El Mundo

Las huelgas en España, un dolor de cabeza para el gobierno de Zapatero

El Ejecutivo ibérico vivió una semana negra con el caos en las rutas y el desabastecimiento. La oposición criticó su inacción frente a los paros y por el deterioro de la economía

Domingo 15 de Junio de 2008

Madrid. — Carreteras colapsadas españolas, estantes de supermercados vacíos, la producción de automóviles suspendida, camiones en llamas y la oposición recriminando al gobierno haber reaccionado tarde a una situación que mantuvo en vilo al país y dejó un muerto: la que finaliza fue una "semana negra" para el presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

El jueves se cumplieron dos meses desde que el pasado 12 de abril asumió al frente del gobierno por segunda vez consecutiva tras haber revalidado su victoria en las elecciones generales del 9 de marzo. Y si su primera legislatura estuvo marcada por una fuerte crispación con el Partido Popular (PP) por el diálogo con la organización terrorista vasca ETA, en poco tiempo se ha visto ya que su segundo mandato no será un camino de rosas económicamente hablando: la crisis mundial hace mella en el país y los sucesos de esta semana lo dejan claro.

Carestía y desempleo. Pese a la situación económica de España, donde el consumo se resiente y se acumulan indicadores negativos como el aumento del desempleo y el de la inflación y la caída de la confianza de los consumidores, Zapatero y su gobierno se resisten a hablar de crisis y recurren al término "desaceleración pronunciada", aunque al vicepresidente económico, Pedro Solbes, se le escapó esta semana en una ocasión la palabra maldita. "Usted sigue con la idea pueril de que lo que no se nombra no existe", le espetó el miércoles el portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, a un Zapatero que acababa de saber que la inflación interanual registró en mayo, con un 4,6 por ciento, su récord desde 1995, y que tenía las carreteras colapsadas por transportistas que denuncian que el fuerte encarecimiento del precio del combustible los hace trabajar en muchas ocasiones por debajo del precio de costo.

Los huelguistas desean que el gobierno les garantice tarifas mínimas ya que de lo contrario, sostienen, no pueden competir con las grandes empresas del transporte por carretera, mejor preparadas para afrontar el encarecimiento de los combustibles como el diésel, que aumentó un 36 por ciento.

La huelga ha sido un duro golpe para el Ejecutivo español. De alguna forma, la "desaceleración pronunciada" de la que habla el gobierno tomó cuerpo y cara y los estantes de alimentos frescos vacíos en los supermercados a causa del desabastecimiento producido por el paro recordaron incluso a los más optimistas que la situación por la que atraviesa España no es ya la de hace unos años.

La suspensión de la actividad en la industria de la construcción de automóviles por la falta de suministros derivada del colapso en las autopistas no ayudó desde luego a animar esa economía que según el PP está "paralizada". Y, aunque paralizada no está, lo cierto es que después de 13 años de crecimiento continuado, en abril el gobierno de Zapatero se vio obligado a rebajar en ocho décimas la previsión de crecimiento que tenía para este año, situándola en el 2,3 por ciento, el mismo que espera para 2009.

Menor crecimiento. Los precios internacionales del petróleo no son además el único problema que tiene España. La ralentización del crecimiento se debe también a la contracción del sector de la construcción, que se benefició durante años de la especulación inmobiliaria. Si antes en España se construían más viviendas que en Italia, Alemania y Francia juntas, este año sólo se levantarán unas 300.000, menos de la mitad que dos años antes, una situación que ha llevado la tasa de desempleo de ese sector a superar el 30 por ciento. A la huelga se sumaron esta semana las críticas al gobierno que apuntaban a una falta de acción tanto frente a las medidas ilegales de los piquetes que colapsaban España como frente a una crisis que para la oposición es rampante.

En mitad de la semana "horribilis", Zapatero anunció en el Congreso la celebración, el próximo miércoles, de una reunión con sindicatos y patronales para abrir el diálogo social y ver cómo hacer frente juntos a los problemas económicos del país.

Paquete fiscal. El viernes último, como cierre de cinco días de tensión, el Consejo de Ministros aprobó un gran paquete de medidas fiscales con el objetivo de reactivar la economía española a través de la inyección de 7.800 millones de euros en 2009. Entre las medidas destaca la agilización de la devolución a las empresas por IVA, así como la eliminación del impuesto de patrimonio.

A la huelga de los transportistas hay que sumar los paros de los pescadores, las protestas de los agricultores y ahora las de los taxistas, que causó esta semana caos en el aeropuerto de Barcelona. Y es que, el petróleo ha arruinado la previsión de inflación del gobierno de Zapatero que no hace mucho defendía aún que los precios se calmarían de nuevo con la llegada del verano europeo y lograrían moderarse hasta el 3 por ciento con el final del año. A no ser que haya una sorpresa, con el barril de petróleo subiendo un 33 por ciento en lo que va de año, eso ya no es factible", concedió esta semana el secretario de Estado de Economía, David Vergara.

Lenta normalización

España se recupera lentamente tras cinco días de huelga de los camioneros, aunque todavía siguen escaseando los alimentos en muchos comercios. Los directivos del principal mercado madrileño, Mercamadrid, dijeron ayer que aunque los suministros son ahora más abundantes, distan de una normalidad del 100 por ciento. En la industria automotriz se prevé que recién mañana la producción vuelva a la normalidad.

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