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Domingo 25 de Junio de 2017

"La conciencia no nos hace únicos"

Considerado una autoridad mundial en el estudio de uno de los más grandes misterios científicos, este investigador italiano busca comprender la materialidad de nuestra imaginación, nuestros deseos y pensamientos, nuestra sensación de individualidad, y del yo.

A mediados del siglo XVII, algunos años antes de que una neumonía lo fulminase en Estocolmo a los 53 años, René Descartes rebanó un antiguo misterio en dos: en un acto cuyas réplicas sísmicas se sienten incluso en nuestros días, el filósofo francés declaró que la mente —que por entonces se confundía con la conciencia o el alma— y el cuerpo eran sustancias completamente distintas. El dualismo cartesiano postulaba que la conciencia era en realidad un espíritu inmaterial no sujeto a las leyes físicas, o sea, ajeno a la corrupción del cuerpo, la carne, la máquina humana.

Durante siglos, la gran mayoría de filósofos, psicólogos y religiosos comulgaron y repitieron estas ideas. Hasta que los estudios científicos del cerebro del siglo pasado las extinguieron poco a poco. "No hay ningún fantasma en la máquina", indica enfático el italiano Giulio Tononi, neurobiólogo y psiquiatra de la Universidad de Wisconsin en Madison, Estados Unidos, recientemente invitado a la Argentina por la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Lo que hay más bien son neuronas que hablan con otras neuronas a través de sustancias químicas llamadas neurotransmisores, moduladores y toda clase de complicaciones. No hay ninguna forma especial de energía ni de espíritu en nuestras cabezas".

—Usted es una de las máximas autoridades mundiales en el estudio de uno de los últimos grandes misterios científicos: la conciencia. ¿Cómo se adentró en este tema?    

— Comencé a interesarme por la conciencia cuando tenía 16 años, época en la que uno suele desvelarse pensando en las grandes preguntas tales como de dónde venimos o cuál es nuestro lugar en el universo. Por entonces, no había muchos que la estudiaran porque se asumía que era un tema que no podía ser analizado científicamente. La conciencia ha sido por siglos un tema exclusivo de filósofos. Se decía que si lo intentabas arruinarías tu carrera, algo así como una sentencia de muerte. Solo podían pensar en ella aquellos ya cerca de la jubilación. Todo cambió cuando el inglés Francis Crick y el alemán Christof Koch proclamaron en 1999 que la conciencia podía ser estudiada científicamente y elaboraron su Teoría neurobiológica de la consciencia según la cual no se pueden explicar los procesos mentales al margen de sus estructuras neuronales. Crick creía que iba a poder descifrar la conciencia así como descubrió junto a James Watson la estructura en doble hélice del ADN cincuenta años antes.

— Pero no lo consiguió...

— Todavía seguimos siendo muy ignorantes. No sabemos en qué región del cerebro se aloja la conciencia ni por qué bajo los efectos de la anestesia o en la inconsciencia las neuronas funcionan igual. El cerebro es una máquina biológica sumamente compleja con miles de millones de neuronas distribuidas en tres sectores diferentes —corteza, cerebelo y ganglios— y relaciones poco conocidas. El cerebelo tiene en menos espacio muchas más neuronas que la corteza. Eso podría llevarnos a pensar que allí reside parte de la conciencia. Pero no. Encontramos conciencia inclusive en pacientes que perdieron su cerebelo.

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— ¿Cómo se estudia entonces la conciencia?

— Buscamos identificar su soporte material: la red de neuronas que se activan en la corteza cerebral, el cerebelo y los ganglios. Lo importante del cerebro es su organización: qué está conectado con qué. Cuanto más sepamos sobre el "conectoma", es decir, sobre su conectividad, seremos capaces de reproducir lo que hace el cerebro. Podremos simularlo. Cuando sepamos realmente bien cómo funciona dejaremos de hablar de conciencia. Así como se dejó de hablar del flogisto cuando se descubrió el oxígeno.

— Mientras tanto, ¿qué es la conciencia?

— Es experiencia en primera persona, es todo lo que somos, lo que vemos, sentimos, escuchamos, pensamos. Es un conjunto de experiencias. La conciencia es lo que le da sentido a todo lo que nos rodea. Si no fuéramos conscientes, nada en nuestras vidas tendría sentido o valor. Tener conciencia es existir para uno mismo como una única entidad integrada con un largo repertorio de experiencias posibles.

—¿No hay un consenso sobre lo que es?

— También están los que dicen que la conciencia es una ilusión. Otros dicen que es un epifenómeno, es decir, un fenómeno derivado de la actividad cerebral. Algunos investigadores han propuesto que la conciencia es causada por la sincronización de las neuronas a través del cerebro. De lo único que estamos seguros es de que hay conciencia: es la única manera como conocemos el mundo exterior. Es nuestra sensación de individualidad, o del yo.

— ¿Es lo que nos diferencia de otras especies animales?

— La conciencia no nos hace únicos. Otros animales también tienen cierta clase de conciencia. Lo que nos hace especiales es nuestro tipo particular de conciencia.

— El filósofo australiano David Chalmers señala que el gran enigma es cómo el cerebro material produce experiencias subjetivas. ¿Es tan así?

—Nosotros tratamos de estudiar la conciencia desde otra perspectiva. Creamos un modelo teórico que nos muestra cómo la estructura de relaciones entre neuronas importa más que la cantidad de neuronas y cómo una mayor complejidad habilita mejores respuestas al entorno. A eso lo llamamos Teoría de la Información Integrada. Al igual que una computadora, el cerebro almacena y procesa la información. La manera en que esa información es compartida a través de la compleja red neuronal del cerebro es lo que da lugar a nuestra vívida experiencia consciente. En teoría, la conciencia también puede medirse calculando cuánta información contiene. A esta cantidad la llamamos phi y la medimos en bits. Solemos estudiar estos temas en pacientes paralizados pero conscientes. Sospechamos que la conciencia habría emergido como respuesta evolutiva a la complejidad del mundo.

—¿Cree que algún día las máquinas despierten y adquieran conciencia?

—Aunque consigan reemplazar en muchas funciones al ser humano, tendrán inteligencia artificial pero no serán capaces de tener experiencias. Serán como zombies.

—Usted dijo que comprender la naturaleza del sueño es fundamental para comprender de qué se trata la conciencia. ¿Por qué?

—El sueño profundo es el único estado natural en el que no hay conciencia y el sujeto no existe. Cada noche, cuando dormimos sin soñar, nuestra conciencia se desvanece. Y luego regresa cuando nos despertamos por la mañana. Irnos a dormir cada noche es el mejor experimento para conocer un poco más a la conciencia.

—Usted es también director del Centro de Investigación del Sueño y la Conciencia de la Universidad de Wisconsin-Madison. ¿Cuáles son sus grandes misterios?

—Su ubicuidad. Las aves, las abejas, las iguanas y las cucarachas, incluso las moscas de la fruta sueñan.

—¿Por qué es importante dormir?

— En 2011 con mi colega Chiara Cirelli dimos a conocer nuestra hipótesis de la homeostasis sináptica. Llegamos a la conclusión de que durante la vigilia, al aprender y tener nuevas experiencias, las conexiones sinápticas entre las neuronas se fortalecen. Así aumenta la necesidad de energía y satura el cerebro con nueva información. Dormir permite al cerebro recuperarse y ayuda a que se consoliden los recuerdos. El sueño contribuiría a que el cerebro siguiera formando nuevos recuerdos a lo largo de nuestra vida sin que con ello se sobresaturase o eliminase los recuerdos más antiguos.

—Es decir, ¿durante el sueño nuestro cerebro se "resetea", archiva lo importante y hace una limpieza?

—Así es. Dormir sirve para la "renormalización" de las sinapsis. El sueño es el precio que el cerebro tiene que pagar por el aprendizaje y la memoria. Mientras dormimos nuestro cerebro sigue trabajando. Las neuronas emiten casi tantos impulsos como cuando estamos conscientes. El sueño asienta en la memoria lo importante, ayudándonos a olvidar lo superfluo.

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Triunfo del materialismo

Uno de los primeros en resistir al dualismo cartesiano fue el filósofo francés Julien Offray de La Mettrie, quien en su obra de 1747 L´Homme machine (El hombre máquina) aseguraba que la mente era una máquina hecha de materia y que el pensamiento era, por ende, un proceso material. En esta disyuntiva entre lo material y lo inmaterial el filósofo estadounidense John Searle piensa que la conciencia no puede reducirse a los procesos neuronales que la causan pero que en definitiva es una característica biológica del cerebro.

Aunque siga siendo uno de los grandes misterios de la ciencia a nivel mundial, nadie duda del vínculo estrecho entre la conciencia y su estrato material, el cerebro. Lo demuestran enfermedades mentales como el Alzheimer: cuanto más progresa, más se apaga la conciencia.


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