Soy un convencido de que los grandes cambios en la sociedad suelen ser impulsados a fuerza de leyes y/o normas, pero que su adopción definitiva se produce por la madurez en el comportamiento de la sociedad en comunidad. Días pasados tuve la oportunidad de asistir a una de las tradicionales cenas de fin de año en un conocido salón de eventos ubicado dentro del predio de un shopping local. Con mucha pena pude observar que muchos de los asistentes al evento no titubearon en encender sus cigarrillos dentro del salón en distintos momentos del evento. Claramente se trata de gente con un nivel sociocultural que le permite discernir entre lo que es correcto y lo que no lo es, entre la transgresión y la falta de respeto, entre el individualismo y el comportamiento en sociedad. Que sabe acerca de la legislación vigente pero antepone su egoísmo al mínimo respeto al prójimo. Me resultó llamativa la falta de control en un lugar que debería encuadrar dentro de la legislación provincial y municipal vigente respecto de la prohibición de fumar en espacios cerrados. Lo que no es llamativo es la falta de control de los organismos oficiales, habida cuenta de que hace escasos días y ante un hecho de violencia en el mismo local, declaró no contar con los medios suficientes para ejercer el poder de control en la totalidad de los eventos de nuestra ciudad. Mas allá de la falta de control, lo verdaderamente triste es la falta de madurez de una parte de la sociedad que necesita de controles, multas y prohibiciones estrictas para no hacer aquello que por ley, por respeto y por sentido común no debiera hacer.
Marcelo Acero
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