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Del espacio participan unos veinte educadores, en un trabajo de debate e intercambio de experiencias.
Virginia Benedetto
Ser cossettiniano
Transmitir esta pedagogía a los futuros maestros es la misión que tiene la Red Cossettini con sus talleres y charlas. Como educadores, y en el registro y difusión de este hacer escuela, hablaron también de las enseñanzas y actitudes qué las siguen emocionando como el primer día.
Los recuerdos de Amanda Paccotti, docente jubilada e impulsora de la red, afloran de manera espontánea durante el encuentro. De su paso por la primaria en la Carrasco, la maestra se emociona al contar cómo le gustaba pasar de niña por la dirección y “espiar a la señorita Olga”, y su saludo amoroso cada vez que se encontraba con ella: “Sentía que me saludaba a mí”, dice. También describe a su hermana Leticia como aquellas personas que abrazaban solo con la mirada tierna. Como alguna vez dijo Leticia, el gran hallazgo fue dar al niño “la oportunidad de manifestar sus ideas y de realizar sus experiencias en una actividad disciplinada, en la cual las propias dotes del maestro desempeñaban un papel de gran importancia”. Un maestro atento desde “una presencia cálida y alerta”.
“Años más tarde, en mi experiencia como docente, muchas veces sentí que repetía cosas sin saber de dónde las sacaba, hasta que entendí que las había vivido, como el hecho de proponer a mis alumnos dibujar los mapas y no calcar, o corregir los cuadernos en lápiz”, cuenta la maestra Paccotti.
“Para quienes nos apasionamos por la educación, la vivimos y sentimos en todos sus aspectos, las hermanas Cossettini trajeron algo que sigue siendo innovador y es la posibilidad. En un momento impensado, en un contexto donde no se podían cuestionar ciertas estructuras institucionales, ellas plantearon una posibilidad que en Europa ya estaba sucediendo. Su experiencia reúne tres requisitos que en la tarea docente tienen que ser esenciales durante la primera infancia: la sensibilidad, la subjetividad y la otredad”, considera Martín Bustos, el más joven del grupo y maestro de matemática en quinto grado de la escuela.
Antes de convertirse en directora de la Carrasco, Griselda Pérez fue alumna y luego docente de la institución de la zona norte de la ciudad. La educadora menciona algunos hechos que la marcaron para siempre, como la irrupción violenta de los militares a la institución en el año 1976 o cuando clausuraron la puerta que conducía a la biblioteca, el sector donde en su tiempo vivieron las hermanas Cossettini.
También se refiere a la primera vez que una docente de música de la escuela recreó el coro de pájaros representado por alumnos y alumnas como lo hicieran las maestras Leticia y Olga. “Esto puso en juego la sensibilidad de captar los sonidos de la naturaleza, la observación y la escucha, algo que en la vorágine perdemos de vista”, observa respecto a una iniciativa que nace en el patio de la escuela pensando en aquellos chicos que tenían problemas de conducta.
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Un retrato de la señorita Olga.
Virginia Benedetto
Los comienzos
Alrededor de veinte educadores integran la red, que nació a finales de septiembre de 2002, cuando se realizó por primera vez en la Carrasco un seminario que buscaba acercar la experiencia Cossettini. Amanda recuerda la participación de Chiqui González y Déborah Kalmar entre las educadoras más destacadas. “Este encuentro sentó las bases de quienes queríamos empezar hacer algo”, reconoce Amanda como gestora y apasionada por transmitir su legado a los futuros educadores.
“Hasta que muere Olga en 1987, se habían hecho algunas cosas pero siempre de manera discontinua”. Amanda se refiere especialmente a las cajas que descubre en su habitación mientras se la velaba en la casa de calle Chiclana: “En ese momento Leticia tomó la antorcha y donó al Irice (Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación) ese material que su hermana atesoraba. Otra revelación fue la indiferencia de la escuela tras su fallecimiento, una situación que de manera espontánea empezó a movilizarnos y pensar que si no se salvaba desde afuera, el sistema no lo iba a reconocer”. También cita otro hecho que más tarde desencadenaría la iniciativa de filmar La escuela de la Señorita Olga (1991), el registro audiovisual a cargo del realizador Mario Piazza. Este documental significó afrontar el desafío de empezar a rastrear a ex alumnos y alumnas, organizar los documentos y testimonios de una escuela que ya no existía.
El archivo pedagógico Cossettini se encuentra en el Irice y es desde octubre de 2005 patrimonio del Conicet. Una colección de documentos resguarda la trayectoria docente de Olga y Leticia Cossettini en la escuela Carrasco. En menor medida, el archivo contiene documentos de la Escuela Serena de Rafaela (1930) y también de la labor pedagógica de ambas maestras con posterioridad a 1950.
La comunidad educativa empezaba a tomar conciencia de lo que había significado la experiencia Cossettini, el amor por la escuela y las enseñanzas que dejaron estas maestras sorprendía con el paso de los años. “Una de las cosas que más me emocionan es que comenzaron a aparecer maestros que no lo habían vivido en carne propia, maestros de a pie que tomaron la posta”, dice Amanda. Y se refiere especialmente a Augusto Alvaro Escobar, un maestro rural oriundo de Santa Elena, provincia de Entre Ríos, quien con pocos recursos empezó a investigar y registrar material inédito de las Cossettini y también fue una de las personas que impulsaron la red.
“Las instituciones, en general, se resisten al cambio, a la aceptación de las nuevas pautas culturales, sociales y económicas que se generan en la historia de los pueblos. Se elaboran proyectos pero luego la rutina, el temor al cambio o la inseguridad profesional, nos subordina a las tareas preestablecidas”, señalan los docentes respecto de esta experiencia que busca trascender ese momento histórico y adaptarse al contexto actual. En esta reflexión sobrevuela aquella frase de Olga Cossettini de 1945, que decía que “mientras el maestro no se modifique en su contenido sustancial de maestro y la escuela continúe viviendo al margen de la vida, seguirá siendo un organismo rezagado, inadaptado a las necesidades del mundo en marcha”.
Los maestros más jóvenes también toman la palabra. “La ausencia de deseo de parte de los niños condicionados por el contexto también se transmite a la escuela y eso nos genera cierta dificultad. El desafío está en reformular la experiencia en un contexto actual y despertar el deseo desde la ternura, la sensibilidad, el juego y la contemplación de la naturaleza”, sostiene Martín.
Marcelo Vasquez coincide con su compañero y aporta su experiencia cotidiana en las barriadas de la ciudad atravesadas por la violencia. “Ser cossettiniano es estar en el sistema y buscar esos huecos, algo que claramente hicieron los docentes de nuestra escuela durante la pandemia, cuando ante problemas de conectividad y señal pusieron en marcha un programa de radio escolar, la forma que encontramos para mantener el vínculo afectivo pedagógico con las infancias y sus familias”, remarca el docente de la Escuela Nº 1.226 de barrio Cristalería.
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Amanda, Griselda, Marcelo y el maestro Martín Bustos, miembros de la red.
Virginia Benedetto
Un museo de registros
En la planta alta de la escuela Carrasco vivieron las hermanas hasta 1950. Donde estaban los dormitorios de las maestras hoy funciona la biblioteca. En otra de las salas de la vivienda cada vez cobra más fuerza la idea de conformar un museo. “El proyecto propone recuperar el registro en imágenes y cuadros de las Cossettini. Hay mucho material que lamentablemente se sacó de la escuela porque no le daban la importancia que merecía. También buscamos que sea un espacio que tenga relación con la historia de la Carrasco”, explica la directora como impulsora de esta iniciativa.
Quienes visitan este luminoso espacio que empieza a cubrirse de fotos y recuerdos de las hermanas, o disfrutan desde el balcón terraza de la hermosa vista del barrio, seguramente imaginen esas tardes de lecturas y charlas entre hermanas. Para los jóvenes maestros que integran la red quizás sea de admiración y curiosidad. Para Amanda, de inmensa emoción al regresar a esa sala que solo recorrió una vez siendo niña.
“Hay muchos cossettinianos en Latinoamérica, docentes comprometidos y apasionados que están solos y también directores que quieren poner en práctica ciertas cosas y se encuentran con una pared”, admiten desde la red, en este desafío de seguir registrando lo que sucede en las escuelas.
La serie de episodios que la red desarrolló durante la pandemia junto a colegas latinoamericanos los puso en contacto con realidades y escenarios similares. “Se realizaban una vez por mes con maestros de Perú, Chile, Uruguay, Paraguay, Ecuador y Argentina, y nos permitió encontrarnos con búsquedas e inquietudes comunes y con un espíritu de Patria Grande, para pensarnos en esta compleja situación y establecer un diálogo honesto y fluido sobre la enseñanza”, aseguran desde la red.
A pocas cuadras de la escuela, un armario de la Biblioteca Popular Juan Bautista Alberdi (Zelaya 2089) atesora más de doscientos libros de la colección personal de las maestras Cossettini. Tres mujeres se ocupan de la investigación y conservación de ese material. Teresa Urizar, psicóloga y profesora en letras; Susana Fandiño, licenciada en museología y conservadora de museos, e Irma Montalván, profesora en letras y conservadora de museos, llevan adelante este proyecto y trabajan en el rastreo y búsqueda de los libros que constituían la biblioteca personal de las hermanas Olga y Leticia Cossettini.
“Consideramos necesario volver a reunir, ahora en forma virtual, ese legado repartido en diferentes instituciones”, dicen. El proyecto consta de tres etapas que empieza con la tarea de catalogación y diagnóstico sobre su estado de conservación, y la digitalización de aquellos ejemplares por su valor patrimonial o estado de conservación.
En la segunda etapa, planean investigar la biblioteca personal de la hermanas Cossettini deteniéndose en sus huellas particulares, marcas, subrayados y anotaciones al margen, para conocer cómo fue el camino de su formación socio cultural e intelectual. Con qué autores pensaron, estudiaron, trabajaron, escribieron y soñaron el mundo y su época. La tercera fase será para propiciar el encuentro entre este proyecto y la comunidad del barrio Alberdi.
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Amanda Paccotti, junto a la histórica Santa Rita del patio de la Carrasco.
Virginia Benedetto
Las infancias
“En estos veinte años queremos poner pie en la realidad, de lo que está pasando en la educación”, señala Paccotti. “El abandono de las infancias sucede cruelmente cuando los chicos no comen, pero también en la soledad e indiferencia de sus familias, por eso tenemos que escuchar a los chicos para crear la nueva escuela. Pospandemia hemos vuelto con el mismo esquema de la escuela anterior, y los chicos ya no son los mismos”, continúa la educadora, quien en mayo pasado recibió por parte del Concejo la declaración de Ciudadana Distinguida de Rosario, en reconocimiento de su trayectoria como docente,
Una obra colectiva
El próximo 15 de septiembre, la escuela Carrasco será sede de la presentación del libro La escuela de Olga y Leticia Cossettini, de Dora Ciappini, una recopilación de experiencias y recorridos pedagógicos que marcaron a varias generaciones de docentes. Será a las 17.30 y con entrada libre y gratuita. Más información acerca de las actividades del espacio en el Facebook de la Red Cossettini.