Tuve la oportunidad de ser una de las personas que asistió a la visita guiada por el cementerio El Salvador a cargo del artista plástico Dante Taparelli. Son muchos los valores que quisiera nombrar: el rescate de la memoria, la pasión de la tarea, la emoción de los que nos dejamos llevar, el respeto por nuestra historia. Es este artista total, íntegro, con una trayectoria siempre coherente con sus ideales el que nos lleva de la mano a recorrer un sitio tan nuestro, tan rosarino, tan olvidado, acompañando así a nuestros antepasados. "Aquí en reposo los restos de las personas que hicieron las calles que pisamos, las primeras casas", aclara Taparelli al pasar por el panteón municipal. Rostros y miradas de esos ángeles que se humanizan con relatos de vida que acompañan a cada grupo escultórico. No hay un rostro igual al otro, todos fueron habitantes de esta ciudad que caminaron sus calles. Lisandro de la Torre, ahí apenas entramos; el intendente Lamas y los Lagos, hacedores de la ciudad. Todo esto además a la hora del silencio, del reposo de muchos, que resalta la imagen en mármol de carrara de ese ángel iluminado por una tenue linterna que apunta al cielo con su dedito indicando el camino, lo efímero de la existencia. Hasta una ciudad interna, oculta, fundada en honor a la memoria donde desde un mural nos miran cientos de rostros rescatados del olvido. Sí, agradezco poder ser contemporánea de un verdadero artista, acompañarlo, disfrutar de sus ideas (Mercado Retro, carnaval, los cuadros gigantes de la ciudad) que nos engrandece. Si fuiste como yo esa noche seguramente sos uno de los que salimos con la cara impregnada de raras emociones. Cuánta historia, símbolos y cuánto respeto que demostró esta gente que investiga y reconstruye historia de nuestro Rosario.


























