Cuando uno le dice a un compañero "compatriota", pone cara de asco. Como si fuera un insulto pertenecer a la misma patria. Hagan la prueba, digan como saludo "compatriota" y observen la reacción en su rostro. Después prueben de usar como saludo, "qué hacés traidor", y verán dibujarse la sonrisa en el rostro del otro. Esto es una demostración del dominio cultural que se ha producido en la sociedad argentina. Pero, las palabras patria y compatriota no fueron hechas para sostener dictaduras militares, ni para llamar al golpe. Fueron puestas en la Ley Fundamental por los que crearon una nueva Nación. Ellos soñaron con una Nación próspera, donde los que trabajan no tengan que sufrir los abusos del poder de los gobernantes. Es por eso que el elegido por el pueblo, para representarlo, jura cumplir la Constitución nacional y no traicionarla. Es un sofisma cuando los gobernantes dicen puedo hacerlo porque me votaron. Con ese argumento, se puede reducir a la gente a la esclavitud y obligarlos a hacer trabajos forzados sin ganancia alguna, porque la mayoría los votó. El artículo 29 de nuestra Ley Fundamental dice que, si el Ejecutivo dispone de bienes de los argentinos, está sujeto a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria. Cuando un gobernante traiciona la Ley Fundamental que sostiene a la comunidad organizada, no es más representante del pueblo, organizado, la soberanía vuelve al pueblo. El pueblo soberano dictó su Ley Fundamental. Esa Ley Fundamental fue traicionada. La soberanía vuelve al pueblo.



























