Madrid. — Carreteras colapsadas españolas, estantes de supermercados vacíos,
la producción de automóviles suspendida, camiones en llamas y la oposición recriminando al gobierno
haber reaccionado tarde a una situación que mantuvo en vilo al país y dejó un muerto: la que
finaliza fue una "semana negra" para el presidente José Luis Rodríguez Zapatero.
El jueves se cumplieron dos meses desde que el pasado 12 de abril asumió al
frente del gobierno por segunda vez consecutiva tras haber revalidado su victoria en las elecciones
generales del 9 de marzo. Y si su primera legislatura estuvo marcada por una fuerte crispación con
el Partido Popular (PP) por el diálogo con la organización terrorista vasca ETA, en poco tiempo se
ha visto ya que su segundo mandato no será un camino de rosas económicamente hablando: la crisis
mundial hace mella en el país y los sucesos de esta semana lo dejan claro.
Carestía y desempleo. Pese a la situación económica de España, donde el consumo
se resiente y se acumulan indicadores negativos como el aumento del desempleo y el de la inflación
y la caída de la confianza de los consumidores, Zapatero y su gobierno se resisten a hablar de
crisis y recurren al término "desaceleración pronunciada", aunque al vicepresidente económico,
Pedro Solbes, se le escapó esta semana en una ocasión la palabra maldita. "Usted sigue con la idea
pueril de que lo que no se nombra no existe", le espetó el miércoles el portavoz del PP en el
Senado, Pío García Escudero, a un Zapatero que acababa de saber que la inflación interanual
registró en mayo, con un 4,6 por ciento, su récord desde 1995, y que tenía las carreteras
colapsadas por transportistas que denuncian que el fuerte encarecimiento del precio del combustible
los hace trabajar en muchas ocasiones por debajo del precio de costo.
Los huelguistas desean que el gobierno les garantice tarifas mínimas ya que de
lo contrario, sostienen, no pueden competir con las grandes empresas del transporte por carretera,
mejor preparadas para afrontar el encarecimiento de los combustibles como el diésel, que aumentó un
36 por ciento.
La huelga ha sido un duro golpe para el Ejecutivo español. De alguna forma, la
"desaceleración pronunciada" de la que habla el gobierno tomó cuerpo y cara y los estantes de
alimentos frescos vacíos en los supermercados a causa del desabastecimiento producido por el paro
recordaron incluso a los más optimistas que la situación por la que atraviesa España no es ya la de
hace unos años.
La suspensión de la actividad en la industria de la construcción de automóviles
por la falta de suministros derivada del colapso en las autopistas no ayudó desde luego a animar
esa economía que según el PP está "paralizada". Y, aunque paralizada no está, lo cierto es que
después de 13 años de crecimiento continuado, en abril el gobierno de Zapatero se vio obligado a
rebajar en ocho décimas la previsión de crecimiento que tenía para este año, situándola en el 2,3
por ciento, el mismo que espera para 2009.
Menor crecimiento. Los precios internacionales del petróleo no son además el
único problema que tiene España. La ralentización del crecimiento se debe también a la contracción
del sector de la construcción, que se benefició durante años de la especulación inmobiliaria. Si
antes en España se construían más viviendas que en Italia, Alemania y Francia juntas, este año sólo
se levantarán unas 300.000, menos de la mitad que dos años antes, una situación que ha llevado la
tasa de desempleo de ese sector a superar el 30 por ciento. A la huelga se sumaron esta semana las
críticas al gobierno que apuntaban a una falta de acción tanto frente a las medidas ilegales de los
piquetes que colapsaban España como frente a una crisis que para la oposición es rampante.
En mitad de la semana "horribilis", Zapatero anunció en el Congreso la
celebración, el próximo miércoles, de una reunión con sindicatos y patronales para abrir el diálogo
social y ver cómo hacer frente juntos a los problemas económicos del país.
Paquete fiscal. El viernes último, como cierre de cinco días de tensión, el
Consejo de Ministros aprobó un gran paquete de medidas fiscales con el objetivo de reactivar la
economía española a través de la inyección de 7.800 millones de euros en 2009. Entre las medidas
destaca la agilización de la devolución a las empresas por IVA, así como la eliminación del
impuesto de patrimonio.
A la huelga de los transportistas hay que sumar los paros de los pescadores, las
protestas de los agricultores y ahora las de los taxistas, que causó esta semana caos en el
aeropuerto de Barcelona. Y es que, el petróleo ha arruinado la previsión de inflación del gobierno
de Zapatero que no hace mucho defendía aún que los precios se calmarían de nuevo con la llegada del
verano europeo y lograrían moderarse hasta el 3 por ciento con el final del año. A no ser que haya
una sorpresa, con el barril de petróleo subiendo un 33 por ciento en lo que va de año, eso ya no es
factible", concedió esta semana el secretario de Estado de Economía, David Vergara.
Lenta normalización
España se recupera lentamente tras cinco días de huelga de los camioneros,
aunque todavía siguen escaseando los alimentos en muchos comercios. Los directivos del principal
mercado madrileño, Mercamadrid, dijeron ayer que aunque los suministros son ahora más abundantes,
distan de una normalidad del 100 por ciento. En la industria automotriz se prevé que recién mañana
la producción vuelva a la normalidad.