“Los ensambles son espacios de experimentación para conocernos a nosotros mismos en la medida que hacemos música con otros. Son espacios de juego, de ensayo y error, que permiten saltar de lo individual al trabajo colectivo”. Las palabras son del profesor de música Gustavo Calcabrini y hablan del taller de práctica instrumental pensado para la escuela primaria Nº 756 José Mariano Serrano. Un proyecto pedagógico y de inclusión social que hoy requiere del aporte solidario.
En diálogo con La Capital, la vicedirectora María Elena Giménez cuenta que la iniciativa institucional de banda instrumental comenzó a ejecutarse en las aulas con el regreso a la presencialidad, pero las consecuencias de una escuela poco habitada a causa de la pandemia conspiró contra su pleno desarrollo. Primero se organizaron en forma de burbujas y con todos los protocolos necesarios por la manipulación de instrumentos, para luego ir incorporando a más estudiantes. El objetivo de los y las docentes era claro y así lo expresa Giménez: “Tratamos de recuperar ese tiempo y hacer intensificaciones en la alfabetización a partir de múltiples lenguajes”.
Los maestros y maestras avanzaron en la iniciativa y los chicos y chicas lo aceptaron gustosos y felices, “con el entusiasmo que siempre tienen los estudiantes de la Serrano respecto de las distintas manifestaciones artísticas”, destaca la vice. Pero para su ejecución integral, el proyecto requiere de recursos con los que aún la escuela no cuenta.
Volver a habitar la escuela
La Serrano es una escuela primaria que se caracteriza por ofrecer a sus estudiantes amplios espacios para el aprendizaje y la expresión artística. Se hace teatro, música y danza, se pinta y se lucen hermosos murales. Propuestas con las que chicos y chicas siempre se comprometen y que las familias están a acostumbradas a apreciar como una ofrenda escolar.
Como a todas las instituciones educativas ancladas en barrios populares, a la de Caña de Ámbar 1635 la pandemia también le trajo varios pesares. “Para nosotros el contacto, el cara a cara y lo afectivo son muy importantes. Es vital eso que se da en el compartir, en el estar, en la mirada, en la palabra afectuosa. Por eso para nuestra comunidad la pandemia fue tremenda, lo verificamos con la alegría con la que se regresó a la presencialidad y en la avidez que tenían las familias de que les mostremos lo que ofrece la escuela, las presentaciones artísticas de los chicos”, cuenta Giménez.
Además de la necesidad de contacto, la docente suma en su relato otra problemática que acompañó el distanciamiento: el vandalismo. “Al no habitarse completamente la escuela esto dio lugar a los robos y en esos acontecimientos que fueron reiterados se perdió mucho. Teníamos una escuela que aún con algunas falencias edilicias estaba bastante entera, pero la pandemia nos dejó prácticamente sin comedor porque nos quedamos sin ollas, sin utensilios, sin cucharones, sin heladera, sin gas. En un momento nos quedamos sin agua porque nos robaron las bombas, y depredaron los baños de las niños y las niñas”, describe la docente con pesar.
Los saqueos afectaron casi todos los recursos de la escuela y no quedó al margen el material necesario para el trabajo docente. En el esfuerzo por recuperar lo perdido, maestros y maestras no solo dan pelea por llevar a cabo el proyecto de taller instrumental, sino que reconocen el rol clave que cumple el comedor y la necesidad de recuperarlo plenamente.
Para la escuela de Las Flores fortalecer el comedor es también posibilitar todo proyecto pedagógico. “Es el espacio que le abre la mano a los chicos y que hace posible que puedan pasar muchas horas en la escuela. Para que estén de seis a ocho horas es importante que podamos ofrecerles una comida como corresponde”, afirma Giménez.
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La Escuela Serrano fue durante la pandemia blanco de hechos vandálicos.
Sebastián Suarez Meccia
Incluir y motivar
La Serrano apuesta a ponerse nuevamente de pié con la vuelta a la presencialidad, y el taller de práctica instrumental conducido por el profesor Gustavo Calcabrini y la colaboración de la profesora Bárbara Abonizio prometen dar el primer paso hacia adelante. Los objetivos del proyecto institucional apuntan a conformar un espacio pedagógico social que incluya y motive a los y las estudiantes a través de la práctica y el estudio grupal de un instrumento musical. Los destinatarios de esta iniciativa escolar son los alumnos y alumnas de 4º a 7º grado, y se trabajará con grupos mixtos e integrados en el horario de extensión y jornada ampliada. “Con este proyecto —dice— pensamos en potenciar al mayor número de estudiantes posibles dentro de las posibilidades instrumentales de la escuela. Irán rotando para que la mayor cantidad de ellos puedan participar desde sus propios intereses e inquietudes y desde lo que la escuela les ofrece para estimularlos y mejorar sus aprendizajes”.
Para desarrollar plenamente el taller es necesario el aporte solidario de toda la comunidad que contribuya con los recursos que faltan. Además de los instrumentos musicales ya existentes, en la escuela se necesitan seis guitarras, seis charangos, tres bombos legüeros, cuatro xilofones, diez melódicas, un micrófono y un equipo de amplificación.
La vicedirectora afirma que la vuelta a la presencialidad no solo les permitirá habitar nuevamente la escuela sino también avanzar en el pedido de colaboraciones como rifas y almuerzos solidarios para los paseos de los chicos, mejorar la escuela y avanzar en proyectos como los de este taller. Mientras tanto, a los docentes y estudiantes de la escuela Serrano les vendría muy bien la contribución solidaria de instrumentos musicales a modo de primer empujón.