No sólo para el 11 de septiembre, sino diariamente y ante los hechos que se repiten recuerdo a mis maestros y entiendo que fui una privilegiada. Desde la primaria mi señorita Alicia Moreira con sus premios de estrellitas doradas en los autodictados, la preparación de los actos escolares, las clases en su casa para reforzar el ingreso a primer año, sin cobrar por supuesto. En la secundaria en el Normal 1 muchos grandes: la señora Edit Mayol de Arias, en castellano y latín, la señora Norma Castellanos en historia, la señora Graciela Santervas en gimnasia: respeto y excelencia educativa. Ya de adulta en la facultad, los señores: Héctor Bonaparte, Daniel Briguet, Ricardo Arias, Carlos Bonaparte, Pato Mauro. Cómo no recordar a las señoras Olga Corna y Lucrecia Escudero, empeñadas en terminar el programa dictando clases los sábados a la mañana. Fue un lujo: fuera de la Siberia el sol reflejado en el Paraná y adentro la semiótica y el entusiasmo del análisis resplandeciendo. Qué honor haber compartido horas con todos ellos que transmitieron conocimientos, entusiasmo, sabiduría y no quejas por sus bajos sueldos.



























