Para los rosarinos sin auto particular o que en determinadas ocasiones optan por no utilizarlo, arribar a tiempo e incluso a destino dentro del ejido urbano se vuelve un asunto crítico según refieren constantemente los usuarios de colectivos, que cuentan con pocas frecuencias y, fundamentalmente, de taxis, un servicio muy escaso por estos días. Por eso algunos grupos de mujeres ya se organizan a través de redes virtuales y aun sin conocerse para compartir vehículos en horarios y trayectos habituales que realizan por motivos laborales, por ejemplo. O para moverse fuera de Rosario con la modalidad del carpooling (pagando los gastos de nafta y peaje entre todos los ocupantes), lo que los beneficia además en la previa del viaje: al pautar la salida desde puntos céntricos o cercanos a sus hogares, evitan tomar taxi o colectivo hacia las terminales de micros o de trenes. Esto se vuelve especialmente relevante de la noche, cuando hay menos unidades del servicio público, y una persona puede quedar horas varada en una esquina con su equipaje.
El modelo nació durante la segunda guerra mundial en países anglosajones a causa de la escasez de combustible, y luego se popularizó entre viajeros que lo eligen para desplazarse entre ciudades porque es barato, seguro y eficiente. La aplicación más importante a nivel nacional, Carpoolear, fue creada en 2013 por la organización ambientalista rosarina STS con el objetivo de reducir la cantidad de autos en las rutas y avanzar hacia una movilidad sustentable. Ahora quieren también que funcione en el marco de la trama urbana, es decir para favorecer que los vecinos se desplacen entre los barrios, ya que al haber menos autos disminuye la contaminación con gases de efecto invernadero, cuenta María Sánchez, profesora tucumana residente en Rosario desde hace tres años. Para ello desde Carpoolear necesitan reformar la aplicación para ofrecerles a los potenciales usuarios un mapa de calles; sucede que como son una ONG sin fines de lucro ni financiamiento todavía no pudieron cumplir con esa meta (al actual sistema informático lo diseñó un programador profesional en 2017, a quien le pagaron con fondos provenientes de un premio que ganaron).
“Nos gustaría implementar los viajes dentro de cada ciudad, pero no tenemos alguien que nos ayude a hacerlo. Necesitamos contar con una persona voluntaria para el área de sistemas y con un programador que colabore ad honorem o freelance. Ahora estamos con una búsqueda (en www.carpoolear.com.ar/freelance)”, agrega Andrea Camorino, periodista y activista en la organización socioambiental STS.
De sumarse esta alternativa, los rosarinos contarían con otra opción para moverse colaborativamente en un contexto de falta de disponibilidad de unidades del servicio público e incluso de medios de locomoción para conectar puntos distantes de la ciudad (trenes, subtes y hasta transporte fluvial).
La experiencia de las mujeres
En 2018 la cantante lírica Ledy López creó una comunidad cerrada solo para mujeres e identidades feminizadas en la red social Facebook. Por su actividad, debía viajar asiduamente a Buenos Aires, y cuando descubrió el sistema de carpooling se transformó en una pasajera frecuente y en una propagandista de sus ventajas. Pero un día una colega le dijo: “No, yo no me subo a un auto manejado por un hombre o donde el grupo de viajeros sean todos varones”. Así nació “Amiga, hermana, viajamos juntas”, que a la fecha registra unas 12.500 usuarias. Entienden que compartir vehículo es más económico y sustentable, pero sobre todo les interesa moverse seguras y no sufrir violencia de género.
Si bien los corredores más solicitados son Rosario- CABA y Rosario- Córdoba (a la capital de la provincia vecina y a Capilla del Monte), “también nos trasladamos dentro de la ciudad: hay algunas conductoras que viajan recurrentemente, por ejemplo al centro desde Funes o Fisherton de lunes a jueves por trabajo a la misma hora. Cosas así han surgido y quedaron como traslados fijos. Lo mismo sucedió con San Nicolás”, recuerda López, oriunda de Chile. Por una cuestión de autocuidado y de prevención de la violencia, en la red hubo requerimientos de remiseras o conductoras que hicieran traslados en tramos cortos (siempre compartiendo los gastos, sin fines de lucro), pero la plataforma no permite resolver rápidamente este tipo de viajes. “Me han preguntado por qué no transformo el grupo en una aplicación, la realidad es que eso se paga y es mucho dinero. Generarlo y mantenerlo. Escapa a mí en este momento, por eso lo sigo a través de Facebook”, continúa la joven de 33 años.
Las integrantes de “Amiga, hermana” se organizan para moverse entre vecindarios, aunque cuando deben resolver un traslado corto o urgente recomiendan la aplicación She Taxi dado que tiene mujeres al volante (250) y determinados cuidados hacia las pasajeras. Este servicio local nacido en 2016 cosechó tal nivel de demanda que mensualmente se queda sin absorber 50 mil viajes, contó su titular, María Eva Junco, lo que expresa la necesidad en Rosario de otro tipo de movilidades, que las tradicionales no llegan a cubrir.
Tanto Carpoolear, que tuvo el pico de viajes en el verano de 2020, el último prepandémico, como “Amiga, hermana” y otros grupos mixtos de carpooling por Facebook, solo hacen de nexo entre quienes necesitan trasladarse y los dueños de los vehículos, luego los arreglos se concretan por privado entre las partes. En la comunidad de mujeres además se anuncian iniciativas gratuitas de movilidad compartida en bicicleta o caminatas, así como encuentros entre las conductoras. Por último, también se han garantizado traslados de mujeres en situación de violencia, incluso desde otras ciudades, o de aquellas que necesitan mudarse o salir de un lugar rápidamente porque están en peligro. “Apelamos a la solidaridad y a la sororidad”, concluye Ledy López, vecina de Rosario desde hace 15 años.
En primera persona
“Uso el sistema de carpooling desde hace tres años para ir a Buenos Aires ya que mi papá vive allá y mi mamá en Rosario y no tengo auto ni manejo. Por lo que cuentan, mucha gente viaja a ver a sus parejas, se queda el fin de semana y se vuelve con el mismo conductor. Ya casi no viajo en colectivo, salvo que tenga una urgencia. Entonces voy a la terminal y me sacó un pasaje para media hora después: hay bastante frecuencia, excepto en fechas festivas en las que la terminal está explotadísima", contó a La Capital Valentina Garamona, de 21 años
La joven, sumó: "En carpool arreglo con dos o tres días de anticipación, incluso un día antes porque los conductores suben los viajes a último momento. Es más económico que viajar en micro. En la pandemia lo que cambió es que la gente arriba del auto se deja el barbijo todo el tiempo aunque si pedís permiso, y el resto de los pasajeros está de acuerdo, te lo podés bajar. Dónde me dejan depende de dónde el conductor termina el recorrido. Eso lo vas arreglando en el camino, conversando, hay un nivel de incertidumbre mayor que si vas en colectivo. De última el auto te deja en el medio de la ciudad y no en Retiro. La última vez que viajé me bajé a 20 cuadras de mi casa, me tomé un subte y me fui, ya que el subte está abierto hasta las 11 de la noche. Me encantaría viajar en tren porque nunca lo hice pero siempre está agotado. Aunque dura más, es más barato y vas viendo otro paisaje”.