Con este tipo arquitectónico de vivienda muy compacta, de dos dormitorios con un
baño, cocina y estar, devenido de las transformaciones sociales, económicas, y consecuentemente
urbanístico-arquitectónicas de los comienzos del siglo XX en la Europa central, denominado
comúnmente "existent-mínimun", el gobierno democrático del presidente Juan Domingo Perón logró
consolidar la tarea de dar solución a la demanda habitativa migratoria del campo a la ciudad, a
mediados de la década del 40, de los sectores trabajadores en la Argentina.
Anteriormente, distintas experiencia puntuales en municipios de nuestro país lo
habían intentado con relativo éxito, como en Rosario el prestigioso Servicio Público de la
Vivienda, fundado a fines de la década del 20. Este modelo, que se aplicó en las zonas más urbanas,
tuvo su versión "chalet californiano" en las áreas más periféricas.
Cualquier pibe nacido en la década del 50 puede haber vivido en una casa como la
que está ubicada en Gálvez al 2700, obra recién acabada, atesorando seguramente recuerdos
imborrables.
En lotes que no excedían habitualmente los 100 m2, en este caso lindando con la
"vía del Central Córdoba", donde circulaban los trenes varias veces por día. Después de la vía, en
lo que hoy es la calle Virasoro, sólo se veían quintas y pastizales.
En la proximidad de los studs, con sus vareadores de caballos de carrera, que
caracterizaban el vecindario por la cercanía del hipódromo del parque Independencia, se podía jugar
en un pequeño patio, en una pequeña terraza y en las noches de verano en una pequeña porción de
vereda.
Estos reducidos y felices espacios privados, "pedacitos de cielo" que en esa
época parecían infinitos, en septiembre del 55 fueron surcados por las aeronaves de las fuerzas
armadas "argentinas", a muy baja altura, amedrentando cobardemente al pueblo rosarino para
consolidar la ignominiosa autodenominada "revolución libertadora", que suspendió por décadas un
proceso de identificación plena entre el pueblo, su gobierno y las políticas públicas.
Estas viviendas eran suficientes y necesarias para que una familia se
desarrollara dignamente, siendo posible también, dada la dinámica social y económica vigente,
cambiar de hogar si así lo necesitaba, créditos mediante sin indexación.
La vivienda, la salud y la educación fueron y son un derecho inalienable para
los sectores trabajadores, y estas necesidades deben tener su rango accesible o gratuito para los
más humildes. O la incidencia del salario trabajador en el PBI permite adquirir genuinamente estos
bienes y servicios, o el Estado deberá asistir públicamente la demanda.
El deterioro de la "cosa" pública nunca es responsabilidad del pueblo sino
siempre del modelo económico impuesto por los sectores dominantes, sus socios políticos de turno,
la patria contratista y los profesionales eventualmente necesarios para la legitimación
técnica.
No vale la pena abundar en estas aburridas historias conocidas. Actualmente el
gobierno nacional hace seis años que está empeñado en revertir esta compleja situación, con
resultados diversos.
Después de más de dos décadas de democracia contemporánea en la Argentina, la
solución todavía se está buscando, paciente y desconfiadamente.
Por otro lado, carecen de interés obsoletas muletillas sobre la falta de cultura
cívica, de capacidad de convivencia o de la falta de recupero, en los frágiles adjudicatarios de
los mal llamados "Fonavis" u otros planes de vivienda, sostenidos por los que quieren a los pobres
lejos de la vista.
El gobierno provincial, brazo ejecutor del fondo nacional, ha construido una
importante cantidad de viviendas (aproximadamente 30.000 unidades en los últimos 20 años) en todo
el territorio santafesino, concertadamente con comunas y municipios —grandes, medianos y
pequeños— en una gestión sostenida que debería tender progresivamente a obtener mejores
resultados, principalmente en ciudades de alta complejidad urbanística como lo es Rosario, donde
aún no se pudo implementar el Plan Federal de Vivienda en toda su magnitud.
El desafío actual abarca múltiples frentes, involucra aspectos de
financiamiento, gestión, localización, proyectos urbano-arquitectónico, tipologías, participación y
accesibilidad de los usuarios, articulación con las áreas de espacio público, equipamiento y
servicios, convivencia de distintos sectores sociales, calidad de la ejecución de obra y su
control, etcétera.
La disciplina arquitectónica e incluso otras técnicas y ciencias han consolidado
un conjunto de conocimientos, experiencias, estudios, investigaciones, patrones, propuestas
críticas, recomendaciones, etcétera, que están depositados en distintos ámbitos institucionales
locales a disposición de la comunidad y los entes públicos competentes.
La Universidad Nacional de Rosario, en sus distintas facultades (Arquitectura,
Ingeniería, Trabajo Social) constituye un puente natural al servicio de esta tarea constructiva
entre el gobierno nacional y el pueblo.
(*) Vicedecano de la Facultad
de Arquitectura, Planeamiento
y Diseño de la UNR