En noviembre de 2021 el policía Juan Pablo Ceballos Rinaldi, de 40 años y por entonces empleado en la comisaría 21º, mató de cinco balazos a un joven de 20 años en el barrio Las Flores, zona sur de Rosario. Luego plantó un arma para incriminar a la víctima con la versión de un supuesto intento de robo seguido de un enfrentamiento. Fue parte de una coartada desarmada a los pocos días con los avances de una investigación que terminó con una condena a 16 años de prisión dictada este martes en el marco de un procedimiento abreviado.
"Lo mataron como a un perro. Estaba indefenso y le siguió tirando el policía", dijo la abuela de Kevin Gómez a La Capital la mañana siguiente al crimen. El hecho había ocurrido en el cruce de las calles Hortensia, Guaria Morada y 513, al sur extremo del barrio Las Flores, donde los pasillos desembocan en basurales y baldíos que llevan al paso del arroyo Saladillo. Para entonces las paredes y chapas de las casas del barrio repetían el nombre de Kevin y un pedido de justicia por su asesinato.
El crimen
El sábado 27 de noviembre de 2021 Kevin fue asesinado con cinco disparos a corta distancia por parte del policía Juan Pablo Ceballos Rinaldi, quien cerca de las 11 llegó a esa zona vestido de civil y en bicicleta. Según declaró luego, estaba realizando el despacho de una medida judicial cuando un joven lo quiso asaltar. Esa versión fue la que brindó ante las autoridades que realizaron las primeras tareas de la pesquisa: aseguró que Kevin lo había apuntado con una pistola, lo que justificó con un arma hallada junto al cuerpo del joven asesinado. Antes había dado aviso al 911 con "clave 5", código utilizado para informar un enfrentamiento.
Sin embargo todos los balazos los había recibido Kevin: dos en un brazo, uno en una pierna, uno en el abdomen y otro en la cadera. Luego el homicida llamó a sus colegas para que acudieran a la escena. La madre del chico contó después que ella dormía en su casa cuando un vecino fue a avisarle que a su hijo le habían pegado un tiro. Al acercarse al lugar del hecho encontró a Kevin que, tirado en el piso, le decía que se quería ir a la casa.
La mujer y otros vecinos, en un marco de mucha tensión, le pidieron al refuerzo policial que había arribado al lugar que trasladaran al chico herido a un hospital. Pero no obtuvieron respuesta hasta que, luego de seguir insistiendo, lo cargaron en la caja de una camioneta policial y lo llevaron al al Hospital Roque Sáenz Peña. En el camino el chico le decía a su madre que estaba bien, ella lo alentaba y él solo pedía que no le movieran la pierna porque le dolía. Minutos más tarde Kevin fue trasladado al Hospital Clemente Álvarez, pero cerca de las 15 falleció en el quirófano mientras lo operaban.
Una coartada
Cuatro días después del crimen la fiscal Georgina Pairola imputó a Ceballos Rinaldi por homicidio calificado por abuso de su función policial y por falsedad ideológica agravada. Para entonces la investigación ya había echado por tierra la coartada con la que el acusado había querido justificar el crimen. Luego de matar a Kevin plantó junto al cadáver un arma de fuego con la intención de simular un enfrentamiento que no había ocurrido. Además, se supo que se trataba de una pistola de utilería que el agente llevaba en su bolso.
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A su vez, por la declaración de testigos, se supo cómo fue la secuencia del crimen. Kevin estaba en la calle, escuchaba música con un celular y cantaba cuando en ese momento apareció Ceballos Rinaldi en bicicleta, se bajó y le disparó sin mediar palabras. "Amigo ayudame, por qué me tiraste, por qué me tiraste", escucharon que Kevin preguntaba a su agresor sin tener respuesta.
De esta manera también se esclarecieron asuntos claves de la investigación: la víctima nunca intentó robar, el policía no se identificó como tal y no dio la voz de alto como luego aseguró que había hecho, y finalmente lo vieron sacar un arma del bolso que llevaba y arrojarla al lado de Kevin. De todas maneras no quedó claro cuál fue el motivo del crimen, si es que lo hubo. Algunos testigos apenas arriesgaron que el policía pudo pensar que el chico lo iba asaltar, pero siempre remarcaron que no hubo ninguna intención real.
Este martes la fiscal Pairola y la defensa del acusado presentaron un acuerdo abreviado que homologó el tribunal compuesto por los jueces Patricia Bilotta, María Isabel Mas Varela y Aldo Bilbao Benítez. Juan Pablo Ceballos Rinaldi fue condenado a 16 años de prisión efectiva e inhabilitación absoluta por 10 años con un cambio en la calificación con la que había sido imputado. El delito atribuido finalmente fue el homicidio simple agravado por uso de arma de fuego y falsedad ideológica agravada por ser miembro de una fuerza de seguridad.