Cultura y Libros

Robert Musil, el escritor que vio más allá de todas las apariencias

Se acaba de reeditar en el país Las tribulaciones del estudiante Törless, perturbadora novela inicial del creador de una de las cumbres narrativas del siglo veinte.

Domingo 17 de Marzo de 2019

Novela. Las tribulaciones del estudiante Törless, Robert Musil. Bärenhaus, 224 páginas, $385.


"De este modo el príncipe se volvió para Törless fuente de un sutil placer psicológico, ya que accionaba en él ese abordaje del hombre que enseña a reconocer y disfrutar al otro por la cadencia de su voz, por el modo en que toma la mano, incluso por el timbre de su silencio y la expresión de la postura corporal con la que se ajusta a su espacio, en suma, por esa forma plena, dinámica, apenas tangible y sin embargo más que auténtica de ser un alma humana que se deposita alrededor de un núcleo palpable y nombrable como alrededor de un esqueleto desnudo". Con esta intensidad escribía el gran narrador austríaco Robert Musil (1880-1942) a los veintiséis años: este notable párrafo forma parte de su novela inicial, Las tribulaciones del estudiante Törless, recientemente retraducida y reeditada en la Argentina por el sello Bärenhaus (nada menos que Sur había sido responsable de la primera edición en castellano, allá por 1960).

En esta novela, Musil aún está probando sus fuerzas. Sin embargo, a pesar de tratarse de una obra de juventud, Las tribulaciones del estudiante Törless —llevada al cine en 1966, en su debut como director, por Völker Schlondorff, el mismo de la recordada El tambor— tiene la suficiente carga de talento como para continuar perturbando a sus lectores de la misma manera en que lo hizo en el lejano momento en que fue publicada.

La oscura historia de la relación entre el protagonista —un joven estudiante recluido en un internado destinado a la aristocracia austríaca— y tres de sus condiscípulos podría ocupar un destacado espacio en cualquier manual de psicopatología. La sexualidad y el poder se entrecruzarán sin pausas para dar forma a una trama sombría, donde las humillaciones se convierten en moneda cotidiana.

Sin embargo, de la perversidad y el sadismo sabrá extraer Törless el secreto de su espíritu, porque —Musil dixit— "la primera pasión del adolescente no es el amor por uno sino el odio hacia todos".

Finalmente, y tras experiencias que han tocado los límites, el siniestro círculo de amigos se romperá. "Un proceso había terminado —escribe Musil—, el alma tenía un nuevo anillo, como un árbol joven". El extraño Törless, que al llegar al internado "todavía no había adquirido la capacidad de echarse a morir todos los días y no preocuparse por eso", se ha convertido en otro, tal vez en un hombre, acaso en alguien que conoce para siempre los abismos. Más allá de los muros de la institución pedagógica lo espera una nación contradictoria, capaz de producir las mayores alturas en los terrenos artístico y filosófico y de desencadenar las dos guerras más terribles que recuerda la especie humana.

Para el propio narrador esta novela también servirá de aprendizaje. No mucho más tarde se sumergirá en la que será su obra definitiva y una de las cumbres de la novelística del siglo veinte, la monumental El hombre sin atributos. A la par de nombres como los de Franz Kafka o Thomas Mann, Musil sabrá llevar a la lengua alemana a un grado de excelencia supremo.

El mundo que lo cobijó estallará en pedazos en 1945 (él ha muerto tres años antes). De las ruinas surgirá, más tarde, un país nuevo, y escritores de la talla de Günter Grass, Heinrich Böll, Thomas Bernhard o Peter Handke.

Pero esa es otra historia, cuyo final está por verse.

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