En un artículo de La Capital del pasado martes, informan todos los inventos que proponen para cuidar la vida de los taxistas. Todos ellos se probaron en Nueva York y en el resto de EEUU. Los taxistas en esa ciudad, cuando tenían índices tremendos de delincuencia —como acá—, solían trabajar como en una jaula en sus propios autos. Entre alambrados, con vidrios blindex, con apenas una bandejita que iba y venía con el dinero, etcétera. Nada dio resultado hasta que apareció el alcalde Rudolph Giuliani y terminó con la delincuencia, aplicando: ¡tolerancia cero! Yorkers, trabajadores y turistas, agradecidos. Ahora los conductores no se cubren con nada. Con ese ejemplo en nuestras narices, lo más lógico es que deben terminar con la delincuencia empleando el mismo sistema. Mientras continúen aboliendo el Código Penal todos, menos los delincuentes, seguiremos condenados a la pena capital.



























