El Concejo Municipal aprobó, a pedido del Ejecutivo, las nuevas disposiciones y multas en el estacionamiento en Rosario. Muchas voces se han alzado a favor y en contra: "Exageradas", "con fines exclusivamente recaudatorios" o "una norma con fines educativos". Todos ellas son atendibles. Ahora bien, imaginemos por un instante que la multa por estacionar en doble fila, en lugar de 900 pesos fuera de 10.000. No habría diferencia. Si usted estaciona correctamente la multa no existe y de su bolsillo no sale, por ese concepto, un solo peso. De igual modo, si la crítica es porque tienen un fin sólo recaudatorio, otra vez, con estacionar correctamente le "quitamos" la posibilidad a la Municipalidad de recaudar. Sin embargo, si es que fuera real, que en mi opinión no lo es, la voluntad de educar de esta norma, debería primar un principio de igualdad ante la ley. Que deliberadamente desde el Ejecutivo, ya que es quien diagrama los controles, se omite respetar. Y esa decisión de la intendencia derrumba cualquier efecto que se desee de esta norma. Sólo hay que ir a la puerta de las escuelas alrededor de las 13 o a las 17 para observar unas 50 infracciones en cada una de ellas todos los días. Sobre todo las de estacionamiento en doble fila. Al menos yo no he visto nunca allí en ese horario un inspector de Tránsito. Algunos podrán decir que son sólo 15 minutos o 10, pero es el mismo tiempo que alguien estaciona en doble fila frente a una farmacia o para hablar con un amigo o para despedirse de alguien. Exactamente los mismos. ¿Cuál será el criterio que apliquen los jueces de faltas? ¿Por qué debe pagar una persona una multa cuando eventualmente estaciona en doble fila y aquellos que diariamente cometen la infracción no son castigados? Precisamente por ser las escuelas el ámbito de la infracción debería ser el lugar donde más debería controlarse. Estacionar a 300 metros, además de respetar la ley, les dará tiempo a los padres de caminar con sus hijos y aprovechar que la consola de juegos no les impida el diálogo, decirles cuánto los quieren, recomendarles que en el salón presten atención, que se diviertan en los recreos y que respeten las normas del colegio. Una caminata de 5 minutos o el pago de un estacionamiento es el precio de respetar a los demás, que hoy deben hacer malabares si les toca la mala suerte de pasar por un colegio en esos horarios. El tiempo tiene un valor infinito. Y nadie debería robar deliberadamente el tiempo de otro. Las normas están para cumplirlas. Todos deben hacerlo. Si la norma no es aplicable para todos, no puede aplicarse. No puede alegarse el desconocimiento, por parte de la Dirección de Transito, de esta situación. Del mismo modo que los automovilistas no pueden alegar desconocimiento de la norma. De modo que, al no sancionar esas infracciones, les pido humildemente que tampoco sancionen las que yo y otros puedan cometer.



























