Los críticos del proyecto del tren de alta velocidad Buenos Aires-Rosario-Córdoba, en su gran
mayoría periodistas y políticos porteños, han tildado el emprendimiento de “faraónico”,
“inviable económicamente”, “carente de sustento racional” y “lujo
ferroviario”, entre otros. Casualidad o no, son casi los mismos calificativos que utilizaba
este mismo lobby porteño para referirse al puente Rosario-Victoria, cuando era todavía un proyecto.
Hay un argumento central en la crítica al tren bala: que el país tiene otras
prioridades antes que concretar este millonario proyecto. ¿Cómo se puede encarar esta obra cuando
las rutas están en malas condiciones, faltan inversiones para superar la crisis energética, hay
déficit de viviendas, las escuelas están en pésimo estado…?, disparan.
Y es verdad, puede que esta iniciativa parezca delirante en un país como
Argentina, pero no menos delirante que muchas otras cosas que suceden por estas tierras, como las
políticas que profundizan las violentas desigualdades. Por un lado, el centralismo porteño: ciudad
de Buenos Aires y el conurbano se quedan con la porción más importante de la recaudación impositiva
discriminando al interior del país. Por el otro, las desigualdades económicas, que se acentúan con
un sistema impositivo regresivo: mientras toda la sociedad _sin diferencias entre pobres y ricos_
paga el impuesto al valor agregado (IVA) en todos los productos, incluidos los de la canasta
básica, hay sectores adinerados que, por ejemplo, no pagan un solo peso de impuesto a las ganancias
por las rentas financieras (la exención de este tributo implica hoy nada más y nada menos que una
pérdida de 1.500 millones de pesos anuales). Con estos fondos seguramente se podrían arreglar las
escuelas, hacer más planes de viviendas y arreglar las rutas. Pero de esto no se habla.
Si finalmente se concreta el tren de alta velocidad (pensemos que esto es
Argentina, así que hay que ver para creer) sería revolucionario para toda la región de Rosario.
Tendría un impacto igual o aún superior al que generó el puente Rosario-Victoria.
Claro que para que esta obra tenga sentido debería formar parte de un plan más
global de transporte del país, y no ser un proyecto aislado. Además, amplios sectores sociales
deberían poder acceder a este servicio, no sólo una elite. Para ello, sin duda, tendría que
estar subsidiado, ya que si no el pasaje sería tan caro como el de avión. Subsidios millonarios que
por otra parte hace años recibe no sólo el transporte de Capital Federal y el conurbano, sino
incluso muchas compañías aéreas para abaratar los viajes que, por ejemplo, realizan familias de
altos ingresos a Punta del Este. Más "delirante" y “faraónico” que esto no hay.




























