"No lo queríamos matar, solamente no pagarle el viaje. Se enojó, me manoteó el
pantalón y le clavé los puntazos". Carlos Sánchez Ortiz confesó de este modo cómo asesinó al
taxista Sergio Oberto la madrugada del jueves en cercanías del barrio Casiano Casas. El joven de 18
años quedó detenido junto a un cómplice, un menor de 17 que apodarían Pipón y que estaba con él en
el momento del asesinato. El homicidio disparó ayer un paro general que dejó a Rosario sumida en el
caos. El taxista, de 50 años, estaba casado y tenía dos hijos, Marcelo, de 24; y Geraldine, de
19.
Los dos detenidos estuvieron anoche hasta altas horas en Tribunales. La policía
los había cercado poco tiempo después del homicidio. Los hallaron en sus casas, adonde llegaron
tras las pistas que habría dado un testigo. Más tarde, en la comisaría 10ª, Sánchez Ortiz se quebró
y narró paso a paso los momentos previos a la muerte de Oberto, hecho que ayer motivó un paro
general que dejó a Rosario sumida en el caos.
Según le narró una calificada fuente a LaCapital, la trágica noche que culminó
con el asesinato de Oberto comenzó a gestarse en la plaza Alberdi. El relato que brindó este
portavoz fue contrastado con otros dos, y todos fueron coincidentes.
La noche del jueves, Sánchez Ortiz y Pipón estuvieron por un largo rato en la
plaza matizando su charla con varias cervezas a las que les agregaron algunas pastillas de Rivotril
(un ansiolítico). Pasada la 1, decidieron emprender el regreso. Y por allí aparecióOberto a bordo
de su taxi, un Fiat Siena que manejaba desde hace un año como peón.
Los jóvenes subieron y le dijeron que los llevara hacia el barrio Casiano Casas.
El destino sería en cercanías de las calles Washington y Laplace. Pero cuando el Siena llegó al
lugar, todo se precipitó.
"Nos quisimos bajar sin pagar y el tipo se puso como loco", habría recordado
horas después Sánchez Ortiz cuando los efectos del cóctel de Rivotril y cerveza cedieron y le
permitieron recordar los sucesos con mayor claridad. "Pipón abrió la puerta y se bajó corriendo",
recordó el muchacho.
Y si bien quiso imitar a su amigo, Sánchez Ortiz no alcanzó a descender del
auto. "Cuando yo quise bajar el taxista me agarró del pantalón y me empezó a decir que le pagara.
Forcejeamos y ahí saqué la sevillana y se la clavé", habría admitido el hombre —que cuenta
con antecedentes por delitos contra la propiedad— horas después: primero en la comisaría 10ª,
y pasadas las 23 ante el juez de Instrucción Nº 7, Juan Donnola.
Después de aplicarle los puntazos, el homicida bajó del auto y comenzó a correr.
Adentro del Siena, Oberto quedó en estado agonizante ya que uno de los puntazos le había dado en la
yugular. Herido de muerte, el hombre intentó seguir a Pipón, pero su estado se agravó en cuestión
de minutos y terminó chocando contra el frente de una casa de Rauch al 1300.
Sánchez Ortiz y Pipón se fueron a sus casas. La policía los encontró durmiendo.
Mientras tanto, los compañeros de Oberto pasearon su bronca por el centro y horas después la ciudad
quedó paralizada por decisión de la CGT. Paradójicamente, la misma entidad nada hizo la semana
pasada, cuando se murieron cuatro albañiles en obras en construcción.