Caracas.— El presidente Hugo Chávez llegó al poder prometiendo poner fin a
la excesiva dependencia del ingreso petrolero para convertir a Venezuela en una potencia
industrial, pero, una década después, el país está más atado que nunca a los caprichosos vaivenes
del "oro negro".
Un lustro de bonanza por la escalada de los precios del
crudo desdibujó la meta inicial del mandatario, quien multiplicó el gasto público en su primera
década en el poder para, según algunos, pagar una deuda histórica con los excluidos, aunque otros
dicen que buena parte se dirigió a comprar una popularidad irreal.
Ahora la crisis global amenaza con agotar buena parte del
vital ingreso energético y dejar al desnudo las costuras económicas del proyecto socialista que
abandera Chávez. Sin embargo, el mandatario defiende que su política de "soberanía petrolera" dejó
al gobierno con fondos y activos que permitirían al país paliar el efecto de la crisis.
Por su parte, la oposición critica que Chávez ha debilitado
la capacidad productiva nacional, dedicándose a "malgastar" los recursos del país con fines
electorales y en lo que llaman despectivamente la "petrodiplomacia", acuerdos energéticos con
países aliados para comprar apoyos políticos en la región.
Además denuncian que la cruzada socialista del gobierno
ahuyentó la inversión privada nacional y extranjera, obligando al país a importar cada vez más
bienes y servicios.
Precios récord. Los precios del crudo, de unos ocho dólares por barril en 1999,
fueron recuperándose hasta explotar en julio de 2008 a máximos históricos de cerca de 150 dólares
el barril, generando un ingreso que Chávez utilizó para financiar obras de infraestructura y
amplios programas sociales.
Con creciente matiz nacionalista, el presidente lanzó una
amplia campaña para estatizar sectores estratégicos en manos de empresas transnacionales,
controlando la industria petrolera, eléctrica y cementera, así como las mayores firmas de
siderurgia y telecomunicaciones.
Pero las políticas de gasto público, unido al control de
cambio vigente desde 2003, han dado lugar a la mayor tasa de inflación de la región, que en 2008 se
aceleró un 30,9%, pese a que la meta oficial era del 10%.
Analistas creen que el cóctel de inflación con menor renta
petrolera —el precio del crudo bajó a unos 43 dólares el barril— hará que, por primera
vez en años, el ingreso real de la población descienda, y consideran que el gobierno podría verse
obligado a devaluar para compensar sus cuentas fiscales, medida que las autoridades económicas han
descartado.
Desde la entrada del régimen cambiario, el bolívar pasó de
1,6 bolívar por dólar a 2,15 bolívares en 2005, fecha desde la que permaneció sin cambios. Ante
este esquema cambiario floreció un mercado negro de divisas, donde la moneda nacional se transa
hasta al triple de la tasa oficial.
Sostener el amplio conjunto de programas sociales, clave
para la alta popularidad de Chávez, requiere de enormes recursos financieros que, en caso de que no
se recuperen los precios del petróleo, podrían comenzar a escasear. Pero nada parece indicar que el
gobernante vaya a recortar el gasto público.
"El gasto público se ha constituido prácticamente en el
44-46% de la economía nacional. Se ha doblado en 10 años y lo ha hecho en desmedro del sector
privado", opinó el economista Alexander Guerrero.
Pese a las distorsiones, el líder izquierdista promete que
sus políticas socialistas llevarán a una economía más justa, promoviendo las empresas de propiedad
social y colectiva, así como una mayor intervención del Estado en la economía.
Pero, en definitiva, los expertos coinciden en que el desafío de Chávez
sigue siendo reducir la extrema dependencia petrolera, que desde principios del siglo XX impidió el
desarrollo de otros sectores productivos y que ningún gobierno logró desplazar.