En los últimos años nos hemos focalizado en reclamar y recuperar legítimamente muchos derechos que constitucionalmente nos merecemos como pueblo, tales como justicia, educación, salarios dignos, que nos respeten como personas; pero parece que sobre los deberes de cada ciudadano, en pos de buscar un equilibrio en la convivencia social, no se siembra. Al respecto aparenta que a nadie le importa nada, las situaciones cotidianas como no respetar la hora y el modo de sacar los residuos a la calle para su recolección, manejar un automóvil en la vía pública esquivando bicicletas y motos que circulan a puro instinto, agravado por el uso adictivo e idiotizante del celular, la especulación abusiva de muchos hasta para comprar caramelos en un kiosco, la falta de tolerancia y solidaridad en hacer una cola para un trámite, entre tantas otras actitudes, reflejan nuestra pícara y triste hipocresía. Tal vez esta suerte de desidia universal es fruto de la ignorancia, de generaciones incomprendidas, de adultos carentes de afectos y llenos de nada. Seguramente algo se podrá sembrar para empezar una convivencia más sana para todos.



























