La ciudad

Las líneas amarillas que unieron a un rosarino con aviadores heroicos

Su pasión es pintar acciones de combate en Malvinas, pero un detalle lo hermanó para siempre con quienes pelearon allí a bordo de los aviones argentinos

Domingo 10 de Junio de 2018

En el marco de la Convención de Escritores Malvineros, que se desarrolla hasta hoy en la ciudad, surgieron diversas historias artísticas atravesadas por el conflicto que vivió el país en 1982. Ellas confirman que, casi inadvertidos, puede haber en cualquier ámbito diario un héroe de Malvinas o alguien que vive el recuerdo tan nítidamente como los veteranos de guerra.

Luis "Tucu" Cervera, piloto retirado y combatiente en la guerra de Malvinas, contactó al trebolense Alberto Nassivera tras ver uno de sus dibujos en las redes sociales. Además de elogiarlo, le hizo una corrección: las bandas amarillas que Nassivera había pintado en un A4-B Skyhawk no se condecían con la fecha del retrato.

"Yo pintaba basado en lo que leía", cuenta Nassivera, y detalla: "Quise representar una escena de Alfredo Vázquez (rosarino muerto en combate en Malvinas). Pinté su avión y le puse unas bandas amarillas que se habían empezado a implementar para que la propia Fuerza Aérea identificara rápidamente a un avión argentino".

Sin embargo, el Tucu le marcó el error: "Me dijo que para el momento de la escena que yo retraté, esos aviones se habían repintado y las bandas amarillas ya no estaban más, porque los ingleses identificaban a los aviones argentinos en base a ese detalle".

Luego de algunos comentarios más, Nassivera le preguntó a Cervera si podía continuar consultándolo sobre los detalles de las escenas. El veterano le dijo que no había ningún problema.

A partir de allí, el artista, quien tiene como profesión las cobranzas de una droguería rosarina, se convirtió, sin rótulo oficial, en el retratador de los veteranos pilotos de Malvinas.

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El hombre se considera "absolutamente amateur; básicamente, soy pincel y colores". Y grafica en pocas palabras que momento de ocio que encuentra es sinónimo de pintar y dibujar: "Si tengo cinco minutos, pinto; si tengo diez, pinto. Y los fines de semana mi familia me tiene que aguantar".

La primera corrección que le hizo Cervera, cuatro años atrás, desembocó en que otros veteranos se contactaran con este cobrador rosarino con manos de artista plástico: "Se fueron agregando. Cervera nunca me contó cómo se propagaron mis cuadros".

En la actualidad lleva pintados "no menos de 80 cuadros", sólo de la temática Malvinas.

"Tuve la muy extrema fortuna de que los pilotos veteranos vieron mis obras y se prestaron a aportar cuestiones cruciales. Entonces yo empecé a pintar basado en hechos muy concretos y reales que ellos me describieron", explica.

Entre los detalles que Cervera compartió con él, hay una servilleta hecha "en forma de mapa" por el veterano, que agrega épica al relato. El arte de Nassivera trasciende la ciudad y la provincia, a tal punto que, según cuenta, el último de los veteranos que lo contactó fue "Daniel Gálvez, un salteño que vive en Córdoba y que llegó a ser comodoro. Cuando vio lo que yo hacía, se vino a visitarme y nos reunimos a charlar y a contarnos cosas. Fue jefe de la V Brigada, ubicada en San Luis".

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Garabatos y detalles

Con humildad, opina que debe "haber caído muy bien" entre los ex combatientes ya que, considera, "personas que me parecían inaccesibles, se brindaron muy espontáneamente. Me siento un privilegiado que me hayan contado tantas cosas".

La irrupción en la temática de Malvinas fue luego de que la carrera amateur del cobrador serpenteara por diversas aristas, desde paisajes, rostros y figuras humanas hasta pintura abstracta. "Hasta que un buen día, me atrapó Malvinas", sintetiza.

"A partir de una simple corrección, Alberto comenzó a retratar los testimonios de pilotos veteranos de Malvinas"

El hombre, antes de plantarse y definir el cuadro, garabatea entre 20 y 30 veces: "Diseño en mi cabeza y las manos trabajan. Algunos borradores me llevan dos minutos y los descarto, mientras que otros me llevan 20 minutos o media hora".

Si bien cuenta con experiencia en el campo del arte, las lecturas previas son clave para comenzar sus borradores. Asegura que desarrolla más de un tema en simultáneo y que prefiere esquivar la realización de una pintura única para ir en búsqueda de una serie de ellas, que formen una producción completa.

Gracias a todas las pinturas y los relatos de los veteranos de guerra, Nassivera pudo editar el libro "Malvinas: historias en colores". Y afirma que tiene mucha más información que, con ayuda, podría volcar en una nueva y más amplia publicación.

"Ese día estaba más nublado", "el suelo estaba salpicado por pequeños charcos", "había nieve". Con esos y más aportes gráficos que los ex pilotos le brindan para que ejecute los cuadros de la manera más fiel posible, los veteranos se convierten en partícipes directos de las pinturas.

Emociones

"Ellos dieron lo máximo que puede dar un ser humano por la patria. Muchas veces se los considera como pobre gente, y a mí me gustaría que conversaran con ellos: se sienten orgullosos de haber servido a su patria", reflexiona Nassivera al hablar del hambre, el frío y la inferioridad técnica y numérica que padecieron los argentinos.

Las percepciones emocionales son el combustible primordial para que el artista pueda generar las obras que reflejen, aunque sea un poco, las vivencias presenciales que atravesaron los veteranos de Malvinas.

"Hay cosas que te cuentan y que sirven mucho para volcar una situación a una pintura. Por ejemplo, la segregación de adrenalina, con temperaturas muy frías dentro de la cabina del avión: ellos estaban bañados en transpiración por el momento que estaban viviendo", narra con emoción.

Y añade: "En la postura de un cuerpo o en la maniobra que está realizando la aeronave, muchas veces el dramatismo está por demás de evidente".

El destino de los cuadros

El cobrador hizo, semanas atrás, una exposición de algunos de sus cuadros en la Biblioteca Nacional de Aeronáutica, en la Ciudad de Buenos Aires. Los miembros y hasta el director del lugar quedaron tan impresionados con las obras del rosarino que, con sorna, le dijeron que podría donar los cuadros porque "es una lástima que los lleve de un lado para otro, y se van a echar a perder".

Si bien a Nassivera no le "desagrada" la idea de donarlos, determinó que lo hará "siempre y cuando se tengan en exposición. Para que estén guardados, los guardo yo, que los tengo preservados como corresponde".

"Algunos puntuales los he regalado a algunos pilotos; otros, muy pocos, me los han comprado", cuenta quien prepara una nueva colección "de 10 o 12 cuadros" sobre el teniente Alfredo Vázquez, rosarino que falleció en combate en Malvinas el 8 de junio de 1982.

Ahora, sus cuadros trascendieron la frontera internacional: "Llevaron dos cuadros míos a un museo de Miami, uno de ellos para subastar en julio". Entre risas, afirma que no sabe "qué puede resultar" de esa subasta.

Dos líneas amarillas dieron paso a más de 80 cuadros, a trascender todo tipo de fronteras y a permitirle al cobrador de una droguería a poder despuntar el vicio del arte codo a codo con los pilotos veteranos de Malvinas.

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>>> La desconocida historia en la guerra del portero del sindicato

Una de las sedes de la convención fue el Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas, donde trabaja como portero Eleno Borba, quien se mueve, presuroso, para abrirle las puertas a La Capital.
Esos mismos pies, con un atisbo de incertidumbre, pisaron Puerto Argentino a las 22 del 1 de abril de 1982 y le dieron a Eleno una imagen que nunca olvidará: en el mismo momento en que su calzado se incorporaba a la geografía de la isla, la ciudad se sumió en la oscuridad total.
Lo curioso es que su historia, trabaja en el sindicato desde 1990, se conoció hace pocos días. El hombre, nacido en Formosa hace 59 años, jamás había contado que participó del desembarco en las islas como parte de la Agrupación de Comandos Anfibios de la Infantería de Marina.
"Siempre me va a quedar grabado que cuando pisé la isla se apagaron todas las luces de Puerto Argentino", asegura. Los estaban esperando.
Al momento del desembarco, tenía 21 años y estaba haciendo el curso de comandos anfibios: "Eramos dos fracciones y yo estuve en la que se volvió al continente a cuidar los aviones Súper Etendard, en Río Gallegos".
Antes de volver, se dirigió al cuartel de los Royal Marines (infantería de marina británica, encargada de la seguridad de las islas) mientras que el otro grupo fue a la casa del gobernador. Allí se produjo la primera baja argentina del conflicto, la del capitán Pedro Giachino. Borba cuenta que su fracción iba a volver a Malvinas, pero al cortarse el puente aéreo, ya no pudieron hacerlo.
Fiel a su modestia, asegura que sus compañeros que estuvieron en las islas, son sus héroes.

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