Cultura y Libros

Un continente enigmático revelado en su prosa

La literatura africana constituye un misterio absoluto para los lectores argentinos. Una reciente y atractiva propuesta editorial permite pasear a través de un territorio nuevo.

Domingo 06 de Octubre de 2019

El consumo de ficción por parte de los lectores argentinos suele estar acotado al universo literario primermundista. Así, tal como la idiosincrasia nacional —sobre todo en su espectro clasemediero— tiende recurrentemente a soñar con Europa o Estados Unidos, las novelas que se leen pertenecen, en idéntica medida, a ese mismo planeta estético o ideológico, tan lejanos hoy aquellos fulgores del Boom latinoamericano.

Sin embargo, en ese mercado previsible y unifome existen hendijas por donde penetra otra luz. Sellos pequeños, alentados muchas veces por propulsores audaces, apuestan a lo atípico. Incluso, a lo impensado. En este rango de búsqueda se integra la propuesta de Editorial Empatía.

Basta leer el fundamento en que se apoya su catálogo: "Así como las ficciones nos acercan al otro, su ausencia convierte al otro o bien en un completo desconocido, o bien en un cliché. Si nos invitasen a conjurar una imagen mental de, por ejemplo, Suazilandia en la década del 70, es muy probable que a la mayoría de nosotros solo se nos presente un gran vacío. Una vez que se nos informara que Suazilandia es un país del sur de África y que en la década del 70 se abolió la Constitución y se prohibieron los partidos políticos, entonces seguramente recurriríamos a los lugares comunes almacenados sobre África como un todo homogéneo: guerras civiles, matanzas étnicas, corrupción, extensas sabanas, tierra agrietada por la sequía, jirafas y niños de vientre protuberante. Con este objetivo nace Editorial Empatía: dar a conocer historias que nos acerquen a tiempos y geografías sobre las que, hasta ahora, han circulado escasas ficciones. Libros que nos inclinen a una participación afectiva en realidades hasta ahora ajenas. Nuestro foco estará puesto en esta primera serie en los diferentes países africanos y su realidad poscolonial, con textos sobresalientes por su calidad literaria".

África. Continente del cual la abrumadora mayoría de los argentinos cultos será capaz de balbucear apenas un puñado de datos superficiales y una monolítica convicción, tal vez no manifiesta, de que se trata de la versión terrenal del mismísimo infierno. África, de la cual apenas su versión más blanca —situada en el extremo sur— ha logrado "conversar" con el orbe cultural dominante, con dos premios Nobel como bandera (Nadine Gordimer y J. M. Coetzee, quien más tarde eligió la nacionalidad australiana).

Cántico de la acacia, de Kossi Efoui (Togo, 1962); Minutos de gloria y otros cuentos, del keniata Ngũgĩ wa Thiongo (1938); La montaña, del francés Jean-Noël Pancrazi (1949), quien vivió en Argelia durante la mayor parte de su infancia; La mujer descalza, de la ruandesa Scholastique Mukasonga (1956); Abigail, del nigeriano Chris Abani (1966), y una antología de escritores africanos contemporáneos constituyen el abanico que Empatía despliega para seducir a los lectores locales.

Acaso valga la pena alterar el rumbo de la nave y explorar, por una vez, territorios desconocidos.

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