La ciudad

"Rafael Iglesia es uno de los hombres más destacados de Sudamérica de los últimos años"

El arquitecto paraguayo Solano Benítez, ganador del León de Oro en la Bienal de Venecia 2016, fue esta semana uno de los profesionales más importantes en el homenaje a su colega rosarino.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

El acto de homenaje que estuvo incluido dentro del 10º Congreso Rosarino de Estudiantes de Arquitectura (Crea) sirvió para dimensionar correctamente la figura y la influencia que conserva el arquitecto Rafael Iglesia, quien falleció hace justo tres años y se mantiene con una "clara referencia" y un auténtico "faro de resistencia" dentro del ámbito disciplinar latinoamericano. Así lo afirmó el paraguayo Solano Benítez, ganador del León de Oro en la Bienal de Venecia 2016, una de las personalidades más relevantes que participó del evento y una de las voces más representativas de este tipo de prácticas enfocadas en provocar reflexiones y debates éticos sobre el hacer arquitectónico. Durante toda esta semana, en el evento que se desarrolló en el escenario académico de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño (UNR), hubo destacados profesionales nacionales y del exterior que reconocieron el espesor cultural del aporte de Iglesia. "Para mí, el Rafa (así lo conocieron todos) fue una de las figuras más importantes en el hacer sudamericano de los últimos años", destacó sin vacilar Solano Benítez, en una entrevista que sirvió para conocer más en profundidad el legado de este inolvidable arquitecto rosarino. "Nosotros en Sudamérica hemos tenido aportes de carácter universal, con una calidad y una capacidad que se logró a través de la historia, pero que es muy difícil reconocerlo en lo cotidiano, cuando el factor tiempo no permite una cierta distancia. Ahí hay consensos en entender que las figuras de Paulo Mendes da Rocha, Oscar Niemeyer, y Vilanova Artigas, son figuras que han hecho un aporte significativo a la cultura arquitectónica mundial", explicó Benítez. Y advirtió que "en igual medida, y contemporáneamente, más próximos a nuestros tiempos, hay historias más compartidas, y figuras como las de Rafael Iglesia que sin lugar a dudas han sido un faro de resistencia ante en extravío de una disciplina que veía, y sigue viendo, a pasos muy acelerados, su claudicación en torno al crecimiento inmobiliario y a los grandes emprendimientos".

¿El legado de Iglesia fueron señales de atención, gestos de denuncia, o advertencias repletas de ironías?

—Fueron mensajes desde la profesión, mostrando que las mismas demandas pueden ser atendidas y satisfechas con una calidad extraordinaria, y que eso no significa otra cosa más que asumir con responsabilidad el compromiso de un hacer compartido, estructural, buscando y generando una mejor sociedad, un mejor lugar donde vivir, y desde donde aportar. Dentro de ese entendimiento, el Rafa significó una voz clarísima dentro de esa disputa en el territorio de la disciplina que hasta hoy sigue vigente.

¿Dónde apuntaba esa voz?

—En la mayoría de las universidades del mundo todavía aparecen dentro de la currícula académica el hacer inmobiliario, como un foco que las nuevas generaciones tienen que atender, porque están olvidando la ciudad, el urbanismo y la arquitectura. Dejando de lado todas esas posibilidades por satisfacer de una manera mucho más complaciente y más rápida las intenciones del mercado.

—¿La arquitectura es una herramienta para expresar esa rebeldía?

—Creo que la arquitectura sigue siendo el arte más importante y trascendente, porque conlleva en sí un acto de tiempo, en el hacer, en el pensar, en el ejecutar, en el compromiso. Nadie puede alcanzar maestrías sino es a través del tiempo que uno le dedica a esos haceres. Por eso, desde siempre se consideró a la arquitectura un arte mayor a la cultura, y la cultura un arte mayor a la pintura, y la pintura un arte mayor a la artesanía, porque está la esencia del tiempo y del compromiso de las personas con ese tiempo es lo que hace a la calidad final de una obra. No existen diferencias entre los seres humanos, salvo ese grado de compromiso, que es el que tuerce la expectativa hacia un lado o hacia otro.

A Iglesia le gustaba decir en las entrevistas: "No digan que no les avisé".

—(Risas) El Rafa era muy inteligente, y se tomaba una pequeña venganza, en el buen sentido, con la profesión. Porque era muy difícil levantarse siempre con la hinchada en contra, de manera permanente. Ir contra la corriente era algo que también necesitaba un esfuerzo extra y también una gratificación adicional para seguir adelante. En la medida que el Rafa acertaba con sus fuertes consideraciones, y que a nivel mundial señalaba a uno, o a otro, él se sentía plenamente emocionado y orgulloso de haber intuido que todo esto iba a pasar. Nos divertíamos mucho con sus frases.

En la Bienal que ganaste en Venecia, vos decías que te costaba pasar por un pabellón argentino que homenajaba a Iglesia. ¿Cómo está ese proceso de cicatrización sobre esa ausencia?

—El venir ahora a Rosario es como una suerte de volver a las fuentes. Tan interesanate como la presencia de Rafa. También es poder constatar en qué momento de mi vida estoy. Eso vuelve a montarse. Yo voy acumulando una cierta edad, tuve algunos desajustes de salud, y sin embargo hay cosas que se vislumbran con más razones, con mucha más claridad. Es elevar el nivel de contraste y observar mejor todo. Hay una frase muy común en nuestra disciplina que se repite: "representa o simboliza nuestro tiempo". O hablan de una obra que "celebra el presente". Para mí es muy difícil enteder eso, porque en realidad ninguna obra no puede celebrar el presente. Nadie puede construir en el futuro, y el pasado nunca termina de cambiar. Entonces seguimos teniendo el presente, que sin dudas debe ser mojonado y cualificado. Por eso vine a Rosario con hambre y sed de grandes amistades. Y por eso es mucho más importante participar de un evento de estudiantes, que en uno organizado por una estructura académica. Acá es donde hay que dar el principal aliento.

En los primeros años de su carrera, Iglesia no tenía mucha participación dentro de esta facultad. Luego consiguió ese lugar. ¿Qué creés que le diría hoy a estos estudiantes?

—(Risas) Podría estar en severos problemas. Hace poco, recordando algunas frases de él, me acordé de una que decía "la arquitectura es como la relación con una mujer, para que pasen cosas interesantes, había que aprender a perderle un poco el repeto". Eran frases extraordinarias para repensar, y que venían con un inconfundible toque irónico, que siempre cambiaba el ángulo de visión y emocionaba en su decir. Pero queda claro que hoy sería muy difícil decir eso en público. Seguramente, por su inteligencia, estoy seguro de que hubiera encontrado una nueva manera de decirlo, sin generar rechazo. Yo creo, que hoy al Rafa lo hubieran domado bastante (otra vez risas). No tengo dudas de que habría conservado el humor, pero no habría podido hacerlo de la misma manera. Esa frase apuntaba a otra cosa, a una cuestión de atrevimiento frente a la disciplina, como base para poder operar y producir cambios trascendentes en la arquitectura. Eso es lo que promovió siempre el Rafa.

Fanático de Fontanarrosa

En su juventud, las referencias de Rosario que tenía Solano Benítez eran los discos de Fito Páez, y sobre todo su admiración por Roberto Fontanarrosa.A sabiendas de que quería conocer al escritor, le prepararon un encuentro inimaginable. "Durante una charla en la facultad me dicen que tenía que salir. Tuve que hacerlo escondido del decano; me llevaron en auto. Al bajar, no me dieron tiempo de mirar dónde estaba. Pensé: gente extraña estos rosarinos", recordó el paraguayo. Y amplió: "Entré al lugar y exclamé: ¡es Fontanarrosa! El Chelo Molina me dijo que me estaba esperando. Yo no lo podía creer. Me acerqué a esa mesa y el tipo me dice: ¿qué hacés paragua? Lo abracé y charlamos. Sentí que tenía que impresionarlo para empezar algún tipo de relación. Después apareció un extraño personaje. Apurado, malhumorado, hablamos muy rápido, y ahí el Rafa me dijo que conocía cosas mías. La siguiente vez fue en Asunción. Así comenzó una relación fuerte que estoy homenajeando".

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