Soldini.— Esta población, ubicada a sólo 16 kilómetros al sudoeste de
Rosario, se ha convertido en el lugar que muchos han adoptado para vivir, alejados de las grandes
ciudades y tentados por la vida apacible y pueblerina que brinda esta comunidad cuya población
aumentó en los últimos años hasta llegar a contar, hoy, con 3.800 habitantes.
La educación de la población está cubierta por un jardín de
infantes, una escuela primaria, una secundaria y una escuela de enseñanza media para adultos,
instituciones a las que se suma la biblioteca popular "Poeta José Pedroni", ubicada en la que fuera
una de las antiguas casas que utilizaban los empleados del ferrocarril. En tanto, contribuyen al
esparcimiento y la vida social entidades deportivas como el club Alumni y Liceo Argentino, que
brindan su espacio para el deporte.
Producto del crecimiento económico, la construcción de
viviendas también generó una gran demanda de mano de obra, a lo que se suma el personal de la
administración de la estación terminal de cargas del ferrocarril, que funciona en la estación de
trenes.
Servicios y producción. La población cuenta con servicios de gas natural, agua
potable y cloacas en plena ejecución, lo que le permite a sus habitantes acceder a las prestaciones
básicas necesarias para vivir cómodamente.
Hasta hace unos 15 años aproximadamente esta localidad era
reconocida por la producción de hortalizas y frutas, que era la principal fuente de trabajo de los
soldinenses. Hoy, sólo un 20 por ciento de la superficie rural se dedica a la horticultura,
mientras el resto de las tierras fueron destinadas a la soja y otros cultivos.
Los contrastes. Dos barrios residenciales, Las Pérgolas y el ubicado al oeste de
la ruta 14, muestran la dicotomía con la arquitectura centenaria que aún se conserva.
La casona del viejo almacén ubicado frente a la plaza fue
transformada en supermercado, pero mantiene parte de su estructura interna donde se destacan sus
balcones de madera.
Otra propiedad histórica es el bar El Folklórico, cuyo
interior es el mismo de antaño. Es el lugar elegido por los peones de las quintas que suelen
juntarse a la tardecita, muchos de los cuales llegaron alguna vez desde Santiago del Estero, Chaco
o Jujuy a trabajar en las cosechas y se quedaron para siempre.
La Casa de la Cultura municipal ocupa un papel importante
en el impulso de actividades populares deportivas. Además cuenta con un centro integral para la
atención de chicos con capacidades diferentes. La entidad ofrece además talleres de jardinería y en
sus instalaciones funciona una panadería en la que estos jóvenes elaboran productos para los
habitantes de un barrio careciente, asistido por la Comuna local.
Personajes. Juan Luis Grondona nació en Soldini, con sus 95 años tiene muy
presente los inicios del poblado. Hijo de un agricultor, se dedicó al cultivo familiar de frutales,
vivero y viñedos cuya producción era entregada a una bodega importante de Rosario. "Siempre fui muy
activo —recuerda—. A los 13 años iba a cobrar los alquileres de las propiedades que mi
padre tenía en Rosario, a los 17 manejaba hasta el mercado, luego estudié por correo y en una
academia rosarina donde aprendí contabilidad".
En el fondo de la casa Grondona tiene una una quintita,
donde siembra pimientos, zapallitos, calabacitas, tomates y radicheta. Mantiene un proyecto de vida
digno de admiración; toma la previsión de hacer las semillas para la producción del año
siguiente.
"Conozco todos los rincones del pueblo; ahora está hermoso,
pero antes no había diversión, sólo se podía ir a tomar algo a los boliches o jugar a las cartas.
Soldini va a ser el mejor lugar del gran Rosario porque es una zona alta y tiene gente muy activa
que lo está llevando adelante". Fanático lector de La Capital, don Juan
diariamente sigue las noticias y luego se hace una caminata para llevárselo a su suegra "si no el
cuerpo se pone en mal estado", comenta. Dos varones y una mujer, fueron el
fruto de su matrimonio y si bien vive sólo junto a su fiel mascota, mantiene contacto diario con
ellos. Sus testimonios forman parte de los registros históricos del pueblo del que, asegura, nunca
pensó en abandonar.
Asunción pionera. Cuando en la Nación aún se estudiaba la aprobación de una ley
que otorgue el derecho al sufragio femenino, en 1921 la provincia de Santa Fe sancionó una nueva
Constitución, considerada por entonces de avanzada, en la que se incorporaba la posibilidad de un
voto femenino calificado, limitado para mujeres contribuyentes o habilitadas profesionalmente.
Esta Constitución, que se derogó dos años después,
autorizaba a su vez a modificar la ley de municipios y comunas. Dichos cambios permitieron que en
las elecciones de marzo de 1934 y con un padrón suplementario de mujeres, Julieta Lavaggi de
Ginocchio alcanzara la presidencia de la comuna de Soldini.
"Su designación destruyó dos mitos: la mujer podía ser
funcionaria electa por sufragio y los caudillos naturales de ciertas localidades pueden ser
vencidos", remarca un trabajo sobre el tema de Norma Sánchez, licenciada en historia y docente de
la UBA.
Julieta Lavaggi cubrió el
cargo del período 1934/35 y luego fue interventora entre 1936 y 1937.
Asumió con 42 años, ejerció como docente y mantuvo en su casa quinta una escuela de apoyo para los
hijos de los trabajadores.
"En sólo un año y medio construyó el edificio comunal",
destacó el actual mandatario de Soldini, José Jorge Bargueño, quien lleva más de 20 años al frente
de la localidad.
Repercusiones. Por entonces, La Capital destacó: "Ha demostrado que merece
la conquista del voto, al obtener el 73 % de los sufragios, afianzando a través del comicio el
prestigio y la popularidad de la organización democrática que la incluyera en su lista".
"El matrimonio Lavaggi-Ginocchio, prosigue Sánchez, estuvo
muy vinculado a la comuna de Soldini durante décadas y hay que destacar que el triunfo electoral de
esta mujer conmovió a la sociedad argentina de aquella época. Las publicaciones periodísticas
demostraron que su actitud no fue denostada; si no más bien, recibió muestras de solidaridad",
remarca Sánchez en su investigación sobre el voto femenino que la historiadora publicó en la
revista Desmemoria en 1996.
Historia. Los primeros colonon de esta zona fueron los ingleses que construyeron
varias estancias —de las cuales aún se conservan algunos cascos— y luego fueron
arrendando las tierras a colonos italianos.
Soldini surgió con la creación de la estación del
Ferrocarril Bartolomé Mitre, de la línea de Rosario a Peyrano y fue fundada por Domingo Aran,
italiano de origen y donante de los terrenos para la construcción de la plaza, la iglesia y las
dependencias oficiales.
En un principio, este pueblo estaba unido a la localidad de
Pérez, desligándose de ese nexo en diciembre de 1929. La comuna se creó el 17 de enero de 1921 y el
aniversario del pueblo se comenzó a celebrar, hace dos décadas, el 10 de noviembre.
Antiguamente el pueblo se llamó Aran. Después tomó el nombre de Soldini,
apellido del dueño de las tierras sobre las que se construyó el ferrocarril. De origen suizo,
Soldini fue el primer poblador de la actual localidad de Arteaga y durante 1867 adquirió vastas
extensiones de tierra, formó su estancia y posteriormente comenzó con la labranza, colonizando su
propio campo al poblarlo de numerosas familias a las que fue vendiendo parcelas.