No hubo luna de miel. La realidad política argentina le impuso a Cristina Kirchner sus condiciones a horas de haber pronunciado su magnífico discurso en la Asamblea Legislativa. El escándalo internacional provocado por la investigación judicial en Miami al enigmático Antonini Wilson, quien en agosto intentó ingresar de manera ilegal en la Argentina 800.000 dólares supuestamente para ayudar a la por entonces candidata presidencial del oficialismo, puso nuevamente sobre el tapete la íntima vinculación que existe entre el poder y el dinero. El financiamiento de las campañas electorales todavía sigue siendo en nuestro país un enigma tan profundo como el de los fondos reservados que maneja la Side. Por si la causa de la valija no hubiera resultado suficiente, la muerte por envenenamiento del torturador Héctor Febres hizo recordar al gobierno nacional y al pueblo argentino que el reciente pasado trágico lejos está de ser cosa juzgada. Por el contrario, el cianuro hallado en el cuerpo de ese sádico constituye un claro mensaje de impunidad. Tal como aconteció con la desaparición de Julio López, quienes ocuparon los Falcon verde durante los años de plomo intentan hacer saber a la sociedad y a su presidenta que su capacidad operativa sigue intacta. Dinero, asesinato, desaparición e impunidad. El poder al desnudo. Su lógica de hierro no tuvo contemplaciones con la primera mujer elegida presidenta por el pueblo argentino. Que se prepare.
Hernán Andrés Kruse





























