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Vanina Correa: "Nosotras sí jugamos por amor a la camiseta"

La arquera del seleccionado argentino de fútbol femenino hizo un balance del Mundial y aseveró: "Es fundamental que quienes jueguen profesionalmente vivan de la actividad".

Viernes 28 de Junio de 2019

Y un día el fútbol femenino fue noticia. Las chicas del seleccionado argentino escribieron un capítulo histórico en el Mundial de Francia. Y se metieron en el corazón de la gente. Como Vanina Correa. Quien con espectaculares atajadas imprimió su nombre como referente. Porque la arquera de Rosario Central se hizo gigante en el arco albiceleste. Sustentada en la madurez y en la convicción, las mismas que exhibe durante la charla con Ovación. Cualidades con las que asegura: “Nosotras sí que jugamos por el amor a la camiseta”.

Correa ratifica de esta manera la necesidad de la inmediata profesionalización de la disciplina, pero no como algo formal y excepcional sino como la lógica consecuencia de los hechos. Como así de un crecimiento sostenido. Que encuentra su mejor exposición en la reciente participación épica del equipo nacional en la Copa del Mundo. Experiencia a la que la futbolista califica como “algo histórico, muy lindo, que la gente supo compartir y hacer suyo. Y eso no tiene precio”. Una síntesis concreta del mes que vivieron en el exilio que la competencia impuso.

¿Tomaste dimensión de lo que representó tu actuación y la de tus compañeras en el Mundial, que fue un hecho inédito y que motivó al país en interesarse en el fútbol femenino?

Fuimos con las expectativas de hacer un buen papel para así ayudar al posicionamiento social del fútbol femenino, y en esa búsqueda representar al país de la mejor manera. Por eso nuestro deseo era tratar de pasar de ronda, porque pensamos que de esa forma lograríamos despertar el entusiasmo de la gente. Pero las circunstancias ayudaron para que la idea se precipitara, porque a medida que pasaban los partidos nos llegaban los mensajes de mucha gente, en los cuales nos contaban cómo se estaba viviendo acá en el país nuestra participación en el Mundial de Francia.

¿Y eso les generó más presión o mayor entusiasmo?

Entusiasmo porque no lo podíamos creer. Es que cuando estás lejos no se puede dimensionar, pero cuando llegamos al aeropuerto y vimos la cantidad de gente que nos estaba esperando comenzamos a entender, pudimos darle volumen real a lo que nos contaban nuestras familias a la distancia. Fue algo increíble. Y eso nos ayudó a superar la tristeza que en parte nos generó no haber podido pasar de ronda, porque nosotras sabíamos que no era imposible conseguirlo.

Pero el haber sumado puntos por primera vez en un Mundial ya representa un antecedente que indica un crecimiento más allá de lo numérico.

Es cierto, y sin dudas que nos llena de satisfacción, porque por sobre todas las cosas está el desarrollo del fútbol femenino, y si nuestra participación en el Mundial sirvió para eso, bienvenido sea entonces.

También fue relevante el penal que atajaste, como así tu desempeño en los tres partidos que te convirtió en la máxima referente. ¿Esto lo pudiste procesar ahora ya con más tiempo para hacer un balance?

Lo que sí creo es que lo que hicimos en Francia es el resultado del esfuerzo de todas, porque lo mío es una parte de un todo. En cuanto a lo individual tengo muy claro que lo que hice y me falta hacer es producto del trabajo, de la perseverancia, del aprendizaje constante. Hace más de un año que vengo trabajando con Heldo (Milatich, su entrenador) y gracias a eso fui creciendo, aprendiendo, a sumar herramientas. Y también durante los entrenamientos con la selección cuando trabajo con Mauro.

Heldo, tu entrenador, consideró que en la contención del penal a la inglesa Nikita Parris se puede comprobar que técnicamente tus desplazamientos fueron perfectos. ¿Eso lo notaste en el momento?

No, porque cuando uno ve que sale la pelota trata de ir hacia ella para sacarla o contenerla. Por supuesto que inconscientemente los movimientos son los que uno incorporó a lo largo de los entrenamientos, y que en definitiva forman parte esencial del acto. Por supuesto que me pone feliz poder demostrar en la cancha lo que uno entrena sistemáticamente para mejorar.

Cuando ves que tu nombre trasciende, que las miradas te reconocen, que tu identidad como arquera de la selección argentina ya ocupa un lugar en el conocimiento popular. ¿Pensás en el camino recorrido o en el que falta recorrer?

Pienso en ambas direcciones desde el lugar en el que estoy. Cuando miro para atrás veo el sacrificio, el tiempo en el que tuve que postergar cosas para poder entrenar y jugar, y fundamentalmente el buscar la forma de coordinar lo laboral con el fútbol para poder garantizar el mantenimiento económico de mis hijos. Claro que no es sólo en mi caso, porque a la mayoría de las chicas les costó mucho llegar a este presente. Y cuando miro hacia adelante es en función de lo que todavía se puede hacer para ayudar a desarrollar el fútbol femenino, en tratar de colaborar con nuestros desempeños y testimonios a todas aquellas chicas que están en duda para que se animen a jugar, a participar, a integrarse al deporte. A sentir el placer de elegir con total libertad lo que les gusta, por lo que sienten pasión, porque si hay algo por lo que jugamos es por la pasión que sentimos por el fútbol.

No descubrimos nada al decir que el puesto del arquero es diferente al resto. Es más resonante cuando comete un error que cuando acierta.

No son pocos los técnicos que ante una atajada notable responden que “está para eso”. ¿Te cambió en algo este repentino presente deportivo?

No. Siempre traté de mantenerme en equilibrio y decidiendo de acuerdo a mis convicciones y necesidades. A los 27 años decidí dejar de jugar porque había que trabajar y el fútbol no le estaba dando lo necesario a mi vida. También necesitaba ese tiempo para pensar en otras prioridades personales, en desarrollarme en otros aspectos. Y luego de los años, ya con varias cosas resueltas, decidí volver a jugar, donde fue clave la comprensión que obtuve en mi lugar de trabajo, porque gracias a eso y al apoyo incondicional de mis seres queridos pude también regresar a la selección. Y si bien una ya no es la misma porque hubo cambios importantes en mis cosas, lo cierto es que la esencia es la misma. Por eso retorné a mi rutina como mamá, como hija, como trabajadora, como amiga y como deportista. Entrenando acá en el complejo El Templo con Heldo y en Buenos Aires con la selección.

Si bien siempre es necesario remarcar la cuestión de género, no por ello hay que soslayar la importancia de ustedes como deportistas de élite. Porque sin dudas han construido los cimientos indispensables para que el fútbol femenino se encamine a una justa profesionalización, que tampoco es una cuestión formal sino también económica. ¿Coincidís con esta mirada?

Por supuesto, porque es la nuestra. Además es indispensable que quienes jueguen profesionalmente puedan dedicarse plenamente al fútbol, y esa es una conquista que debe plasmarse ya, fundamentalmente para las generaciones venideras, para así evitar que ellas pasen por lo que nosotras tuvimos y tenemos que pasar. Porque en nuestro caso debemos trabajar, además de estudiar, para poder jugar. Y todo ello te quita el tiempo necesario para desarrollar una preparación física y deportiva adecuadas, como la que sí tienen las selecciones de los otros países a las que nosotras enfrentamos en el Mundial. Esa diferencia es justamente la que nos dejó en inferioridad de condiciones, y tal vez este aspecto no se tiene en cuenta cuando se analiza desde afuera un partido o el porqué de un resultado. Como sucedió con Inglaterra, donde las chicas son profesionales y viven del fútbol, con todas las necesidades resueltas en lo personal y deportivo, porque disponen de toda la infraestructura necesaria para ello.

El técnico del seleccionado femenino inglés, Philip Neville, ponderó tu desempeño en el Mundial y eso hizo que tu nombre se hiciera también conocido en el mercado europeo. Lo que despertó interés por contratarte, reflejado ya en algunos sondeos. ¿Pensaste qué harías si llega alguna propuesta concreta?

Sería muy lindo, porque representaría un gran reconocimiento al esfuerzo y al trabajo que desarrollamos en todo este tiempo. Sin dudas que me pondría muy contenta porque implicaría una valoración a mis condiciones. En cuanto a si lo pensé, sí claro que lo hice, más cuando te comentan de que hay versiones o sondeos. Mis hijos, los melli, todavía son chicos y se adaptarían sin mayores problemas. Y desde lo deportivo es un salto enorme, porque jugar en un nivel tan profesional implicaría también la posibilidad de darle una mejor calidad de vida a mi familia.

El próximo Mundial será diferente para la Argentina, porque hay una base de sustentación más amplia por la experiencia y también porque hay un respeto forjado. ¿Lo conversaron en el regreso?

Tal cual. Antes de jugar con Inglaterra las escuchamos decir que enfrentar a la Argentina era como un chiste, que no estábamos en un nivel para jugar un Mundial, y sin embargo demostramos que podemos competir con cualquiera. Pese a las ventajas que otorgamos por lo que describía antes, en cuanto a la profesionalización y todo lo que eso representa. No tengo dudas de que el Mundial que viene será muy diferente, porque el de Francia fue un punto de inicio de un proceso de cambio profundo. Al próximo torneo ya no iremos para ver qué pasa con los resultados, sino que iremos con la determinación de ser protagonistas, para clasificar a otras etapas, y estoy convencida de que tenemos las condiciones para ser ese equipo.

Para ello será necesario que el equipo sea estructurado de otra manera. Ante Japón e Inglaterra, tal vez por la magnitud de los rivales, jugaron a no perder. Pero ante Escocia demostraron que tenían recursos ofensivos, por eso pudieron revertir un 0-3, en una reacción épica.

¿Fue planificado así?

Sí. Fueron esquemas estudiados porque conocíamos a Japón y a Inglaterra. Dos selecciones muy competitivas. Sabíamos que no le íbamos a poder jugar de igual a igual durante los 90 minutos, porque no le hubiésemos podido aguantar el ritmo, justamente por esa diferencia que existe en la preparación física a la que hice referencia. Contra Escocia es verdad que fue otro el sistema, porque desde el inicio la intención fue salir a buscarlo. Y también sabíamos a lo que nos exponíamos, porque más allá de que se trata de una selección nueva, muchas de las escocesas militan en la Premier. Pero estando incluso tres goles a bajo nunca dejamos de confiar en nuestras condiciones, por eso nos dimos fuerzas en todo momento, y pese al agotamiento logramos equipararlo. Lo que nos permitió estar orgullosas de lo que hicimos, más allá que lamentablemente no nos alcanzó para clasificar a la otra fase.

Ante Inglaterra pese a la derrota fuiste la mejor jugadora del partido. ¿Se disfruta igual?

No, no se puede disfrutar porque se perdió. Mis compañeras me venían a felicitar pero yo no lo disfruté. Pero acá lo que cuenta es que conformamos un grupo muy unido, con mucho diálogo y mucha solidaridad. Y cuando se forma parte de un plantel con estas características todo se hace más sencillo.

¿Y hoy disfrutas de este presente o la timidez no te lo permite?

Sí, estoy disfrutando de este momento. Mucho. Por el grupo y por mí. Por lo que supimos conseguir. Y por lo que vamos a poder hacer para que el fútbol femenino siga creciendo. Y desde lo personal también, porque la gente te saluda, te felicita, te pide fotos, y eso es muy lindo. Muy gratificante.

¿Cómo fue estar lejos de los nenes?

Complicado. Difícil.

La pregunta surge porque interrumpiste tu carrera futbolística para ser mamá, y luego de estar un mes lejos de ellos sin dudas que habrá sido otro partido difícil. ¿Pudiste tener un contacto habitual con ellos desde Francia?

Sí, caso contrario no sé si hubiera podido ir, por mí pero más por ellos. Todos los días hacíamos una videollamada. Por supuesto que después de hablar ellos se quedaban conformes, en cambio a mí me costaba un poco. Pero entendía que el sacrificio se justificaba por la pasión que uno le tiene a este deporte, porque en nuestro caso sí que jugamos por pasión, por amor a la camiseta, porque después del Mundial volvimos cada una a su rutina laboral o educativa, ya que no vivimos del fútbol.

¿Pero quién les quita lo jugado?

Nadie. Por supuesto, porque generamos algo muy lindo, histórico, que la gente supo compartir y hacer suyo. Y eso no tiene precio.

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