Con la llegada del frío es frecuente que cambien nuestros hábitos: disminuye la actividad física, aumentan las ganas de consumir comidas más abundantes y muchas veces dejamos de lado alimentos frescos como frutas y verduras. Pero, ¿realmente necesitamos alimentarnos de manera muy diferente en invierno?
"La respuesta es no. Nuestro cuerpo continúa necesitando una alimentación equilibrada durante todo el año. Sin embargo, sí podemos adaptar algunas elecciones para acompañar la estación y mantener una buena salud", dice la Lic. Laura Ferrari, integrante del Servicio de Nutrición de Grupo Gamma.
Más comidas calientes, pero igual de saludables
La especialista explica que en invierno solemos buscar preparaciones calientes que generen sensación de confort. Esto no significa comer en exceso ni elegir siempre comidas muy calóricas. Existen opciones nutritivas y reconfortantes como:
- Sopas caseras de verduras - Guisos con legumbres - Pastas acompañadas de vegetales - Infusiones sin exceso de azúcar - Avena o yogur con frutas y semillas
"El objetivo es incorporar platos que aporten energía y saciedad, sin descuidar la calidad nutricional", señala.
Frutas y verduras: aliadas también en invierno
Durante el invierno suele disminuir el consumo de frutas y verduras, ya que muchas veces se eligen comidas más calóricas o "pesadas". Sin embargo, estos alimentos siguen siendo fundamentales por su aporte de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes, nutrientes importantes para el buen funcionamiento del sistema inmune.
Una buena alternativa es incorporarlas en preparaciones calientes, como verduras al horno, salteadas, sopas o purés. También las frutas cocidas, asadas o en compotas pueden resultar opciones prácticas, nutritivas y reconfortantes para los días de frío.
Entre las opciones saludables para sumar durante esta época se destacan las verduras al horno, las sopas y purés, las legumbres, las frutas cocidas o en compotas, las frutas de estación y alimentos como las semillas y la avena, que aportan energía, fibra y nutrientes esenciales para una alimentación equilibrada.
Las bajas temperaturas disminuyen la sensación de sed, aunque el cuerpo continúa necesitando una adecuada hidratación. El agua sigue siendo la mejor opción y también pueden ayudar las infusiones, caldos o mate, evitando el exceso de azúcar", recomienda Ferrari.
Mantener una buena hidratación favorece múltiples funciones del organismo, como la regulación de la temperatura corporal, la digestión y el transporte de nutrientes. Por eso, es recomendable incorporar el hábito de beber líquidos a lo largo del día, incluso cuando no aparece la sensación de sed.
El invierno invita a permanecer más tiempo en casa y muchas veces aparecen el picoteo o el consumo frecuente de productos ultraprocesados. En este contexto, mantener horarios regulares de comida, planificar colaciones saludables y sostener cierta actividad física puede ayudar a conservar el bienestar general.
"Más que realizar una alimentación completamente 'distinta', el desafío durante el invierno es adaptar los hábitos de manera equilibrada, priorizando comidas nutritivas, variadas y acordes a nuestras necesidades", concluye.