Central

Gustavo Grossi: "Me fui cuando el proyecto ya no mandaba"

El ex director deportivo de las inferiores canallas, hoy en River, habló de su salida polémica de Arroyito, de Coudet, Bauza y Pascuttini, entre otros temas.

Lunes 14 de Octubre de 2019

Te presentaron en noviembre de 2014 como una de las banderas de la comisión directiva anterior de Central para reorganizar y profesionalizar la estructura de las inferiores del club y a mitad de camino te fuiste. ¿Por qué no seguiste adelante con el proyecto?

Porque no estaban dadas las condiciones para seguir. En la vida a veces hay que saber cuándo entrar y también cuándo salir. Igual, mi paso por el club fue muy bueno. Me llevó un año y medio de construcción para diseñar el proyecto institucional y de profesionalización de un espacio que había estado funcionando durante mucho tiempo de manera diferente.

¿Qué significa que las inferiores habían estado funcionando durante mucho tiempo de una manera diferente?

Y... que cuando yo me hice cargo había varias cosas que estaban abandonadas y todo era un desorden total. Antes de asumir tuve que reunirme con diferentes agrupaciones que en ese momento convivían en la vida política del club. Hasta tuve que dar charlas para que se enteraran cuál era el proyecto de juveniles y unificar criterios. Todas venían de distintas ramas políticas y con diferentes opiniones. Fue bravo convencerlas de cuál era el camino. Ese proceso me gustó hacerlo y lo hice sin cobrar un peso. Porque a mí me interesaba el desafío, pero no tenía la intención de dirigir o ser la cabeza visible de la gestión deportiva. En ese momento trabajaba para Udinese como scouting en Sudamérica y a su vez me permitía estar trabajando en Sarmiento de Junín como director general e institucional del club. Siempre me gustó más una posición de gestión integral que focalizar exclusivamente en el trabajo de juveniles. Salvo la primera división, me gusta abarcar todas las áreas. Darles funcionamiento al área médica, a la captación de jugadores, al trabajo en el campo de juego, la metodología que se utiliza para la planificación, encargarme del hotel de los juveniles y todo lo que tenga que ver con el recorrido que el juvenil debe realizar para llegar a la primera en las mejores condiciones. Un trabajo integral en todas las áreas. Recién cuando la comisión directiva ganó las elecciones me propusieron que liderara el proyecto que habíamos armado. Había decidido terminar mi contrato con Udinese y a Sarmiento le faltaban 4 fechas para subir a la Nacional B. Me fui y subió a la primera. Entonces dije, por qué no agarrar. Si lo escribí y lo armé yo, por qué no liderar el proyecto. Además, llegaba a un lugar en el que ya tenía todo estudiado y sabía qué había que hacer. Tenía estudiados a todos los jugadores, los dirigentes, los predios y hasta la ciudad. Se pusieron los objetivos y cuando se cumplió el último entendí que lo mejor era irme. Hasta mi mujer me dijo: "Vos me dijiste que cuando se cumplieran todos los objetivos nos volvíamos a Luján", lugar en el que vivo. Y así fue nomás. El proyecto estaba programado para cumplir esos objetivos en tres años, pero se cumplieron en un año y seis meses. La etapa ya estaba terminada.

¿Por qué los objetivos se cumplieron tan rápido?

Los tiempos se aceleraron porque los triunfos que conseguía ese Central de Coudet me permitieron realizar cambios más profundos. Se hubiera complicado si la primera no hubiera andado bien. El mundo futbolístico hablaba de cómo jugaba ese Central del Chacho y el aura ganadora que había en el club permitía que se discutiera mucho menos todo lo que se hacía. Lo que pedía, me lo daban.

¿Cuáles fueron esos cambios profundos que debiste realizar?

Y... por ejemplo si había que cambiar una cancha para que tal divisional entrenara, no tenía resistencia. Tampoco tenía que andar a los empujones para hacerles entender a todos que había que tener una sola línea de la Rosarina. Yo decía busquemos calidad y no tanta densidad en el área de captación de los chicos y todos los dirigentes lo entendían. La Rosarina, después de AFA, es la categoría más competitiva de la Argentina. Cuando estuve en Central la idea era que las inferiores de AFA y la Rosarina estuvieran lo más equilibradas en todo sentido. Que los chicos tuvieran alimentación, vestimenta, elementos de entrenamiento y que realizaran los trabajos de campo en predios en condiciones. En ese sentido, no puedo decir nada de la directiva porque empezó a cumplir con todas las obras. Se hacía lo que pedía. Lo que estaba escrito y que debía cumplirse en tres años y medio, se logró en un año y medio. Además de la situación familiar que te conté antes, también les planteé a los dirigentes: ¿Y ahora qué quieren hacer? ¿Consolidar este rumbo o dar rápidamente un salto de calidad? Porque todo lo que escribimos en cuanto a la profesionalización de las áreas de inferiores, se hizo todo. Y como me contestaron que querían consolidarlo, les dije que lo hicieran con Lucas Maggiolo, quien había trabajado durante este proceso y sabía de su capacidad. Yo no me podía quedar en un espacio sólo a consolidar algo. Necesito ir en busca de desafíos de manera continua. Ahí llegaron Maggiolo y José Chamot para encarar un proceso en un club que ya estaba preparado y tenía una base de sustentación. En esos dos años en los que estuvieron no sólo les fue bien en el logro de resultados, sino en el perfil de jugadores que después estuvieron en la selección argentina y muchos llegaron a la primera como Lo Celso, Cervi, Montoya y Salazar, por citar algunos ejemplos. Después pasaron otras cosas, cambiaron de técnicos y todo lo que se había escrito en su momento se fue modificando. Pero en ese terreno no me voy a meter porque no estuve y tampoco seguí en contacto con gente de Central. Pero haber estado en un club tan grande como Central fue lo mejor que me pudo pasar. Afrontar ese desafío me dio todas las herramientas para asumir uno todavía más grande como es River. Central fue la universidad por la que tuve que pasar para llegar a River. Porque todas las situaciones que pasé en Central las tomé como un aprendizaje para llegar a un club de la magnitud de River.

¿Cómo quedó la relación con los dirigentes de Central?

Muy bien, impecable. Como cualquier persona que termina su trabajo y se va. Ellos intentaron retenerme, me preguntaron por qué me iba y cuando les respondí que necesitaba otro desafío porque veía que el proyecto ya no mandaba, lo entendieron.

En tu salida de Central quedó flotando la sensación de que no te fuiste por una situación personal o porque ya habías cumplido el objetivo, sino porque ya te había contratado River. También se dijo que habías sufrido un apriete de la barra brava y que aún en funciones en Central te habías reunido con gente de Talleres de Córdoba, que en ese momento estaba buscando un gerente deportivo.

No, me fui por lo que te conté. Se cumplieron los objetivos antes de tiempo gracias al ambiente triunfal que había provocado el equipo de Coudet. Se había creado un ambiente de tanta empatía en todas las áreas que lo que a un club le cuesta conseguir en más de tres años, a Central le costó uno. Ayudó mucho el gran conocimiento que tenía Coudet de lo que estábamos haciendo.

¿También se dijo que no había una buena química con Coudet?

No había una gran interacción entre Chacho y yo. Había identificación con lo que se estaba haciendo en las juveniles con la primera. Nos ayudó para cumplir con los objetivos, ya que la primera jugaba con un estilo que era el que nosotros pregonábamos.

¿Pero había una comunicación fluida con Coudet? Porque durante el proceso del Chacho, Central promovió algunos chicos de las inferiores, pero también se trajeron refuerzos que no rindieron.

La comunicación con Coudet tenía que ver más con la empatía que existía en la identificación y en el estilo de juego entre la primera y las inferiores. El Chacho me decía: "Yo juego así" y de esa manera evitaba todo tipo de confrontación porque era lo que yo quería. Es cierto que se trajeron muchos jugadores, pero ese equipo de Coudet también tenía la impronta de la cantera con la inserción de Lo Celso, Cervi, Montoya y Salazar.

En Central hoy pasa todo lo contrario. Entre Cocca y Kily González, técnico de la reserva, no hay relación.

Desconozco lo que pasa. Sí te puedo decir cómo se trabaja en River. Acá la reserva trabaja en conjunto con el fútbol profesional y el que baja la formación y el estilo de juego de la reserva es Gallardo. Está absolutamente integrada al proyecto. No es que el técnico de la reserva puede tomar decisiones independientes sin consultar con el técnico de la primera. Juegan los que baja Gallardo de la primera. La reserva es un sparring del primer equipo. No les damos mucha importancia a los resultados ni a la tabla de posiciones, porque muchas veces juegan cinco chicos con una edad y otros cinco que vienen de entrenar con la primera en la semana y después bajan a la reserva. Así es muy difícil conseguir el funcionamiento colectivo. A la reserva la utilizamos para darles minutos a jugadores jóvenes que entrenan con la primera y que Gallardo quiere ir sumándolos al equipo. La reserva funciona como una transición al primer equipo. Por supuesto competimos, pero si le podríamos poner equipo de transición se lo pondríamos. No se considera una categoría que tiene que salir campeón sí o sí. La presión que había en Central por los logros deportivos en juveniles, en River es nula.

¿Es un error asumir como una presión conseguir resultados en inferiores?

Hay que construir un carácter ganador. Que el jugador sepa que no es lo mismo ganar que perder. Por eso hay que ir acostumbrándolo a ganar. En River se forman futbolistas ganadores, pero no obligamos a ganar. Tampoco vamos a cambiar nuestra idea de juego por la obsesión de ganar un torneo en la reserva. River está cuarto en la tabla porque se enfrenta a futbolistas de otra altura, más fuertes y con otra genética que en edades formativas marcan diferencias. Pero esa situación no nos hace modificar el rumbo. El proyecto que comanda Gallardo es el que manda. Se toman todos los riesgos a pesar de las derrotas. Siempre incentivamos tomar riesgos porque estamos convencidos del rumbo institucional. En Central eso no pasaba porque como no se pudo conseguir un título con la primera, se valoraba mucho más lo que se conseguía en las inferiores, sobre todo cuando se ganaban los clásicos en las diferentes categorías. Era una manera de demostrar que el proceso de las inferiores estaba siendo exitoso. Acá ni Gallardo ni Francescoli supervisan resultados. No importa si se salió primero, segundo o tercero. Les interesa que el futbolista llegue formado como ellos quieren a la primera.

¿Es cierto que tenías mala relación con el por entonces tesorero de Central Roberto Fattal Jaef?

Se dijo eso también y nada que ver. Mantengo una buena relación con todos los dirigentes que estaban en ese momento. Rosario es una ciudad muy particular y Central un club gigante pero que tiene sus cosas. Hay un mundo en las redes sociales y un vínculo de preocupaciones continuas de saber qué va a opinar uno o el otro del trabajo de las personas. Así con todo. Cuando uno es profesional debe estar preparado para tomar decisiones y riesgos en cualquier ámbito de la vida. No puede circunscribir la decisión a la opinión de la gente. En algún momento reconozco que empezaron a pesar esas cosas y no es la manera en la que trabajo. En River yo no salgo en los diarios ni tengo popularidad. Tampoco la busco. Vine a un club en el que está todo bien delimitado. Los que salen en los diarios son el presidente, el técnico de la primera y los jugadores. No salen el utilero, el técnico de la 5ª división, el de la reserva, el director deportivo de las inferiores o el gerente deportivo. En Central la conducción o la organización política era más horizontal, más amplia. En River todo funciona en forma vertical. También cuando observé que esa horizontalidad iba a generar conflictos en el recorrido decidí dar un paso al costado con los objetivos cumplidos. Yo no me puedo hacer cargo de las cosas que se dicen de mí. Igual siempre le estaré agradecido a Central. Fue clave mi paso por ahí para que dos meses después me visualice River y me contrate. Cuando me contrataron me dijeron que empezara a hacer en River lo que había hecho en Central.

Bauza en una entrevista con este diario dijo que Lovera no sabía jugar al fútbol. ¿Coincidís?

Para lo que él buscaba de un jugador, no sabía jugar al fútbol. Y está bien. Por eso te digo que a mí me tocó entrar en Central de una manera muy cómoda y estaba seguro de lo que hacíamos porque el técnico era Coudet. Por el estilo, por lo que generaba en la gente el Chacho con el equipo y porque supervisaba que lo que estábamos haciendo abajo iba de la mano con lo que pensaba que debía ser la idea en las inferiores, todos la pasamos muy bien. Mi idea de juego no tiene nada que ver con el equipo de Bauza, pero él salió campeón de la Copa Argentina. Por eso te digo que cuando me fui de Central cerré la página. Cuando estuve en el club ayudé a construir jugadores que respondieran a la genética futbolística de lo que se veía en la primera con un técnico elegido por la dirigencia. Estaba todo ensamblado. Después no sé qué pasó. Eso sí, a todos aquellos que dudaron de mi capacidad les digo que a River no se llega por casualidad y menos estando un técnico de la talla de Gallardo como el líder del proyecto. Mucho más en el caso mío que vengo de Deportivo Merlo. No vengo de arriba para abajo. Habrá gente que valoró lo que hice en Central y otra que no. No me preocupa porque sé bien hacia dónde apunté cuando estuve en el club. Esa preparación, esos éxitos y honestidad me ayudaron a estar hoy en un club modelo como River. A mí lo único que me interesa saber hoy es lo que dicen sobre mi trabajo Gallardo, Francescoli y D'Onofrio. Otra información no consumo porque no me interesa que ingrese a mi vida. Las opiniones de mesas chicas o espacios pequeños que existen en Central me resultaban irrelevantes.

¿Qué te genera que hoy muchas personas del mundo Central sigan criticando tu paso por el club?

Tal vez se piense eso porque cuando estuve en el club tuve que tomar decisiones como prescindir de entrenadores a quienes no veía con la energía y dedicación o no estaban convencidos de la idea de juego para estar adentro de mi proyecto. Lo que hay que entender es que lo importante no era Grossi, sino el proyecto. El que cree que es al revés está equivocado. En River manda el proyecto. Obvio que sin Gallardo es difícil imaginar un proyecto tan exitoso. El día que no esté más Gallardo, el entrenador que venga deberá amoldarse a los valores, al estilo y a todo lo relacionado al proyecto delineado. Lo mismo pasará con aquel que me reemplace. El que venga no podrá hacer lo que se le ocurra. En ese momento en Central había un proyecto, que era el que mandaba. No eran ni Coudet ni Grossi. Cuando a mí me pareció que el proyecto iba a dejar de mandar porque iban a cambiar cosas que estaban por fuera de lo que se había escrito, me fui en los mejores términos. No quería ser partícipe de algo que no me identificara. Además, Maggiolo y Chamot eran dos personas que me inspiraban confianza para seguir trabajando en el club.

¿Cómo tomaste que Pascuttini haya declarado en una nota que las inferiores no se manejan con planillas Excel? Aludió a tu metodología de trabajo.

Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Cuando se habla de metodología no es más que decidir el modelo de gestión. La metodología es el espacio que le damos para preparar al futbolista. Está bien que Pascuttini haya declarado eso porque no tenemos la misma manera de gestionar. Ni en el modelo que llevamos adelante para detectar juveniles ni en el modelo de los predios utilizados para la estructura de inferiores. Tampoco en la organización interna o externa, de imagen de los jugadores y menos en la ideología de juego. Nosotros preparamos jugadores para que se desempeñen de una determinada manera. Es más, aquel que quiera conocer cuál es el modelo de Grossi no tienen más que mirar a River. Después existe un sector que se llama metodología del entrenamiento y eso deberías hablarlo con Maggiolo o el médico Juan Carlos Massa, por ejemplo, que saben más que yo. Lo que necesitaba era que el día que iba a ver a los jugadores al campo de juego, el estilo estuviera correctamente entrenado para lograr sostenerlo en lo físico, mental y futbolístico. Lo único que les podía decir: "Muchachos, acá se juega con esta idea de juego". Y con respecto a la metodología del entrenamiento era todo normal. No tenía ningún misterio. Siempre lo más importante es la idea de juego y construir un futbolista capaz de llevarla adelante.

¿Por qué en Central se discute tanto la metodología de Grossi?

Tal vez por desconocimiento. Realmente es intrascendente si alguno realiza un poco más de pesas o hace hincapié en la pelota parada. Se le da demasiado espacio a tal o cual metodología y se olvidan que lo más importante es el futbolista. Sin talento, no hay futbolista. Por eso para nosotros lo principal era la captación del talento y después lo demás. Obviamente que los predios estuvieran en condiciones para preparar a ese futbolista. La ecuación es simple: talento-cancha-ropa-pelota. En River hicimos eso en los primeros dos años y medio hasta que vino Gallardo y nos dijo que iba a empezar a bajar cada integrante de las distintas áreas de la primera para sumarse más directamente al proyecto. Marcelo como el principal responsable en el área futbolística, el profe en lo físico, el médico de la primera conduce el área médica y así hasta con el videoanalista de la primera. Los referentes de cada área de la primera división bajaron esa metodología para las diferentes áreas del fútbol menor. Pero esto pasó dos años y medio después de que ordenáramos los predios, la captación y tuviéramos todos los elementos y las herramientas para desarrollar el proyecto. Lo mismo que hicimos en Central. La diferencia es que en Central se cambió abruptamente y en River vino Gallardo a decirnos que quería dar un salto de calidad. Es más, el orden metodológico de Central empezó cuando agarraron Maggiolo y Chamot, que coincidió cuando se logró la Copa Challenger y también hubo resultados en las inferiores. En Central se le da mucha trascendencia a esos resultados. La profesionalización y el orden de los predios, que era todo un quilombo, y las estructuras más integrales arrancaron conmigo. Cuando los dirigentes nos posibilitaron que hubiera un tractor, 100 pelotas, los pibes correctamente vestidos y alimentados y los predios bien pintados, entonces sí vino la metodología de campo con una idea de juego que bajaba Chamot y la metodología físico-técnica era más un área de Maggiolo.

¿Cómo se mide un buen trabajo de las inferiores de un club?

Depende de cada club y de la política deportiva. En Central entiendo que un buen trabajo de las inferiores es apostar a que el equipo de primera tenga más del 50 por ciento de chicos formados en el club y sólo se traigan refuerzos de jerarquía para hacerlos crecer y no para sentarlos en el banco de suplentes. Y que el club los venda no por la necesidad económica, sino cuando tenga a sus reemplazantes también surgidos de abajo. Ese es un proceso exitoso en lo deportivo y económico. Porque ese chico nacido en el club pasa al once y desde ahí a una transferencia. El objetivo que nos propusimos en River es darle la mayor cantidad de sparring a la primera. Hoy andamos por un 40 por ciento, ya sea del equipo titular o primer cambio. Si llegamos al 50 sería el ideal. Porque tampoco con el nivel de competitividad que tiene River a nivel internacional se puede jugar con todos chicos de inferiores. En ese sentido, la idea de Gallardo es que sólo se contrate a jugadores de jerarquía para nutrir a la primera y que el primer cambio, en lo posible, sea un jugador del club. Ese es el proyecto deportivo de River. El objetivo es darle la mayor cantidad de sparring al primer equipo. En Central cada vez que decidía no firmarle un contrato a un juvenil era un problema. Por ejemplo, Franco Pedraza y Gabriel Morales, quien se terminó yendo a Rafaela. Como funcionamos en River. Cuando Gallardo decide que un juvenil empieza a ser sparring de la primera vamos y firmamos un contrato. En el mientras tanto no podemos hacerle firmar un contrato por cinco años a un chico por las dudas. Previamente lo hablamos con Gallardo y si nos decidimos sumar a un jugador a la primera, le hacemos un precontrato por un valor y le damos un viático. Recién le firmamos el contrato cuando, previa decisión de Gallardo, un Elías López, Santiago Soca o Rollheiser ya sabemos que van a jugar en la primera de River. No le hacemos un contrato por las dudas si viene alguien y se lo quiere llevar a Unión La Calera de Chile. Porque sino tengo a 25 muchachos trotando o dando vueltas para ver qué equipo lo viene a buscar y mientras tanto River le tiene que pagar un sueldo. Es un capital del club desaprovechado. Se le paga un sueldo a aquel que sabemos que va a llegar. Al resto lo ayudamos, pero no entramos en el apuro del representante, del padre, de la prensa o de los resultados. Esa presión no existe, existe la realidad. Lo único que existe es que cuando el entrenador de primera nos dice que a ese chico en dos semanas se lo lleva a entrenar con nosotros es porque ya lo convenció. Ahí se le hace contrato y pasa a ser un jugador profesional con el equipo profesional. El jugador que firma en River es porque se considera que, al menos, tendrá la posibilidad de jugar en primera. Cuál sería la ganancia para el club si firmamos 20 contratos con chicos que no sabemos si van a llegar a la primera. En todo caso, si el jugador se quiere ir, se hará un acuerdo con algún equipo para que se vaya y se cobrarán los correspondientes derechos de formación. Cuando llegué a Central había 20 chicos corriendo solos en la ciudad deportiva de Baigorria que Coudet no los iba a utilizar, pero que el club ya les había firmado el contrato. No hay que tener temor a tomar decisiones porque así perdés un montón de plata. Si yo hubiera tomado una mala decisión con esos chicos, hoy te acordarías de algunos de ellos porque estarían jugando en clubes importantes y la realidad me dio la razón. Lamentablemente ninguno pudo llegar a un lugar más importante que Central. Era sencillo de ver. Lo que pasa es que me tocó ser el malo y decirles que no tenían el nivel para la primera de Central.

¿Hubo algún chico que pintaba para llegar a primera y quedó en la nada?

Tengo dos situaciones que me gustaría explicarlas. Cuando uno trabaja en las divisiones formativas hay alguien que encuentra al chico pero después se va del club. Hay alguien que lo trabaja y lo empieza a formar y también se va. O como nos pasó a nosotros con muchos jugadores que estaban en la tercera división y se quedaron en esa transición a la primera y no llegaron. Con nosotros había jugadores categoría 94, 95 y 96 que estaban en esa situación, pero Central estaba muy desordenado. Con nosotros se ordenaron las cosas y al jugador le empezaron a poner nutricionistas, médicos, entrenaban en una cancha adecuada y se estaba en cada detalle para que se conviertan en profesionales. Si te fijás cuándo debuta esa camada en primera fue en el período en el que se profesionalizaron las inferiores durante el año y medio que convivimos con Coudet. Para que eso ocurriera tuvo que venir alguien y convencer a los dirigentes para que viajaran a buscar al mejor médico porque Lo Celso tenía un problema de lesión y había que solucionárselo. Les decía: "Muchachos, es el mejor. Hay que ponerle el mejor médico para que encuentre la solución a su problema y comprarle la mejor vitamina a Cervi. No salgan a buscar algo que alguien ya había traído”. A los chicos hay que potenciarlos con inversión. En Central me tocó esa transición porque estuve poco tiempo. En realidad, los que llegaron como Lo Celso, Cervi, Salazar o Montoya eran los que veía que iban a llegar. También se veía que Lovera podía llegar. En esa reserva jugaban Lo Celso y Cervi, que nosotros observamos que necesitaban condiciones profesionales para dar un salto de calidad. El primero que vio eso fue Miguel Russo. Eran futbolistas que Coudet los terminó de posicionar en el concierto internacional. Era una camada que venía desarrollándose lo mejor que podía, pero cuando le metieron organización, inversión y les trajeron un DT que los puso en cancha, hicieron boom. Por eso la captación es fundamental. Lo más importante es captar al jugador cuando tiene 11, 12 o 13 años, ya que a esa edad es cuando se disputan a los mejores talentos. El jugador puede llevar adelante un buen proceso formativo, pero si la transición a la primera no es la adecuada, el trabajo no tendrá el mejor final. Antes de que Gallardo lleve a un jugador a la primera, el chico atravesó una transición de 7 meses. No es que lo lleva después de una buena actuación en la reserva. Lo mejor que se hizo en Central fue cómo llevó Coudet esa etapa de transición con algunos juveniles que después formaron parte de la estructura estable de la primera. Porque los juveniles ya estaban en el club.

¿Por qué en la primera no tienen lugar los pibes de las inferiores?

Desde afuera la sensación es que en Central se priorizó salir campeón y todo lo demás pasó a un segundo plano. Se dejó de lado lo que se venía desarrollando con el proyecto nuestro a corto, largo o mediado plazo para sólo buscar terminar con los años sin salir campeón. Es una decisión institucional entendible. Basta de inversión y en ese perfil de proyecto en el que sólo se apuesta a una cosa en lo inmediato no podría trabajar. Fue un momento en el que sólo importó el campeonato cuando estuvo Bauza y gracias a Dios se consiguió. Esa necesidad se transformó en una obsesión y no hubo apuesta al proyecto de inferiores porque sólo importaba el título. Tal vez lo que tendrán que hacer ahora es volver a definir todo en un momento en el que no es sencillo porque ya no apremia salir campeón, sino que lo que está en juego es no perder la categoría. Cuando el único interés es salir campeón obsesivamente, no hay proyecto que valga. Cuando llegó Coudet no teníamos la obligación de salir campeón, sino que la prioridad era el proyecto con una idea de juego definida con futbolistas surgidos del club con una ideología determinada. Nosotros en la dirección formativa y Coudet como el técnico de la primera. Es lo que quería el club. Se quería salir campeón a largo plazo y con una idea pero no como un objetivo obligatorio. Después se dijo basta, llegó Bauza y salió campeón. Obviamente que River demuestra que se puede salir campeón con un proyecto detrás. Pero en River está Gallardo. Nuestro proyecto empezó 2 años después de que empezara a ganar cosas. Antes de nosotros había ganado tres títulos y desde que estamos nosotros, siete. Entonces se puede o no salir campeón con proyecto. Central interrumpió el proyecto nuestro por la obsesión del título. Ahora tendrá que encontrar de nuevo cuál es el rumbo que quiere tomar. Es un club que no tiene techo. Por la genética de los jugadores, por la posición geográfica de la ciudad, los predios, la popularidad. Son clubes sin techo, pero lo complicado es el día a día. En la cotidianidad deberían ser tan amigos como en el día del partido. Si durante la semana habría algún tipo de equilibrio entre todos los actores que integran el mundo Central, la cosa sería diferente. Pero me da la sensación de que eso no sucede. Me imagino lo que debe ser trabajar en ese ambiente y encima con la necesidad de lograr resultados por la situación con el promedio.

¿Es cierto que tuviste problemas con la barra brava?

Para nada. Nunca molestaron, nunca se relacionaron, nunca interfirieron en nada ni con un jugador de lo que hacíamos nosotros.

También se habló de que en tu etapa había muchos negociados.

Hay un mito urbano con respecto a eso. Pero en los 18 meses en los que estuvimos nadie de la hinchada ni nadie desde afuera me dijo o me insinuó poné a tal jugador de las inferiores. Sólo tranquilidad absoluta en el día a día. Eso se debe a que cualquier hincha por más bravo que sea averigua quién está. Cuando ocupás un lugar como el que ocupé en Central se averigua todo. Si sos honesto, ordenado, profesional o si está preparado. A mí no me molestó nadie. Ni siquiera había negociados con intermediarios, porque todos los jugadores que llegaban eran de proyecto.

Russo y Bauza, esencia de Central

"Si tuviera la posibilidad de volver a Central lo primero que haría es reunirme con Miguel Angel Russo y Edgardo Bauza para que me expliquen cómo funciona este club desde lo social, cultural, futbolístico y político. No importa, como en el caso del Patón, que no coincidamos en la mirada futbolística y en la construcción del perfil de un jugador. Eso no me inhabilita para asegurar que son las dos personas que mejor referencian a Central en los últimos 30 años. No pongo a Angel Zof porque no puedo hablar, ya que no viví su época dorada en el club ni lo vi trabajar. Russo y Bauza conocen cada rincón de Central y saben qué hay que caminar para conocer al club. Hablando con los dos hacés un curso acelerado para evitar las 200 trompadas que vuelan por todos lados cuando uno llega a Central y no lo conocés. Para mí esos dos apellidos significan Rosario Central. Si ellos te dicen algo, hay que hacerles caso porque es así", aseguró Grossi.

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