En relación a la nota titulada "Hablar claro", del 24 de agosto pasado, escrita por Pablo Procopio y publicada por La Capital, quisiera dar algo más que una opinión, con el objetivo de "hablar claro". El hecho de que los galgos tengan como cualidad su agilidad y rapidez para andar es algo que, como mucho, debería despertar nuestra admiración. La idea de tomar cierta característica de una especie para explotarla a nuestro servicio se hace por el dominio y la opresión despiadada con la que sojuzgamos a otros seres con total impunidad, dado que no pueden defenderse por sí mismos. El hecho de que haya muchos criadores es muy sencillo de arreglar: prohíban la caza, "deporte" que destruye a los que se debería proteger. Si adueñarse de galgos para lucrar con ellos se hace hoy en forma clandestina, lo que debería hacerse es condenar esta apropiación, que no sólo los condena a ellos —pues no es posible utilizarlos sin dañarlos con más o menos sufrimiento— sino que también posibilita nuevos circuitos de desprecio por sus vidas y una mayor inversión en lo que empezará a ramificarse como negocio. ¿Hasta cuándo se va a permitir esta apropiación de los animales para lucro y diversión? Cada día hay más personas afectadas por el daño de estas actividades.





























