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Diario La Capital. La tapa de Deportes tras la consagración en el 3 a 1 sobre la Unión Soviética.
Archivo La Capital
En aquel agosto/septiembre del 79 en Argentina se hizo obligación madrugar para ver a la selección. A ese conjunto dirigido por el rosarino César Luis Menotti en el que el 10 era Diego, el 9 Ramón Díaz y el 8 Barbas, como las figuras. Claro, la dificultad en el certamen disputado en Japón creció partido a partido.
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Era previsible la cómoda victoria en el debut ante Indonesia, y fue por 5 a 0 con dos goles de Maradona. Lo siguió un 1-0 a Yugoslavia y una goleada por 4-1 ante Polonia (el primero lo hizo Diego a los 7'). Con 55' y un gol a los 25' en el 5-0 a Argelia fue suficiente para que el DT lo cuidara para las semifinales.
Y cuando gritó el 2-0 a Uruguay a los 68' enseguida salió para que estuviera diez puntos para la final.
Mientras que aquella victoria por 3 a 1 en la final, cerrada a los 75' (se jugaban dos tiempos de 40' cada uno) con un perfecto zurdazo de Diego Armando Maradona de tiro libre que terminó de potenciarlo como el mejor.
Los tres párrafos anteriores son solo el resumen de aquellos seis partidos. Leídos así son los de un buen jugador, de una buena selección, de un buen momento, y nada más. Claro, el 10 ya era mucho más que un resumen. Y en las páginas de La Capital, como en las de todos los periódicos del mundo, se hablaba del nuevo astro del fútbol.
El 13 agosto de ese 1979 Menotti lo confirmó entre los 18 juveniles para el Mundial en Japón. Al revés de lo sucedido un año antes, cuando lo dejó sin el Mundial del 78.
Era la primera gran revancha para el 10. Obvio, qué otro jugador podría quitarle esa camiseta. La misma que llevaba muy bien puesta en la selección mayor, porque Maradona ya era “uno de los grandes”.
Y como tal, pocos días antes (el 8, en cancha de Vélez), había sido titular ante Bolivia, por la Copa América, en un 3 a 0 definido por el propio Diego a los 65' para enviar al fondo de la red un centro de Coscia. De los juveniles también Barbas jugó unos minutos.
También estuvo entre los once el 2 de agosto en Río de Janeiro, también por la Copa América (se jugó sin sede fija) pero ese día no figuró entre los destacados. Sin embargo, en el diario La Capital del sábado 4 de agosto y bajo el título “Tasación de Maradona según un semanario” (italiano), se escribió: “A pesar de sus 18 años, el nombre de Diego Armando Maradona ha trascendido el límite de nuestras fronteras. Al conjuro de su talento mágico, su figura atrae, imanta. Despierta atenciones y expectativas en un nivel que nunca un jugador argentino las consiguió antes a esa edad. Una prueba de ello la brinda en el último número la revista Guerín Sportivo, que en la página 27, bajo el título “La bolsa, valores del mercado internacional” coloca a Maradona como a uno de los tres jugadores de mayor cotización en el mundo (2.000 millones de liras), junto al delantero ingles Trevor Francis, de Nottingham Forest, flamante campeón de Europa y el mediocampista brasileño Artur Antunes Coimbra “Zico”, del Flamengo, máximo goleador para una temporada (la actual) del fútbol carioca”.
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“Se analizaron 129 jugadores de 17 países. Además, de nuestro país figuran Daniel Passarella, Ubaldo Fillol, René Houseman, Ricardo Bochini, Norberto Outes, Omar Perotti, Luis Antonio Andreucchi, Vicente Pernía y Leopoldp Jacinto Luque, en ese orden. Y otros cinco compatriotas que militan en el exterior: Mario Alberto Kempes, Ricard Bertoni y Rubén "el Ratón" Ayala en España, Osvaldo Ardiles y Ricardo Julio Villa en Inglaterra”, continuó la información.
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Diego con la copa en la mano al bajar del avión al regreso de Japón.
Clarísimo. Ya era figura. Restaba saber hasta dónde crecería. Obvio, fue hasta lo máximo. Pero hasta ahí debía demostrarlo en continuado, como Diego lo hizo.
Los 6 partidos del campeón
El domingo 26 de agosto arrancó el Mundial Juvenil. A las 7 de la mañana la televisión argentina acercó las imágenes que llegaban desde Japón, y el que no se despertó rápido se perdió los goles de Maradona a los 20' (el 2-0) y 38' (el 5-0) en el 5-0 a Indonesia.
“Chispazos geniales. Una gran cuota de creación”, fue la síntesis de lo hecho por Diego en el debut, que además de sus conquistas, “a los 11' sacó un violentísimo zurdazo que se estrelló en un palo y que Ramón Díaz, de rebote y de zurda, batió al arquero Endam (al que venció a los 22' y 23', en una ráfaga que demostró la gran diferencia entre los seleccionados).
¿Los goles del 10?
“A los 20' en una magnífica jugada individual. Tomó el balón en mitad de cancha, se hizo un autopase entre medio de los zagueros, disparó de zurda y tras un rebote en Endam volvió a quebrar su resitencia”.
“A los 38' Maradona fue eludiendo adversarios de derecha a izquierda hasta sacar un exacto zurdazo que dejó sin chance a Endam”, comentó La Capital.
En el análisis pospartido el Flaco Menotti sentenció: “Ramón Díaz puede ser un gran compadre para Maradona como Coutinho lo fue para Pelé (ya lo habían empezado a comparar con el Rey, con el astro brasileño al que siempre le discutió el reinado, incluso hasta la aparición del rosarino Lionel Messi). En estos momentos estoy convencido que Maradona está entre los mejores del mundo, ya que es un fuera de serie”.
La victoria del 28 de agosto por 1-0 ante Yugoslavia fue con gol a los 54' del Pichi Escudero (aquel que años más tarde jugó en Central).
Y el día 30, en el contundente 4-1 a Polonia, “Diego a los 7' y con un zapatazo desde 25 metros inició el camino de otra victoria, que se completó con las conquistas de Calderón (22' y 70') y el rosarino Juan Ernesto Simón, quien ya jugaba en la primera división de Newell's.
El 2 de septiembre, también a las 7 de la mañana (cuando ya era tradición levantarse temprano para ver a los pibes por TV), Maradona marcó el camino a los 25', con fuerte remate bajo, con el primer gol contra Argelia (5-0 que se completó con un gol de Calderón y tres de Ramón Díaz).
En ese partido apareció el "mal carácter" del 10. Se enojó porque el DT lo reemplazó a los 55', con el partido 4-0 para que ingresara Meza. Volvió a un costado de la cancha con total fastidio y lo manifestó. Al final pidió disculpas y entendió la explicación de Menotti, el partido estaba definido y lo cuidaba para la semifinal.
Dos días después volvió a salir, pero a los 70', dos minutos después que sellara con una conquista el 2-0 a Uruguay (a los 51' Ramón Díaz abrió el marcador) que llevó a la Argentina a la final. Ese martes 4 en el país se suspendieron las clases para que los chicos vieran el partido por TV, desde las 7.
La definición fue el 7 de septiembre, contra la Unión Soviética (entonces en la camiseta se leía CCCP). El 0 a 0 de la etapa inicial se complicó a los 51' cuando Ponomarev batió a Sergio García. Pero apareció con todo el campeón y a los 67' empató Alves de penal. Dos minutos después Ramón Díaz lo dio vuelta y a los 75' con un “perfecto zurdazo de Maradona de tiro libre”, Argentina gritó campeón.
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La final contra los soviéticos. Así ya lo marcaban al 10 argentino.
Maradona fue elegido como el mejor del torneo. Sin embargo, el propio Diego así se vio: “Reconozco que no todos los partidos me salieron bien, reconozco haber cometido un exceso cuando el técnico me sacó y le hice notar mi disgusto”.
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Y como siempre pasó, dejó perlitas maradonianas que se escribieron en todos los periódicos, como en las páginas de La Capital:
“Compré 16 quimonos para mis seres queridos. Yo soy muy de mi familia, con mi mamá hablé muchas veces por teléfono y lo hice apenas les ganamos a los rusos. A ella la invitó Mirtha Legrand a almorzar por televisión (años después se negó a sentarse en su mesa, por cuestiones económicas), me dijeron que mi mamá estaba linda, fue a la peluquería, estaba elegante. Qué quiere, mi mamá es la mejor del mundo, como nosotros somos los mejores jugadores”.
“Mi papá es mi mejor amigo. Tengo otro amigo joven, Jorge Czysterpiller, que digo es mi secretario y nos divertimos. Mi papá me cuida, pero no ahora que todo es fácil, mi papá y mi mamá me cuidaban cuando tenían que sacrificarse para hacerlo”.
“No sé si será como dice la gente, yo tengo un gran respeto por Pelé, por su forma de jugar, por que fue y seguirá siendo el mejor jugador del mundo de toda la historia, porque creo que nadie puede parecerse exactamente a otro y más en esto de jugar al fútbol. Yo solo trato de ser cada día mejor”.
“Creo que nunca grité tanto en mi vida como en el momento que me di vuelta y vi al árbitro señalando el final del partido. Es que nos costó mucho esfuerzo ganar la copa, cuando salimos de Buenos Aires la gente no creía mucho en nosotros”. Algún parecido con lo que sucedió previo y en la conquista del Mundial de México en 1986 no es pura coincidencia, pasó realmente, tal cual, gracias al 10.
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En el vestuario con sus compañeros campeones del Mundial Juvenil 1979.
Para ese "nosotros" que dijo Diego también vale el reconocimiento. El equipo de la final: Sergio García; Abelardo Carabelli, Juan Ernesto Simón, Rubén Rossi y Hugo Alves; Juan Barbas, Osvaldo Rinaldi (49' Juan Meza) y Maradona; Osvaldo Escudero (49' Alfredo Torres), Ramón Díaz y Gabriel Calderón. También jugaron: Marcelo Bachino (entró a los 35' en el primer partido), José Lanao (titular ante Polonia) y Jorge Piaggio (entró por Simón frente a Argelia). Los que no actuaron: el arquero Rafael Seria (de Central Córdoba de Rosario) y Daniel Sperandío (Rosario Central).
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La última, fue elogio para el entrenador: “Quiero resaltar que este es un equipo que llegó a campeón mundial juvenil porque creyó plenamente en César Menotti y cumplió sus indicaciones al pie de la letra”.
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Diario La Capital. A Maradona apenas se lo ve, detrás de la copa y dando la vuelta olímpica con la camiseta celeste y blanca en Japón.
El cierre de su ciclo como "juvenil" no pudo ser mejor: campeón por primera vez, con la camiseta albiceleste de la selección argentina y la camiseta con el número 10 en la espalda. Ese número que lo acompañó siempre, hasta en los autógrafos.