En carta publicada el 23 de agosto, Ana María Gaglioti expresa su oposición a la torre de 50 pisos que un estudio de arquitectura de nuestra ciudad proyecta construir en el barrio del Abasto. Se trata, una vez más, de la costumbre rosarina de "pensar en chiquito", la misma que nos ha deparado un ambiente de inversión timorato y una eterna falta de confianza en nosotros mismos. Es el mismo espíritu que llevó a algunos a preguntarse aterrados en el 2004 "¿y Rosario da para dos shoppings?". Gaglioti afirma que no existen construcciones similares en Sudamérica, dando por sentado que otras urbes comparten la tónica minimalista que ella prescribe para Rosario. Sin embargo, en San Pablo existe desde hace 43 años la Torre Italia, con 165 metros; en Buenos Aires, las torres El Faro cuentan con 170 metros y en Santiago se construye la Torre Costanera con nada menos que 300 metros, lo cual no derivó en ningún cataclismo para paulistas, porteños ni santiaguinos. Gaglioti teme que se destruya la identidad del barrio. Pero la identidad no es un objeto inmutable, sino que es algo que se construye día a día. Los corredores art decó del Abasto son magníficos y deben preservarse, pero no hay motivo por el cual deban sobrevivir casas de los años 60 y 70 de una fealdad indecible. Respetando el decó y tirando abajo lo mediocre para dar paso a imponentes torres el Abasto dará un salto cualitativo hacia una nueva identidad, en que conjugará lo mejor de dos mundos.



























