El 5 de mayo de 2008 adquirí un Peugeot 405 modelo 94 comenzando así una ardua tarea el trámite de transferencia en el Registro Nacional de la Propiedad del Automotor seccional Rosario Nº 9, ubicado en Rioja y Santiago, cuyo titular es Néstor A. Barrera, quien tal vez se ponga al tanto por esta vía de lo que sucede en su oficina. Cumpliéndose la fecha de retiro acudí al registro a buscar la transferencia y una empleada pasó a retenerme la misma dándome la buena noticia que mi auto había sido recategorizado por poseer aire acondicionado, solicitándome que firmara una declaración jurada detallando los accesorios de "confort" que poseía el vehículo, procedió a comunicarme que la misma tardaría una semana más. En dicha ocasión volví al registro, pero ¡oh! sorpresa, la misma empleada pasó a retenerme por segunda vez la transferencia ya que en esos días se les había informado de una multa que sorpresivamente a los fines recaudatorios ya estaba a mi nombre, pese a que aún yo no poseía la titularidad del vehículo y cuyo vencimiento operaba en septiembre. Desalentada y un poco sulfurada, tras la firma de otra declaración jurada, salí del mismo y me dirigí al banco a abonar dicha multa. Al día siguiente me constituí nuevamente en el registro pero la empleada me da la triste noticia que desató mi ira: tengo que retener la transferencia por tercera vez ya que te falta presentar la cédula azul de la esposa del anterior propietario. Tras una breve discusión, un empleado que atiende el mostrador, faltándome el respeto, decidió hacerme retirar por la policía, que debo destacar fue la única amable de este cuento de terror. Tras mi decisión de llamar a un escribano para que tomara nota de tal situación, me invitaron a ingresar y así al fin logré obtener mi transferencia, eso sí tras la firma de otra declaración jurada. Me pregunto, ¿no será mucho?































