Leí con suma atención sus reflexiones sobre don Francisco Boglione y la generación que se va. Cómo no emocionarse con su recuerdo en calidad de vecino y demás consideraciones que usted tan bien describe. Sí se va con él una generación maravillosa, pero quedan sus descendientes, su ejemplo, su fortaleza, en una palabra su simiente y ejemplo de gran señor que partió rodeado del cariño y cuidados de los suyos y la companía de allegados. Deja un vacío muy profundo en la sociedad que será muy difícil que alguien ocupe con la hombría de bien con que él lo hiciera. Pero aquellos que fueron receptores de su generosidad y a los que ayudó a crecer tendrán la hidalguía de relatar a sus descendientes quién fue la persona que contribuyera a su actual bienestar: don Federico Boglione, tal como se le llamaba en las sociedades de bien público, donde siempre sin pedirle nada él se hacía presente con una ayuda económica que —seguramente por designio de Dios— llegaba en el momento justo y oportuno. "Borren mi teléfono de sus agendas" fue el pedido que hiciera en la presentación a la prensa de Jorge Weskamp, cuando una periodista le llamara años atrás a las 6 de la mañana para consultarlo sobre un tema bursátil de último momento. Le pidió un instante para bañarse y pensar. Es el precio de la primicia, ahora Jorge Weskamp será el encargado de madrugar a la hora de atender a la prensa (extractado del suplemento del diario La Capital del 9 de diciembre del 2005). Este comentario lo pinta de cuerpo entero. Debemos recordar que los hombres pasan por las instituciones y por la vida, pero lo importante son las obras que dejan a su paso y en don Federico Boglione se cumple lo que decía el poeta Amado Nervo: "Vida nada te debo/ vida estamos en paz". Gracias señor Vignatti por su nota de homenaje y despedida; creo que a muchos de nosotros nos desempolvó recuerdos olvidados. Gracias por activarnos la memoria.
























