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Después de 40 años, la masacre de Munich sigue suscitando polémica

Fue uno de los episodios más trágicos del olimpismo, que terminó con la muerte de 11 atletas israelíes. El operativo de rescate alemán fue un fracaso. Los terroristas exigían la liberación de presos palestinos.

Jueves 06 de Septiembre de 2012

Munich. — Debían ser la contracara de los Juegos de Hitler en 1936, una fiesta de paz que presentara al mundo la nueva Alemania amigable y abierta al mundo, pero los Juegos Olímpicos de Munich 1972 se convirtieron en una pesadilla sangrienta. El 5 de septiembre de 1972, hace 40 años, terroristas palestinos tomaban pasadas las 4.30 de la madrugada como rehén a la delegación israelí en la villa olímpica. Un rescate plagado de errores e improvisación terminaba el incidente con la muerte de 11 deportistas, cinco secuestradores y un policía.

Dos atletas israelíes murieron durante el primer enfrentamiento con el comando terrorista y nueve quedaron como rehenes. Eran las 5 de la mañana y el asalto del grupo palestino Septiembre Negro al edificio de los israelíes se había producido con una velocidad y una facilidad asombrosas.

Los ocho terroristas se colaron en la villa olímpica saltando la valla de seguridad con ropa deportiva y bolsos llenos de armas. Otros atletas los vieron, pero creyeron que se trataba de deportistas volviendo a la villa tras una noche de fiesta. Las puertas de la casa israelí estaban abiertas y los atacantes se colaron sin problemas.

Si armas ni uniformes. La situación tomó totalmente desprevenida a la seguridad alemana. En su intento de alejarse lo más posible de los juegos nazis de 1936 en Berlín, los policías del parque olímpico estaban desarmados y ni siquiera llevaban uniforme. Alemania tampoco había prestado atención a las advertencias de atentados previas a los Juegos. La embajada alemana en Beirut aseguró que un agente de inteligencia había escuchado que "los palestinos intentarían un acto durante Múnich 1972". Nadie se preparó para evitarlo.

Los terroristas exigieron la liberación de más de 230 palestinos presos en cárceles israelíes y un salvoconducto a Egipto, algo que el gobierno en Tel Aviv rechazó tajantemente. Mientras negociaban, los secuestradores se enteraban por radio y TV de lo que ocurría fuera de la casa israelí: a nadie se le ocurrió desconectar la electricidad. Finalmente, las fuerzas de seguridad alemanas simularon un acuerdo y trasladaron a los atacantes y los rehenes en helicóptero al aeródromo de Fürstenfeldbruck, a 25 kilómetros de Múnich. donde los esperaba un avión de Lufthansa y una emboscada.

La operación fue un fracaso rotundo. Los tiradores de elite de la policía eran insuficientes y carecían de formación o equipamiento necesarios, como miras de visión nocturna. "Rápidamente me di cuenta de que el mando táctico alemán no tenía la menor idea", dijo Ulrich Wegener, uno de los oficiales que participó en la operación. Marcado por el horror, Wegener fundó luego la unidad antiterrorista alemana, el GSG 9.

Mientras sobre la pista de aterrizaje se producía aún la carnicería que acabó con la vida de todos los rehenes y de cinco atacantes —sólo fueron detenidos tres— y un policía, un vocero del gobierno alemán anunciaba "el buen desenlace" de la operación. la tragedia sería vista por televisión en todo el mundo y, tras el impacto del baño de sangre, los juegos sólo estuvieron interrumpidos un día. A la mañana siguiente, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, ordenó reanudar la fiesta con su legendario "The games must go on" (Los juegos deben continuar). Los juegos siguieron, pero también las heridas abiertas. Viudas de las víctimas volvieron a exigir este año —sin éxito— un minuto de silencio durante los Juegos de Londres 2012 en recuerdo por los 40 años de la masacre. Tampoco acabaron los interrogantes sin respuesta y la semana pasada Israel publicó actas secretas que arrojan nueva luz sobre el atentado.

Disgusto del Mossad. La República Federal Alemana no hizo el "mínimo esfuerzo para salvar vidas", estima uno de los jefes de los servicios secretos israelíes (Mossad) en uno de estos documentos. La lista de acusaciones incluye francotiradores equipados con simples pistolas, vehículos blindados que llegaron tarde y policías sin linternas para seguir los movimientos nocturnos de los comandos. Algunos de los documentos dejan también en evidencia fallos en el dispositivo de seguridad israelí. En julio, el semanario Spiegel reactivó la polémica acusando al Estado alemán de haber "maquillado" el fracaso de la operación. El semanario recordó que la villa olímpica estaba protegida por una simple alambrada, sin otras medidas de seguridad.

El jefe de la policía de Múnich había dicho en aquel entonces que temía que una fuerte presencia policial evocara el clima de los Juegos Olímpicos de Berlín, organizados en 1936 por el régimen nazi de Adolf Hitler. Por su lado, el presidente del Comité Olímpico alemán había estimado que las medidas de seguridad no debían convertir la Villa Olímpica en un "campo de concentración".

Sensibles relaciones. Los 45 documentos muestran por ejemplo que Israel pidió al gobierno alemán y al COI que suspendiera los Juegos. Según las actas, uno de los argumentos para no hacerlo fue que "la televisión alemana no tenía programación alternativa".

Los textos detallan también que el gobierno israelí temía que la tragedia afectara a las sensibles relaciones con la Alemania Occidental. Entre los documentos hay una nota a mano de la entonces premier israelí, Golda Meir, pidiendo que "la cólera" no fuera dirigida "directamente contra Alemania". La propia Meir autorizó días después del atentado la operación de los servicios secretos "Cólera de dios", que en los años siguientes acabó con la vida de decenas de miembros de Septiembre Negro.

Cuarenta años después, Fürstenfeldbruck se convirtió ayer en la sede de los actos centrales de recuerdo por el aniversario de una masacre que marcó a sangre y fuego el movimiento olímpico y la Alemania de posguerra.

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