Era el año 1958 y con mi título de docente en la mano recién obtenido me anoté en Ilar para ser útil a niños que eran discapacitados motrices y no concurrían a la escuela. A la mañana, íbamos con el móvil de la entidad a llevarlos para tratamientos, y a la tarde asistía en sus domicilios para ayudarlos a que no perdieran sus días de clase. Todas las tardes, después ya más adulta con mis 21 años, comencé a colaborar con el teléfono de Asistencia al Niño Maltratado, en el Centro de Asistencia al Suicida. Me casé, quedé embarazada pero falleció mi nena recién nacida.Siempre ayudando, dando una mano o una palabra a quien lo necesitaba. Pero muchas veces no se recibe la devolución de un "gracias". Después falleció mi madre, padre, hermana y hermano; pero en esa época yo estaba en plena lucha con un cáncer de mama que afortunadamente pude vencer. Continué con la creación de la ONG Abuelos Sustitutos, una entidad con fines de dar amor y acompañar a niños y abuelos abandonados en geriátricos. Pero mi cuerpo comenzó a flaquear y no pude caminar más, pero quiero seguir con mi obra y para ello necesito una silla de ruedas motorizada que Iapos debe entregarme por mi discapacidad de un 100%. Ellos dan vueltas y más vueltas a pesar de tener una gran necesidad de esa silla. Necesito, dice Iapos, que el pedido de la silla lo firme un fisiatra a pesar de mi certificado de discapacidad, el pedido de dos médicos y mis ganas de no parar y seguir ayudando. Pero los fisiatras no van a domicilio y yo no puedo caminar para llegar a Ilar, donde me atenderían. A pesar de mis dolores, señores de Iapos, quiero seguir, no quiero dejar de alentar al que me necesite y tender con mi actitud un ejemplo de vida. Quiero creer que leerán mi carta y puedan revertir esa actitud que no se entiende, porque cuando llegue mi momento les prometo que mi hija se las devolverá. Ayúdenme a ayudar. Gracias.


























