hay que irse afuera pero se puede hacer una carrera en tu lugar, qué mejor que producir en tu propia ciudad, donde nació tu obra".

El desarrollo de las redes como motor de promoción vino a complementar esa elección, ya que a través de facebook sobre todo sus cuadros se ven en todas partes del mundo. Después de varios años dando clases y seminarios, hoy se enfoca exclusivamente en la producción. La lista de encargos es larga: el año pasado tuvo 48 pedidos y en lo que va de 2017 ya acumula más de 30, con una lista de espera de unas 15 personas.

También está interesado en impulsar la creación de un sindicato de artistas plásticos que reciba prestaciones sociales como pasa en otros gremios de ese rubro (como los actores), y en la promoción de una ley de compensación de venta de obras de arte que permitiría que parte de la comisión de reventa de las obras de arte vuelva al artista.

pintor3.jpg


Con un pie en Nueva York
El próximo 19 de agosto Gabriel y su compañera también artista Penny estarán en Nueva York para participar de la apertura del Chelsea International Fine Art Competition Exhibition, donde el rosarino ganó el primer premio con una obra que –por supuesto– retrata el río Paraná.

"Va a ser mi primera exposición en el exterior, yo venía algo descreído en los concursos pero mandé y gané. Así que habrá un pedacito de Rosario en Nueva York", explicó el artista, quien además del cuadro ganador expondrá otras tres obras.

Desde la galería reconocieron el trabajo de Schiavina de la siguiente manera: "A primera vista sería fácil confundir las pinturas de Schiavina con fotos de la naturaleza. Con una destreza increíble, Schiavina recrea cada textura y superficie del mundo natural".

Comentarios