Dennis Hopper, el director, actor y libretista que encarnó la ruptura del llamado “Nuevo
Hollywood” a finales de los años 60 con “Easy Rider (Busco mi destino)”, murió
ayer a los 74 años, a causa de un cáncer de próstata.
A pesar del éxito de esa película, Hopper no logró nunca desarrollar una
carrera artística a la altura de sus expectativas a causa de sus legendarios excesos.
Hopper nació en 1936 en Dodge City, Kansas, pero creció en San Diego,
California, donde comenzó a estudiar actuación, antes de perfeccionar su entrenamiento en el
Actor’s Studio de Nueva York e intentar lanzar su carrera en Hollywood.
Su debut cinematográfico llegó con sendos papeles menores en dos de los
tres filmes protagonizados por James Dean, “Rebelde sin causa”, de Nicholas Ray, y
“Gigante”, de George Stevens, que llevaron a su participación en otras películas en el
siguiente decenio.
Es así que Hopper obtuvo papeles secundarios en filmes de éxito como
“Cool Hand Luke” (1967), de Stuart Rosenberg, con Paul Newman, y dos películas
protagonizadas por John Wayne, “The Sons of Katie Elder” (1965) y “True
Grit” (1969), ambas dirigidas por Henry Hathaway. Se dijo hasta el cansancio que durante los
rodajes Hopper hartó tanto a Wayne que un día éste lo corrió por el set con una pistola cargada.
Sintiéndose frustrado por las escasas perspectivas de desarrollo en la
industria cinematográfica de la época, Hopper se unió entonces con su amigo Peter Fonda, hijo de
Henry y protagonista de algunas películas de motociclistas para el mítico productor Roger Corman,
para escribir, dirigir y protagonizar un filme que representara el rostro de los Estados Unidos de
los años 60.
Un ícono rebelde. Así nació “Easy Rider”, la historia de dos amigos que vivían para
las motocicletas y las drogas quienes, tras vender una partida de cocaína en Los Angeles, parten
hacia el Este, aparentemente en dirección de la Florida.
En su viaje, se cruzan con toda suerte de personajes representativos del
estado de la sociedad en Estados Unidos en esa época, antes de morir asesinados por un grupo de
pueblerinos conservadores.
La película, rodada con un presupuesto reducido y en un ambiente que
reflejaba la “contracultura” de la época obtuvo un premio en el Festival de Cannes y
dos nominaciones al Oscar, además de lanzar la carrera de Jack Nicholson, que interpretaba el rol
de un abogado alcohólico.
Fonda produjo la cinta y Hopper la dirigió por 380.000 dólares, pero la
película recaudó 40 millones de dólares en todo el mundo.
El desastre. Luego del éxito de “Easy Rider”, a Hopper se le permitió dedicarse al
proyecto que se le antojara, y así nació “The Last Movie” (1971), que pretendía ser un
western apocalíptico y terminó siendo un desastre.
El director, en efecto, vivía en ese entonces bajo la influencia
constante del alcohol y de toda suerte de drogas y la versión de “The Last Movie” que
presentó a sus productores era tan caótica e incomprensible que llevó a su exilio de Hollywood como
director.
En los años siguientes obtuvo algunos papeles importantes en películas
de directores prestigiosos, como “Apocalypse Now”, de Francis Ford Coppola (1979), y
“The American Friend” (1977).
Sólo después de haber logrado desintoxicarse de drogas y alcohol en
1983, Hopper fue recuperando crédito en Hollywood, primero con “Rumblefish”, de Coppola
(1983), y “Osterman Weekend”, de Sam Peckinpah (1983), y luego con el papel crucial de
Frank Booth, el asesino psicópata que interpretó en “Blue Velvet”, de David Lynch
(1986).
El rol de Booth llevó el actor a una serie de papeles, casi siempre de
“malo”, en películas de gran distribución como “True Romance” (1993), de
Toni Scott, “Speed” (1994), de Jan De Bont, con Keanu Reeves y Sandra Bullock, y
“Waterworld” (1995), de Kevin Reynolds, con Kevin Costner.
Hopper sólo pudo volver a dirigir películas por casualidad, retomando el
rodaje de “Colors” (1988, con Robert Duvall y Sean Penn) cuando el director original
fue descartado y logrando llevar a terminación su proyecto de “film negro”, “The
Hot Spot” (1990). l