Cintia Díaz, la única sobreviviente de la picada mortal que terminó con la vida de su hijo y su esposo, convocó a los ciudadanos rosarinos a concentrar este miércoles en Ayacucho y avenida Del Rosario, la esquina donde sucedió el siniestro, en pedido de justicia. La cita será a las 19.30 con la consigna “Justicia por Valen y David”, a casi dos semanas de sucedida la tragedia que provocó la negligencia de dos amigos, Pablo M. y Germán S., que venían corriendo carreras a la temeraria velocidad de 132 kilómetros por hora en una intersección transitada de la zona sur, a las 12 de la noche y sin que queden en el lugar marcas de frenadas.
“Vamos a estar en el lugar del asesinato, porque eso es lo que fue, pintando una estrella, pidiendo que se aplique la máxima pena para los dos y todos los involucrados. Quiero que las leyes sean más duras, que cambie algo, porque así no se puede más”, dijo la mujer a La Capital. Y pidió en ese sentido que “la gente tome un poco de conciencia, porque no puede ser que corren, cometen infracciones, les sacan el carnet y al tiempo se lo dan de nuevo y vuelven a lo mismo”.
La convocatoria es abierta a “toda la gente que sienta el dolor de que te arrebaten un hijo, porque no es que murió porque tuvo una enfermedad, a Valentino me lo arrebataron”, comentó con angustia. “Hoy me pasó a mí, que siempre lo vi desde la vereda de enfrente. Te puede pasar a vos y sin buscarlo, porque nosotros íbamos a dejar el nene a lo de mi mamá para ir a trabajar”, refrendó. Su llamado es “para que los que quieran salir a correr y boludear con el auto lo piensen la próxima vez, porque las consecuencias van a ser graves”.
En el violento impacto entre el Renault Sandero que manejaba Germán S., quien sigue internado en terapia intensiva con custodia policial producto de las heridas, y el Citroën C3 en el que iba la familia, fallecieron David Pizorno (42) y su hijo Valentino (8). En tanto, la Fiscalía cree que Pablo M., quien iba a bordo de un Citroën C4, también llegó a tocar y desestabilizar el coche de las víctimas antes de la colisión fatal. Los investigadores se basan en el testimonio de la víctima y golpes en la carrocería del rodado, y para ello se ordenó una serie de pericias técnicas sobre las imágenes de video captadas en el lugar. “Los dos son igual de responsables, porque venían corriendo carreras”, lanzó Cintia.
“Hay más gente involucrada. Amigos de ellos que quisieron interferir sacando cosas del auto para encubrirlos”, agregó. Un testigo presencial que declaró en la causa contó que M., que se encuentra con prisión preventiva por el plazo de ley y fue imputado por homicidio simple con dolo eventual (un delito que tiene de 8 a 25 años de pena en expectativa), siguió algunos metros luego del choque, dejó su vehículo estacionado y volvió al lugar del hecho sin revelar que había participado de la picada que arruinaría una familia. Esto sucedía, apuntó el testimonio, mientras sus amigos se introducían en el Sandero destruido e intentaban sacar un bolso o un celular, hasta que fueron advertidos y la policía los hizo alejar del auto. “Si estuvieron ahí no fue para ayudar, sino para sacar u ocultar información”, opinó Díaz.
Luego, el hombre de 36 años, padre de dos niños y con otro en camino, fue a la comisaría 15 y denunció que había visto un siniestro, pero omitió decir que había participado en él. Finalmente terminaría apresado. La reconstrucción que pudo hacerse de esa noche arrojó que ambos acusados, amigos de la infancia que fueron juntos al colegio Cristo Rey y jugaban en el mismo equipo de fútbol amateur, se habían juntado a comer en una cancha de paddle de la zona y se dirigían a la casa de M., ubicada a unas 15 cuadras, a jugar a la Playstation. En el camino, por razones que solo ellos conocen, decidieron poner los dos autos uno junto al otro y pisar el acelerador a fondo durante entre 300 y 400 metros.
Recuperación
La mujer de 33 años recibió este domingo el alta en el sanatorio donde estaba internada, y deberá enfrentar ahora una lenta recuperación por los golpes que sufrió el viernes 20 de marzo. Le colocaron una placa con 8 tornillos en el brazo, en el que deberá llevar un cabestrillo que se lo inmovilizará durante bastante tiempo, sufrió fisuras en varias costillas y tiene moretones y heridas en todo el cuerpo. “Ya estoy con la familia, tratando de curar las heridas con el cariño de la gente cercana”, comenta mientras repone fuerzas desde la casa de sus padres.
La sobreviviente admite que trata de no ver noticieros ni leer diarios, porque cada paso en la casa paterna le trae recuerdos de su hijo. Pero aprovechó la oportunidad para agradecer a Alejandro, el hombre que la asistió luego del choque y que ayer prestó testimonio a este diario: “Estoy eternamente agradecida por cómo se comportó y me acompañó. Me hablaba y contenía para que yo no volviera al auto, porque quería ver a mi hijo y mi marido”, recordó.
Sobre los dos acusados por el hecho, dijo que “no me sirve de nada que se mueran, porque no van a pagar lo que hicieron. Que estén presos y pasen hasta el último día cumpliendo el castigo. Hoy lo que me moviliza y me da fuerza es el pedido de justicia para tener un poco de paz. Ojalá que no sea en vano y marque un punto de inflexión para un cambio”, se esperanzó. Y apuntó contra la familia de ambos conductores: “Son cómplices, porque en ningún momento se acercaron a pedir disculpas ni dar el pésame. En ese lugar es lo primero que haría por un error de mi hijo. Es una cuestión de ética y moral. Esa es la clase de personas que son”, disparó la viuda de Pizorno.