En el minuto 42 del segundo tiempo Arboleda tomó la pelota con ambas manos, la apretó y pidió el cambio de balón (en alusión a que estaba floja). Era la acción que confirmaba que Banfield estaba superconforme con el empate a esa altura sin goles (un par de minutos antes se había tirado al piso para que lo asistieran). Central no era una tromba ni mucho menos, pero manejaba algo mejor el balón, aunque sin inquietar. Pero de ese saque de arco llegó el mal despeje de Cristian González, el pase largo a Lenis, el cierre a destiempo de Brítez y el zapatazo del colombiano para fusilar a Ledesma. El partido estaba perdido. Pero minutos después llegó el gol canalla que no hizo más que ponerle justicia al marcador. Porque el 1 a 1 en el sur fue soporífero, lento, mal jugado y prácticamente sin acciones de riesgo. De un lado y del otro. Le valió el punto al canalla, pero le servirá también el aprendizaje de que lo que hay por mejorar todavía es muchísimo.





























